Una sociedad infectada de socialismo

“Eso aquí no puede pasar. España no es Venezuela…”. Repetidas necedades de quienes, fruto de la autoceguera impuesta, se niegan a aceptar la realidad de la enfermedad que padece España. ¿Cuál? El Socialismo.

Lo que con gran acierto han llamado en Venezuela “La peste del siglo XXI”

Hablamos de una lacra que silente se ha apoderado de los sectores clave de la sociedad, con la connivencia del Partido Popular, para utilizarlos como medio de propalación de sus letales dogmas, mientras esconden sus verdaderas intenciones. Sus efectos se sufren en Cuba, Venezuela, Nicaragua y resto de naciones hermanas que perecen o ya han muerto por causa del socialismo.

Hemos visto a millones de personas jugarse la vida para evitar perderla por culpa del socialismo. No he visto a nadie arriesgarla para entrar en un régimen rojo. Ni una sola persona. ¿Qué necesitamos para abrir los ojos?

Estimado lector, estoy radicalmente en contra del socialismo porque amo la libertad. Así fácil. Porque lo que nos venden como progreso es el mayor retroceso posible. Porque su presencia es un dique contra el avance de la sociedad hacia un futuro mejor, y lo único que sí progresará será la destrucción social, el paro, la miseria, el hambre y el caos. Porque estos males avanzarán con la misma velocidad que progresarán sus bolsillos los líderes zurdos, que pasarán a ser millonarios mientras sus conciudadanos fenecen de inanición.

Mirad el progresismo experimentado por Sánchez, Monedero, Iglesias, Montero, Echenique, etc. Llegaron pobres y hoy son millonarios. ¿Dónde vivían? ¿Dónde viven? Socialismo… Votante rojo, ¿tú cuánto has progresado?

La izquierda solo hace bien el mal. Nada más

¿Cómo es posible que algo letal para la democracia y la vida tenga tan buena prensa? ¿Por qué ocurre esto? Vamos a intentar explicar las claves de su “éxito”, que es nuestro fracaso. Ten presente que la propaganda roja es el mayor arma de destrucción masiva creada. Son genios del agitprop que han llevado a cabo una colosal obra de ingeniería social nunca antes conocida.

Cuando alguien dice “eso aquí no puede pasar” está infravalorando la capacidad del socialismo. Afirmar eso es no tener ni idea de a qué enemigo se enfrenta. Todos los países que pensaron así, se equivocaron, y hoy son la sombra de lo que fueron. Hoy son esclavos de la peste roja. Solo una intervención militar podrá liberarlos. Nada más.

El mal -socialismo- no descansa y ha perfeccionado una estrategia distinta de la que siempre exhibió, descartando la utilización de la fuerza para llegar al poder. Saben que la violencia choca con sus ideales de buenismo estúpido. Eso sí, una vez que lo han alcanzado se convierte en su principal arma de control. Tienen claro que para mantenerse en el Gobierno precisan de la violencia y la fuerza, y usarán toda la que estimen necesaria. No tienen límites para seguir detentando el poder. Ninguno.

Haciendo un uso espurio de las herramientas democráticas, violan las instituciones más sagradas y las ponen al servicio de su causa: el mal. Luego prostituyen el sistema legal, empezando por la Constitución, que si no logran derogar, lo harán de facto a base de leyes habilitantes, como paso previo a prostituir la sociedad. Atacan y persiguen a la autoridad judicial, policial, cultural, educativa, moral y religiosa. ¿Cómo? Con la citada propaganda. El control de los medios es un factor clave en sus malévolos intereses. Es su casus belli. Así conseguirán imponer cómo debes hablar, pensar y actuar. Con ello, te están marcando el camino de la obediencia debida. Sin darte cuenta estarás asumiendo que tu obligación es someterte. Acatar. Callar. Obedecer.

No dudan en demonizar el esfuerzo, la dedicación, la capacidad, el mérito y lo sustituyen por el nepotismo, la molicie, el relativismo moral y la dejadez más absoluta, que indefectiblemente nos llevará al fracaso como país. Eso sí, culparán de todo a los ricos, favoreciendo la no lucha y sí guerra de clases. Con gran maestría exhibirán y promoverán el rencor, el resentimiento y el odio para enfrentarnos. Este es su mayor éxito.

Para ellos la paz social no es una opción, es el enemigo a abatir. Necesitan la excepcionalidad. Por eso enfrentan a homosexuales contra heteros, hijos contra padres, mujeres contra hombres, negros contra blancos, inmigrantes contra población autóctona o trabajadores contra empresarios, borrando de un plumazo cualquier atisbo de pacífica convivencia.

Por el camino arrasan el país destruyendo su tejido empresarial y productivo, cercenando los derechos individuales, el libre mercado y la propiedad privada con el apoyo explícito a los okupas y otros delincuentes. Abonando un terreno donde la inseguridad jurídica sea el eje motor de sus anacrónicas políticas. Llegados a este punto verás cuán equivocados estaban quiénes decían: “eso aquí no puede pasar”. Lo que ocurrirá es que ya será tarde. Ya solo nos quedará arriesgar la vida para huir de una muerte segura.

La experiencia nos enseña que el problema no es el líder, sino la patología política: el socialismo

El gran error de nuestra nación y civilización ha sido dar pátina de demócrata al producto creado por el origen del mal: Karl Marx.

El patrón o unidad en la que se mide la izquierda tiene su epicentro en el barbudo psicópata alemán, cuya tesis es la enfermedad que inspiró las mayores catástrofes padecidas por la humanidad. De su mano ideológica la izquierda ha fingido casarse con la democracia sin amarla ni desearla, pero con la espuria intención de matarla. Solo es el obligado camino a recorrer para imponer su dictadura roja. Desgraciadamente padecemos una sociedad infectada de socialismo, cuestión que lo facilita mucho.

Por eso, hoy más que nunca, es imperativo mantener nuestra irrenunciable tarea dando la batalla cultural, económica, política, moral y religiosa: la batalla ideológica. Tenemos que seguir llevando luz a la oscuridad que alberga esta maldita ideología. Hay que acabar con él o él acabará con nosotros. La felicidad es relativamente fácil de hallar, solo debemos borrar todo lo que apeste a socialismo.

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