Yo sí que sufro «calentamiento global»…

Imagen titulada “ELEKTROCUCIÓN A LA ESPAÑISTÁN”, cortesía del diseñador gráfico y artista NIN-J.A. 2020

No le miento. Lo sufro. Y creo que también usted, señor lector. Al igual que millones y millones de españoles de bien, honrados, trabajadores y decentes. Un «calentamiento» que ya está próximo a la ebullición, como erupción de volcán –con mi sincero dolor y afecto a los damnificados por tan grande tragedia en Las Palmas–. Y miedo me da, lo confieso, que este «calentamiento global», íntegro, holístico –palabra que de seguro la copiará el inepto asesor de turno del todavía más inepto Presidente del Ejecutivo del Gobierno del Reino de España, pues bien sabemos que le gustan en demasía las palabras algo “extravagantes”, que ni él conoce, pero que, como el eco, repite porque en su pobre e inútil cabeza no hay espacio sino para que reboten los sonidos, jamás los pensamientos–.

Este calor invade de tal forma mi ser que me priva el sueño –no como al desvergonzado, felón y mentiroso antecitado Presidente, que afirma una cosa en la palabra y la niega posteriormente en los actos y el discurso–, de la paz mental, de la práctica de la solidaridad y casi hasta de la cristiana caridad. Un «calentamiento» que comienza desde las yemas de mis metatarsos hasta el último cabello que todavía posee mi pobre cabeza. Y es que, hablando en plata –rogando su perdón–, ¡hasta los mismísimos estoy ya!

He pecado de «buenismo», he intentado comprender, entender, dialogar, encontrar un sentido a dislates que ya no son de tamaño “iceberg” sino “universo”, pero… ¡no más! ¡Basta ya! La caterva de ineptitud, imbecilidad, idiocia, falsedad, hipocresía y estupidez que se ha conjuntado en el ilegítimo gobierno –no me retracto en decirlo, puesto que la legitimidad se ostenta no por la legalidad in se de los actos, sino por la representación y voluntad del propietario de la soberanía, el pueblo, todos nosotros, que jamás hemos votado algo tan deleznable, aberrante y necio–, desde el mentado Presidente hasta el último de los aborregados congresistas de esa perdularia, perjura y asquerosa «coalición», donde lo único que se coaliga es la traición, el egoísmo, la ineptitud y el descaro más absoluto y temerario, liderado por corruptos probados, violentos sentenciados, fraudulentos enjuiciados y mentes con menos luces que el castillo del Conde Drácula… ¡Vaya colección!

Y es que entre las subidas injustificadas y abusivas de impuestos a todo lo que se pueda, especialmente a la electricidad –respirar aún está exento de gravamen–, la “fiscalidad de género”, el adoctrinamiento sexual a los menores, la permisividad de todos los crímenes posibles para migrantes de la edad que sean –bajo el pretexto de que “pobrecitos, son sus costumbres, hay que entenderlos”, como manifestó cierta ungulada con cargo público de cuyo nombre no quiero acordarme, o su recibimiento hasta en “barcos-patera”–, las subvenciones a quienes nadan aportan, las licitaciones “a dedo” para amigos de copas, depravación y desfalco, la “energía verde” que da bandazos entre que por lo visto no contaminan los cientos de aviones que utilizan para sus “cumbres”, pero sí los automóviles diésel de la población, o la estupidez de la «banca climática», el dislate del aumento de la plusvalía, o los 4,000 millones de euros previstos en impuestos para los Presupuestos Generales del Estado del año 2022, además de la ingente cantidad de nuevos “asesores”nanny incluida– en todos los Ministerios, o las soflamas genocidas de cierta fanática ministra, que compara a un ser humano concebido con un dolor de barriga. Solo queda exclamar, con las palabras que Salustio pone en boca de Cicerón: quo usque tandem abutere patientia nostra? ¿Hasta cuándo abusarán de nuestra paciencia?

Sin embargo, señor lector, no es en sí el «calentamiento global» personal y social el que me interesa in se, sino las consecuencias que puede traerme y traernos a todos los españoles. Algunas las estamos viendo y viviendo en la realidad: pérdida de nivel adquisitivo, reducción de libertades consagradas en las leyes nacionales e instrumentos internacionales, abuso de la legislación extraordinaria y de tramitación urgente para “sacar” leyes particulares en beneficio de muy pocos y perjuicio de muchos, etcétera. Otras, las sufriremos a futuro, en corto, medio y largo plazo –si Dios nos permite vivir para padecerlas, o si Él no nos ayuda a que este panorama cambie–, como es la indiferencia juvenil ante la política, el voto cautivo de personas que deben su subsistencia a multitud de los llamados «programas de bienestar social» –que ignoro a qué sociedad se refiere, puesto que se dan más o menos arbitrariamente a supuestos «grupos vulnerables», con preferencia hacia extranjeros antes que nacionales, al «género» antes que a la igualdad y al delincuente antes que a la víctima–, la casi impagable deuda con la Unión Europea y el FMI, y, lo más preocupante para mí: la polarización y radicalización que estamos teniendo en todos los aspectos de convivencia familiar, política y social.

Ante todo lo dicho, ¿encuentra usted extraño el «calentamiento global» que me afecta? Considero que no, porque ha de sufrirlo usted igual que yo, como le decía al inicio de estas líneas. Falta por ver si llegaremos a las mismas conclusiones: yo no aguanto más. ¿Y usted? Necesitamos políticos decentes, honestos y entregados al servicio público, no a “servirse del pueblo”. Necesitamos un cambio urgente de «hoja de ruta» –estupidez que ya repiten todos los partidos políticos, como si se tratase de planear vacaciones del INSERSO o un vuelo low cost, que de “bajo” no tiene nada–, pero en un sentido diametralmente opuesto, de 180 grados, un auténtico giro copernicano. Un giro que no será posible si no adquirimos, creamos y difundimos conciencia de la enormidad –por no decir “brutalidad”– de los abusos padecidos y por padecer. ¡Pobre España, pobres españoles, pobre Mundo! Misereatur nostri…, aunque quizá no la merezcamos, pero ruego al Todopoderoso una nueva oportunidad para, con palabras del Hidalgo de la Mancha, “desfacer entuertos”. Unámonos en ello, y ayudemos a políticos serios, sensatos, luchadores, ¡leones auténticos en la defensa de la Patria!, a que sea una realidad el tan anhelado y necesario cambio de dirección de España.

@CondestableDe

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