VIOGEN: La Ley inconstitucional que en vez de justicia, genera odio y violencia

He querido dejar pasar unos días para que se me asentara el estómago y se apaciguara mi mente, para ser lo más aséptico en este artículo de opinión acerca de la VIOLENCIA EN EL DOMICILIO, más concretamente después del terrible asesinato de las dos niñas en la costa de Tenerife por su padre. Toda la gente de buena voluntad nos hemos encontrado la peor noticia que un ser humano en estas circunstancias podamos tener, la aparición de una de las niñas desaparecidas de Mallorca, de las dos que su padre se había llevado contra su voluntad para, al parecer, asesinarlas.

O la niña con tan solo 4 años asesinada por su madre. Los hechos ocurrieron en la localidad catalana de Sant Joan Despí, pero a diferencia del terrible crimen de Tenerife, el asesinato de esta niña, apenas despertó el interés de los medios. Esta es la doble vara de medir de esos medios abyectos y subvencionados.

Son cómplices de la desinformación, de ocultar las noticias a los ciudadanos, tergiversarlas o politizarlas. Estos son unos filicidas, unos monstruos que merecerían el mayor castigo posible, lo que no existe en nuestra legislación: cadena perpetua. Si, si, perpetua y nada de esas sandeces de revisable.

Lo primero, por favor, no llamemos padre o madre a estos monstruos. Este es el nombre correcto a la hora de adjetivar a todos aquellos que, de una u otra forma, ejercen la violencia hasta la muerte, a los que hace nada formaban parte de su familia, de su progenie, o parentesco en uno u otro grado; MONSTRUOS. Es terrible contemplar en su magnitud lo que un ser humano es capaz de hacer con otros seres humanos, siendo mucho más abominable cuanto se trata de niños de corta edad. Nada tiene que ver con esa supuesta «violencia de género», como si la violencia fuera un ente al cual se le pudiera aplicar adjetivos como el género: la violencia no tiene género, ni condición, ni razón, ni color de piel, ni edad, ni nacionalidad, ni ninguna otra característica del ser humano.

DESDE EL PRINCIPIO DE LOS TIEMPOS

La violencia existe desde que el hombre es hombre, incluso, desde un punto de vista filosófico. Tomamos como definición de violencia la interpretación magistral que nos dejó en los escritos de Santo Tomas de Aquino, (1224/1225-Abadia de Fossanova, Italia, 7 de marzo de 1274) el gran filósofo, teólogo, pensador y eminente fraile de la Orden de los Predicadores, nos dejó una extensa bibliografía, pensamientos filosóficos y escritos, en este caso hago mención a uno en concreto donde Santo Tomas reflexiona filosóficamente sobre la violencia en un triple sentido:

El primero. -“Se llama violento aquello cuyo principio está afuera no cooperando nada el que padece la fuerza”.

El segundo. –“Se dice violento aquello que es contrario a la naturaleza de una cosa, entendida la naturaleza como tendencia o inclinación a obrar de determinado modo y en vista de un determinado fin”.

Y el tercero. -«La violencia se opone directamente a lo voluntario como, también a lo natural; pues es común a lo voluntario y lo natural que uno y otro proceden de un principio intrínseco y lo violento de uno extrínseco. Y por esto, así como en las cosas que carecen de conocimiento, la violencia es contraria a la naturaleza, así también en los seres capaces de conocimiento la violencia es contraria a la voluntad”.

Jamás en ninguno de los escritos oficiales, ni tan siquiera en los apócrifos de las obras escritas por los antiguos filósofos, historiadores, lingüistas, humanistas, pensadores, filólogos, inventores, intelectuales o cualesquiera de la cultura milenaria, vimos ninguna referencia a estereotipos de violencia como la impuesta ahora por el feminismo radical, también llamado “feminazismo”, estereotipo sobre la mujer que adopta el diablo del comunismo sobre la violencia de genero. Porque resulta tan ridículo adjudicar una reacción espontánea o planificada de un ser humano al género (por mucho asco y repulsa que nos produzca), como es un acto de violencia, que solo pensarlo sería abominable y espantoso.

Sería como decir que todos los asesinos en serie son mujeres, gays, ancianos, japoneses, alemanes o chinos, o por la raza en el caso de ser negro, porque ha habido casos de tremenda violencia y asesinatos, donde los autores han sido mujeres, gays, ancianos, japones, alemanes, chinos, o de raza negra. Si además de eso, un gobierno sin escrúpulos decide un día acabar con la igualdad entre españoles, o más concretamente, acabar con la presunción de inocencia aprobando una ley, L.I.V.G., que pulverizó la Constitución, creando una sima enorme entre los dos únicos géneros existentes en la humanidad, hombre y mujer (que nada tiene que ver con la orientación sexual, pues cada uno puede sentirse atraído por un hombre o una mujer, o como cada uno sienta su cuerpo y el libre albedrio. Hay mujeres que se sienten hombres y hombres que se sienten mujeres, pero están dentro de los dos mismos géneros, el hombre y la mujer, no hay más, por mucho que se empeñe la extrema izquierda). Todo esto entra dentro de la libertad que nos dimos, pero que unos respetamos y otros la pisotean, menosprecian, vituperan o entierran.

Pero mientras no se revierta la Viogen, los derechos de la mitad de la población estarán comprometidos y el hombre estará considerado jurídicamente, y en derechos, inferior a la mujer y por lo tanto mermado en la convivencia diaria entre las parejas de hombres y mujeres, porque un gobierno ha legislado para imponer una ley que castiga a “asesinos de género en serie”, criminalizando a los hombres desde la cuna.

A todos los hombres, porque falsariamente nos dicen que los hombres asesinan a las mujeres por el hecho de serlo y no por la circunstancia ocasional de, ser pareja del agresor, hombre o mujer, pequeño pero importantísimo matiz que siempre es obviado por intereses espurios. No solo en esta cuestión de la Viogen, sino que la paranoia patológica llega a extremos de acusar a los hombres de violadores, pues según “ellas” lo llevamos en nuestra naturaleza.

Se mata por odio acumulado, se mata por venganzas, se mata por cuestiones psicológicas adversas, se mata por mil razones, pero ninguna de ellas contempla la del hecho de ser simplemente mujer.

Cualquier psicólogo o psiquiatra que analizase cualquier tipo de violencia conyugal llegaría a la conclusión que cuando se pierde el equilibrio legal que determina que todos somos iguales ante la ley, como ocurre en la inconstitucional L.I.V.G., se rompe la convivencia ya que posiciona a la mitad de la raza humana supeditada a la otra parte. Es simple statu quo.

Además, agravado con una apisonadora social que determina totalitariamente que la mujer, por el simple hecho de su sexo es superior al hombre, porque recurren a que en un pasado cercano el hombre era el que dominaba a la mujer, el famoso machismo o heteropatriarcado que, por supuesto lo hubo “In illo tempore” (no tanto como nos quieren hacer ver), como también lo hubo por la otra parte, un feminismo radical y autoritario.

Pero la violencia nada tiene que ver con el sexo, menos con el género, sino que es consustancial al ser humano.

Lo que no se puede hacer es generalizar sobre la violencia. La propia violencia es propia del ser humano, desde el principio de los tiempos, desde que el hombre está en la tierra, la violencia siempre estuvo con el hombre. Pero querer imbuir una ley con connotaciones políticas o sectarias es un gravísimo error. Es ideologizar la ley y ponerla al servicio de unos ideales concretos, en este caso, todos sabemos quien ideologiza la ley, son los mismos de siempre, los regímenes comunistas, que a eso vamos.

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