Reportaje. Venecia se salva de ser inundada: el dique Moisés frena la marea alta

Han sido 10 años de arduos y complejos trabajos en los que no han faltado problemas, contratiempos y casos de desfalco, pero finalmente y después 7.000 millones de euros invertidos, el sistema Moses o dique móvil Moisés ha sido construido y puesto en funcionamiento.

Como muchos sabrán a estas alturas, la hermosa Venecia, una descomunal obra maestra de arte, arquitectura e ingenio humanos, corre varios peligros que ponen en riesgo no solo el buen estado de sus edificios sino su propia existencia.

La subida del nivel del mar; las cada vez más frecuentes inundaciones; las olas de agua salada que los grandes cruceros que navegan cerca de la ciudad impulsan contra las vetustas calles de la urbe; el negativo efecto del agua salada en las paredes inferiores de los edificios; o el hundimiento de la ciudad en la laguna debido a la cantidad de aguas y arenas subterráneas salvajemente extraídas del subsuelo durante el siglo XX, son las principales amenazas a las que debe hacer frente esta joya adriática/mediterránea.

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Para combatir el caso de las gravísimas inundaciones producidas en época de lluvias, que tanto daño hicieron el pasado 2019 y que cada vez tienen lugar con mayor frecuencia, la provincia de Veneto (de la que Venecia es capital), así como el estado italiano en su conjunto, llevan muchos años diseñando el costoso sistema Moses; llamado así en referencia al Moisés del Antiguo Testamento, cuyo significado etimológico en arameo no es otro que «salvado de las aguas».

Lo cierto es que, paradójicamente, las mismas aguas de la laguna que salvaron a los ancestros de la urbe del pillaje de las hordas de bárbaros que asolaban un imperio romano ya en desintegración (ese fue el proceso que originó la ciudad), son las que ahora pueden acabar con un legado urbano de tantos siglos, que ha alumbrado a una de las ciudades más importantes y bellas de la Historia Europea.

Venecia se encuentra situada en una gran laguna o marisma de aguas salobres y poco profundas y, actualmente, con 3 estrechas salidas al mar. Salidas que son las únicas puertas de entrada y salida marítima a la laguna y en las que, invirtiendo lo suficiente, es viable construir distintos sistemas de contención o aislamiento de las aguas que eviten el traspaso directo desde el Mar Adriático a la laguna veneciana.

La puerta más importante para el caso que nos ocupa es la norte o Porto di Lido.

Moses se basa en un sistema de anchos muros-bloques móviles de metal que son al mismo tiempo compuertas. Estos bloques o tramos de muro están huecos por dentro y tienen compuertas que permiten a cada pieza móvil absorber o expulsar agua.

Cuando las 78 piezas (cada una de 60 metros de largo y casi 300 toneladas de peso), que juntas componen el dique, abren sus compuertas y se llenan de agua por orden del centro de control, se hunden, por su propio peso y densidad, en el fondo de la laguna.

Cuando llega el temporal, las piezas del dique móvil se vacían de agua por dentro y se llenan de aire. La ley de Arquímedes les obliga a elevarse, cortando el flujo de agua entre la laguna y el Mar Adriático. De esta forma, su parte superior queda varios metros por encima del nivel del mar.

En la práctica, esto impide una subida súbita del nivel de las aguas en Venecia por mareas, oleajes y demás fenómenos naturales capaces de perturbar y poner en riesgo el frágil ecosistema veneciano.

Al impedirse el traspaso de agua marina desde el Adriático, las aguas de la laguna veneciana permanecen estables, a su altura habitual y bastante tranquilas incluso durante los peores temporales.

Afortunadamente y en contra de los peores vaticinios, de momento, el sistema Moses está resultando efectivo; algo que muchos italianos no terminaban de tener claro que fuera a ocurrir.

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