Vladimir Putin lanza un desafío al consenso de Davos

El Presidente de Rusia Vladimir Putin se reunió el pasado miércoles por vía telemática con los representantes del Foro Económico Mundial desde el Kremlin. Hacía más de diez años que el estadista ruso no intervenía de forma directa en la conferencia anual de este grupo.

La reunión de este año no dejó indiferente a nadie, puesto que, más allá de las palabras de compromiso vacías que acostumbran a usar nuestros dirigentes en este tipo de encuentros, abordó las principales problemáticas a las que se enfrenta la humanidad y advirtió contra el peligro de un futuro distópico marcado por las guerras, la estratificación social, la desaparición de las identidades nacionales y de civilizaciones enteras y el creciente control de las tecnológicas sobre la humanidad y los estados-nación.

A diferencia de Klaus Schwab, que ve en la pandemia una oportunidad para avanzar en la Cuarta Revolución Industrial, caracterizada por la robotización, automatización y la inteligencia artificial, Putin señaló los peligros que entrañan estos cambios para la estabilidad de las sociedades, la clase media y la población más desfavorecida.

El mandatario ruso insistió en la inadmisibilidad de ir hacia un futuro donde sólo pueda prosperar un millón de personas o, como máximo, el 5% de la población mundial.

Vladimir Putin discutió con Klaus Schwab el peligro de dirigirse hacia un caos mundial creciente coincidente con la pérdida de hegemonía de Estados Unidos.

Constató el surgimiento de un mundo multipolar donde Rusia quiere jugar un rol de liderazgo junto con China, los USA, la UE y la India y llamó a evitar la guerra de todos contra todos y la destrucción del orden internacional.

Por otro lado, hizo especial hincapié en el riesgo de que la crisis demográfica y de valores en Occidente y Rusia provoque la desaparición de naciones y civilizaciones enteras. Se mostró partidario de apostar por la preservación de las naciones soberanas, la diversidad cultural real y los valores tradicionales.

También expuso su apuesta por la reindustrialización de Rusia, la inversión en la economía real, garantizar pleno empleo y consolidar una educación de calidad, sanidad eficiente y pensiones dignas. Mostró su preocupación por el crecimiento de burbujas especulativas y lanzó una llamada internacional a los países que quieran unirse a Rusia para colaborar en la elaboración de un nuevo orden mundial.

Finalmente, tendió la mano a la Unión Europea para colaborar a nivel económico y tecnológico, y dejar de lado la política de sanciones.

Como colofón, Putin pidió frenar las prácticas monopolísticas de las tecnológicas, que definió como un desafío a la libertad y a la soberanía de las naciones y las personas.

A nadie se le escapa que el discurso de Putin, educado en las formas, pero duro en el fondo, no sólo no se corresponde con la visión del futuro que se defiende desde las filas del Foro de Davos sino que, además, apuesta veladamente por una alianza de aquellos países que quieren un reforzamiento de la soberanía nacional, la preservación de los valores tradicionales, la distribución del empleo, la defensa de la propiedad, la justicia social y la industria.

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