«¿Yo cómo actúo?»

Laya ha incumplido la ley, ha mentido al juez y se ha agarrado a una decisión sin validez del Consejo de ministros. Además de imputada ha regateado el talego.

La exministra, González Laya, se ha reído en la cara del juez y le ha tomado por el pito de un sereno o de dos. Lo ha hecho en su propia casa; es decir, en sede judicial. Curioso personaje que no supo entender su cometido como ministra y a quien el presidente acabó poniendo a los pies de los caballos en el tema de Brahim Ghali. Alguien debería explicar a esta ministra fullera que su deber es protegernos y no engañarnos ni exponernos a todos los peligros.

Al haberse negado la exministra a declarar ante el juez, Rafael Lasala, nos da pie a que podamos pensar cuanto nos plazca; de ahí que algunos pensemos que la camuflada autorización para que Brahim Ghali entrara en España era una simple estratagema para dar una lección al rey marroquí, pero le salió rana a nuestro Gobierno y también le ha costado dinero. El Gobierno español quiso dar un escarmiento a Mohamed VI, por cuestiones que ahora no tocan, y las cañas se le volvieron lanzas.

No quiero ni imaginar qué hubiera sucedido con la «derechita cobarde» en el Gobierno: decenas de miles de muertos; caso Delcy y ramificaciones; estratosférica subida de la luz por torpeza e incompetencia del nefasto Gobierno; cese abusivo a De los Cobos; cartas programadas con bala; negocios oscuros de Ábalos y Zapatero; mentiras reiteradas del presidente; destrozo del mal llamado «escudo social»; huida cierre del Parlamento en pandemia; aumento del paro hasta los cuatro millones largos; inestabilidad con los ERTE; destrozo de la PAC española; cambios normativos y dañinos aprovechando los confinamientos…

Gobernando la acomplejada «derechita» del PP habría que haber visto el odio propio de la izquierda en algaradas, enfrentamientos callejeros, destrozo de inmobiliario, lanzamiento de bordillos, peligrosas acciones incendiarias… ¿Cómo estaría el Congreso de insultos y agresiones dialécticas o de otro tipo? Donde comunistas y socialistas jamás dan explicaciones por ese complejo de inferioridad moral, las estarían pidiendo a gritos hasta por usar manga corta en noviembre. Esto es lo que tenemos en la España actual; de ahí que, ante los próximos comicios generales, haya que explicar y aclarar que de ellas debe salir gente responsable que elija a un presidente, y no al tonto del pueblo.

La izquierda sigue anclada en sus complejos y pretende canjearlos por superioridad moral mediante un mecanismo de compensación que siempre le queda grande. Aún creen estar por encima del bien y del mal; de ahí que se crea con el derecho a no dar explicaciones, así como exigir su erróneo derecho a dar lecciones de ética y democracia a los demás. Éste es el momento de acabar con abusos, corruptelas, agresiones a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, insultos a los jueces y abusos de la despreciable fiscalía general del Estado, o establo.  Hay que acabar ya con la soberbia, chulería e impunidad de la izquierda atrabiliaria. Esta gente se ampara y se tapa una chapuza tras otra: carece de principios firmes para liderar la salida de esta crisis.

España ha entrado en una dinámica ruinosa. Todo extranjero se pasea por nuestra Sanidad como Marlasca por su casa; no falta más que regalarlos una bicicleta estática a costa del Estado. Eso de vivir de gorra parece que gusta. Brahim Ghali no ha sido más que un muñeco autorizado por la cúpula de Exterior y por el propio presidente. Hay quien piensa que fue un arma arrojadiza contra Mohamed VI.

La señora González Laya, con sus silencios y sus reparos, ya nos ha dicho lo que queríamos saber, al igual que al juez. No entiendo eso de la reprimenda: Laya ha incumplido la ley, ha mentido al juez y se ha agarrado a una decisión sin validez del Consejo de ministros. Por lo tanto, debería estar ya en el talego, al igual que el otro ministro y el mentiroso de su jefe, el «Doctor Cum fraude».

El Gobierno aplica la ley a su antojo. Veremos cómo lo recibe cuando esté en la oposición y le hagan la peineta, que es lo que merece. El líder del Polisario entró sin control para así dañar la política marroquí, con premeditación, alevosía y mala fe. La ministra se puso nerviosa ante el juez Lasala: sabía que mentía y que no podía acogerse al amparo del acuerdo de Consejo de ministros, de 15 de octubre de 2010, sobre política de seguridad de la información del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Más que una estrategia fue una estratagema a la que se opuso el juez desde el primer momento. La propia Laya reconoció que «no se hizo ninguna verificación del pasaporte» Eso sí, muy cortés y comedido el juez –Rafael Lasala—manifestó que: «Si esas son las reglas del juego, ¿yo cómo actúo?». Si ella no se explica ni coopera, debería cargar con el mochuelo y punto. El muerto para ella. Si alguien piensa que Pedro Sánchez no sabía nada o que se enteró por la prensa…

Por cierto, Santiago Pedraz no debió de ver nada sobre las presuntas violaciones de los Derechos Humanos. Pura ignorancia o mala fe. Quien fracasó en su intento de ser juez estrella hace unos años, volvió a estrellarse ahora con fuerza. Ni siquiera dictó medidas cautelares contra el líder del Frente Polisario. ¿También actuó premeditadamente para dañar a Mohamed VI? ¿Actuó por presión presidencial? Si González Laya no habla, antes o después saldrán hasta cadáveres, aunque no existan.

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