Vecinos de Zaragoza estallan contra los okupas. Reportero es amenazado y casi vomita debido al hedor de una vivienda

Los vecinos del barrio de «El Gancho», en Zaragoza capital no pueden más con sus «vecinos» okupas. La situación es límite.

Desde hace varios años, grupos de vagabundos, desahuciados y, seamos claros, no pocos maleantes, viven ilegalmente en una serie de viviendas del humilde barrio de El Gancho. Se calcula en hasta 100 el número de pisos okupados.

Además de la okupación, delito bastante grave, al menos en un país normal, muchos de estos individuos se dedican a robar a otra gente del barrio, ya que trabajar no es una opción contemplada por el colectivo.

Las fiestas ilegales y los crímenes se han convertido en el pan de cada día para los vecinos de El Gancho.

Al parecer, hay 5 puntos calientes en el barrio, uno de ellos con hasta 10 viviendas okupadas.

Por si esto fuera poco, la higiene en muchos de estos edificios es prácticamente nula, hasta el punto de que el olor puede llegar a resultar insoportable para una persona normal.

Si bien este no es el único barrio de Zaragoza que ha degenerado socialmente en ese sentido, podemos afirmar que, El Gancho, ha caído verdaderamente en desgracia, convirtiéndose en uno de los más peligrosos e inviables de cara a poder vivir una vida tranquila en él.

Los vecinos exigen una rehabilitación del barrio, pero a estas alturas y después de años de pasividad de las autoridades y ayuntamientos, se torna una tarea harto complicada.

Vecinos relatan su pesadilla frente a las cámaras de TV.

Un equipo de AR, de Mediaset, se ha desplazado hasta el lugar de los hechos para relatar de primera mano el estado de degradación al que está llegando El Gancho.

Según una vecina, vivir en El Gancho es vivir con miedo. La policía no hace nada o actúa tarde y de forma ineficiente. Las normas cívicas y de convivencia más básicas no rigen ya en este depauperado barrio zaragozano.

La señora Pilar comenta que, a partir de las 18.00 horas, no se puede salir a la calle. Los tirones de bolsos, empujones y robos de diversa índole son muy habituales. Muchos vecinos tienen brazos o piernas rotas como consecuencia.

Por lo visto, la policía suele hacer detenciones con frecuencia, pero a las pocas horas el sistema suelta a los criminales por tratarse de delitos menores.

Algunos de los vecinos que se acercan a comentar la situación advierten de que ya no aguantan más y, ante la falta de respuesta de los políticos, empiezan a plantearse la posibilidad tomarse la justicia por su mano.

Un reportero comprueba el calamitoso estado de las viviendas okupadas de primera mano.

Uno de los reporteros del programa se ha atrevido a adentrarse en una de las viviendas okupadas, cuyos moradores, accedieron a enseñar a los televidentes cuáles son sus condiciones de vida.

La vivienda en cuestión se encuentra en unas condiciones infrahumanas.

No hay luz, no hay calefacción, los picaportes y cerraduras de las puertas se encuentran reventados, las paredes están quemadas debido a un incendio en el piso de arriba, todo está lleno de humedades y hay tal cantidad de suciedad repartida por todos los rincones, que el hedor es insoportable.

El propio reportero ha estado a punto de vomitar durante la breve inspección. El olor ha debido ser tan insoportable, que el joven tenía problemas para respirar correctamente.

Además, el equipo de reporteros ha sufrido amenazas.

Si bien la pasividad de los ayuntamientos y gobiernos españoles ante el problema de la okupación es generalizado, en barrios marginales como El Gancho, parece haberse llegado a un punto de no retorno o de muy difícil solución.

Por si esto fuera poco, formaciones minoritarias como el PCE, los colectivos okupas y asociaciones de ultraizquierda, condenan las intervenciones policiales en el barrio.

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