VIOGEN: La Ley inconstitucional que en vez de justicia, genera odio y violencia | Parte II

No eran feministas, eran la sabiduría, eran nuestras madres y abuelas

En España, tanto en los pueblos como en las ciudades, eran las mujeres, las madres y las abuelas las que llevaban el peso de la casa, la economía (las cuentas), las compras, las decisiones importantes eran casi siempre las madres. Yo lo he vivido en mi casa, a Dios gracias. Mi padre hubiera sido incapaz de ponerse a las espaldas todo el peso y la responsabilidad que conlleva administrar, educar y tomar las decisiones más importantes. Sin embargo, mi madre lo asumió, y antes que ella, su madre, mi añorada abuela y así hasta donde se pierde mi memoria. Que no les engañen con eso del heteropatriarcado, pues en España siempre fue un amable, valiente, considerado e intelectual matriarcado.

El resultado de la LIVG después de años desde su imposición

Conforme los gobiernos vayan endureciendo las leyes contra los hombres por una supuesta violencia contra la mujer, según ellos, por el hecho de ser mujer y no por ser la pareja de, y no contra la violencia en general, o la violencia intra familiar, o lo que se denominaba antes, violencia conyugal o domiciliaria, cada vez iremos viendo casos terribles de deshumanización entre los afectos entre hombres y mujeres, pues la L.I.V.G. ataca a los derechos fundamentales del hombre. Pone a disposición de aquellas mujeres con odios y venganzas acumuladas, para aprovechar esa ley para ejercer la venganza contra quien no le ha proporcionado la felicidad pretendida y un día soñada cuando creyó haberse enamorado de ese hombre o viceversa.

Por el contrario, cuando se acaba lo que un día hubo, amor o enamoramiento, empieza el resentimiento, comienza en muchas de ellas la planificación de la venganza, que teniendo la ley de su parte, además de un ejército de asesores, charlatanes y agoreros, muy bien subvencionados con ingentes cantidades de dinero para las también ingentes asociaciones pro-separaciones y pro-divorcios que se atiborran de dinero público en el organigrama que rodea a todo el conglomerado de la L.I.V.G., preparan bien la estrategia del divorcio o la separación.

Para ello, la primera fase será la de desprestigiar al hombre (en este caso la ley lo pone muy fácil), para lo cual es denunciar por malos tratos. Como los malos tratos físicos tienen que ser visibles y detectables por un forense, por supuesto, de no haberse producido, como en la inmensa mayoría de los casos, habría que pasar a los maltratos psíquicos. Y aquí es donde la mujer vengativa, que ya tiene la estrategia establecida por sus asesores, que han estado susurrándole al oído, donde además hay todo un conglomerado y ONGs subvencionadas millonarias que cobran del negocio de la Viogen, es donde se explaya, interpreta y por supuesto, falsea todo lo que puede su interpretación: «yo sí te creo«.

Esta coletilla tan eficaz en los medios de comunicación, siempre es determinante para inclinar la balanza hacia la «pobre» mujer «maltratada«. Ya ha conseguido la primera fase, la demonización del hombre. Todo lo demás, queda a un segundo plano, las pruebas, si las hubiere, los testigos a favor del hombre, ya veremos, las presuntas denuncias falsas, ya veremos, por supuesto los derechos del hombre, olvídense.

Les dejo unas preguntas-reflexiones:

¿cómo es posible que tantos juristas, abogados, especialistas, catedráticos de derecho de todas las materias educativas, humanistas, filósofos, intelectuales y, ante todo, políticos de partidos de derechas, como el PP y CS, exceptuando a Vox, hayan permitido y sigan permitiendo esta abominación del derecho Constitucional dejando al hombre a los “pies de los caballos” de la ley?

¿Dónde están los derechos humanos de los hombres, de la inmensa mayoría que son decentes y buenas personas, que son acusados injustamente?

¿Dónde están los derechos humanos de los que incluso, siendo presuntamente culpables (una minoría) de maltrato, por muy repulsivos que sean, dónde están?

¿Dónde están los derechos humanos, los jurídicos y los Constitucionales de los hombres gays que son maltratados por sus parejas hombres, o el de aquellas mujeres lesbianas que son maltratadas por sus parejas mujeres, o la de los abuelos por sus nietos o hijos etc.?

¿O es que los hombres, buenos y malos, no tenemos derecho a la presunción de inocencia o a tener derechos humanos?

Hoy el feminismo radical está instalado en el poder y es enemigo acérrimo de los hombres, de todos los hombres. Y manifiesta abiertamente su deseo de animadversión e intolerancia contra él (no me atrevo a decir sobre su exterminación, aunque a muchas de esta calaña, les gustaría) y todo lo que representa según “ellas”.

Le ha declarado la «guerra» por tierra mar y aire y no pararán hasta criminalizarnos, perseguirnos o estigmatizarnos hasta convertirnos en guiñapos.

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