Una ley infame de un infame presidente

El último acto contra la democracia

Ya el nombre lo dice todo. Llamar a una ley «memoria democrática» es como poco inteligible e inaceptable, pues la memoria no es democrática ni colectiva. Cada ser humano albergamos en nuestro cerebro esos recuerdos, esa memoria que cada uno interpretamos de forma individual, pues aun siendo los hechos reales tal y como los percibimos, o como son narrados por los historiadores, cada uno interpretamos o matizamos ciertos aspectos que son interpretables a nivel individual.

Los recuerdos a corto y a largo plazo se generan de forma simultánea y se almacenan respectivamente en el hipocampo y en la corteza prefrontal. Es decir, la memoria no se puede colectivizar como un hecho simple e interpretable de forma genérica, sino los propios historiadores, aun poniéndose de acuerdo en lo fundamental, luego, cada uno le da su propia interpretación. No se puede colectivizar la memoria, es una de las singularidades de los seres humanos, pues cada persona somos individuos diferentes entre sí. No hay dos personas iguales, cada una tenemos un cerebro único y diferente a cualquier otro. Por esta razón, cada mente piensa, actúa y vive cada uno acorde a su memoria, pero también a sus principios, valores, educación, o composición social, cultural o política.

Por ello se enriquece más si cabe nuestra historia, pues se aporta desde varios puntos de vista y se interpreta con rigor histórico desde varias perspectivas.

Pero una cosa es esa interpretación de cada hecho histórico o de aquellos estudiosos de la historia, otra es la imposición de una interpretación de parte y colectivizar como si todos fuéramos autómatas y tuviéramos el mismo pensamiento, los mismos recuerdos todos unidos por un único pensamiento, el que ellos consideren que debemos tener. Entonces, ¿dónde queda el libre albedrío?

Precisamente, una de los propósitos de ese llamado globalismo, es crear una sociedad deshumanizada, donde el control no lo tenga cada individuo, sino que sean los poderes quien dominen, controlen y dirijan a los ciudadanos en todos los aspectos. Por lo tanto, aquello de el libre albedrío, la libertad y las democracias donde en los países occidentales hemos estado prosperando y viviendo en libertad, tienen los días contados, salvo que se reaccione a tiempo para evitarlo.

Por esta razón, los gobiernos que están en la órbita del totalitarismo, del marxismo del siglo XXI, nos querrán aplicar leyes para controlar todos estos aspectos. En España, al margen de otras leyes «habilitantes» que hemos ido conociendo desde que el comunismo se hizo con el poder, se aprobó un ante proyecto de ley, ahora proyecto a punto de ser aprobada en el parlamento y, por lo tanto, convertirse en ley, denominada ley de memoria democrática. Resumiendo, su transcendencia y afectación a los ciudadanos significará el control de lo que debemos recordar y de lo que no, porque estará prohibido por esta ley. O, dicho de otra forma, el gobierno nos impondrá qué debemos y qué no debemos recordar si no queremos tener problemas con la justicia a la hora de hablar del pasado o de algunos personajes de la historia reciente. Por lo tanto, la libertad de expresión ya no será un derecho fundamental pues queda solapada por otros criterios impuestos por este misero gobierno.

Por ejemplo, ya nos están advirtiendo que hablar, ensalzar o defender determinadas cuestiones de otros regímenes estará prohibido y será castigado a nivel penal. Es más, se proscribirá a aquellos autores que por ejemplo hayan escrito sobre el régimen anterior de Francisco Franco, o se perseguirá a todos aquellos que hayan publicado obras anticomunistas.

De Franco, ahora que aún se puede

Pero, por qué no remitirse a épocas anteriores de la historia, donde incluso había personajes deleznables, traidores y criminales merecedores de sufrir el escarnio, el vacío de la historia o el borrado de su “memoria colectiva”; como por ejemplo Fernando VII, el Felón; o Luis Companys, otro traidor que dio un golpe de estado a la república y durante la guerra civil proclamó la independencia de Cataluña; o la gran mentira de Bartolomé de las Casas, un ególatra y vanidoso que fue uno de los iniciadores de “la leyenda negra” por acusar a España de haber cometido un genocidio como ningún otro en la historia en el descubrimiento y conquista de las Américas. La pregunta se responde sola, posiblemente el General Franco sea uno de los más odiados por el comunismo criminal que lleva asolando al mundo desde, al menos, 1917 ─Eso por no remontarnos a la revolución francesa, 1789-1799─ cuando Lenin asaltó el poder en aquel Palacio de Invierno y violaron y asesinaron a todo un pelotón que lo protegía, como fue con el pelotón de mujeres ciclistas, mujeres aguerridas que sufrieron el escarnio, la violación y la muerte de manos de los bolcheviques, la banda de asesinos que acompañaban a Lenin en la revolución de octubre, la revolución definitiva.

Pero tienen motivos para que Franco sea el más odiado, pues fue el único militar que derrotó dos veces al comunismo. Primero en 1934, con la 2ª república española en la llamada “revolución de octubre”, donde al final se denominó de Asturias, pues fue allí donde triunfó inicialmente, con más de 30.000 milicianos que habían formado la Alianza Obrera (CNT más UGT, el sindicato del PSOE) iniciaron una revolución contra España con una sublevación al mando de Largo Caballero y la UGT, para subvertir el orden Constitucional, ya muy debilitado por los movimientos políticos, donde los enfrentamientos entre diversos partidos, sindicatos y movimientos radicales de la extrema izquierda para desestabilizar la república y crear un estado sometido a la U.R.S.S., como así fue, hasta que Franco se lo impidió ganando la guerra civil contra las hordas comunistas y que esta ley llama a la acción de Franco como golpe de estado, sin embargo, omite los verdaderos golpes de estado que ellos mismos se daban entre si para conservar el poder, o sus traiciones entre las dos almas del PSOE, como el moderado, intelectual y filosófico Julián Besteiro, o la radicalidad marxista de Indalecio Prieto, Juan Negrín y Fernando de los Ríos. Luego estaba Francisco Largo Caballero, que apeló por el advenimiento de la Unión de Repúblicas Ibéricas Soviéticas.

El pacto de la infamia para aprobar la ley

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Pero como el hombre es el único ser que tropieza dos veces en la misma piedra, después de 54 años desde la creación de la banda terrorista más sanguinaria de Europa, desde su primer atentado donde asesinaron a José Antonio Pardines y el último, el policía francés Jean-Serge Nerin, con más de 3.500 atentados, 864 asesinados, 7.000 víctimas, de ellos 379 sin resolver, sin que la ETA haya colaborado o aportado pruebas para desentrañar y resolver los mismos, donde nunca han pedido perdón sincero, no han entregado su arsenal que permanecerá oculto seguramente en algunos zulos en los montes de Vascongadas, Navarra o en territorio francés, la ETA y su conglomerado político ha puesto de nuevo sus «armas» encima de la mesa, aunque en este caso en sentido figurado, pero igual de efectivo, para aprobar, junto con el gobierno de Pedro Sánchez, una ley que destrozará los cimientos de la transición democrática en España y me atrevo a decir, que acabará hasta con la propia democracia, pues es la puntilla de una panoplia de “leyes habilitantes”, por lo tanto, inconstitucionales, que fueron aprobadas por este gobierno para ir socavando los cimientos de nuestro estado de derecho.

Aprobar una ley que lesiona gravísimamente la Constitución, con los herederos de la ETA, que han asesinado, secuestrado, extorsionado, amenazado a cerca de 1000 personas y sometida a toda la sociedad a un estado de terror permanente, es el hecho más grave, repugnante y deleznable que haya ocurrido en los últimos 50 años. Incluso, algunos de sus asesinos ahora se sientan en parlamentos u otros poderes del estado.

El Gobierno conseguirá la próxima semana, con un paquete de enmiendas sustanciales pactadas con Bildu, la aprobación de la Ley de Memoria Democrática. Una ley que será inquisitoria y que pondrá en tela de juicio toda la transición, poniendo bajo sospecha a los CYFSE, pudiendo sacar a la palestra actuaciones heroicas de Policías Nacionales y Guardias Civiles y exhibirlos como “chivos expiatorios”, o peor aún, se puede actuar con revanchismo, odio o venganza contra alguno de esos Policías o Guardias Civiles por el simple hecho de haber detenido algún comando terrorista de ETA y en este punto me puedo sentir afectado por esta ley, pues yo estuve allí.

La ley incorporará una disposición adicional pactada con Bildu a cambio de sus votos, en virtud de la cual las investigaciones sobre “vulneraciones de derechos humanos” se ampliarán también al periodo de la Transición, desde la aprobación de la Constitución hasta finales de 1983.

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Esto pasa cuando pactas leyes con una banda terrorista que utilizará como cajón de sastre esta ley. La extrema izquierda vasca no va a dejar pasar la oportunidad de emprender acciones de todo tipo contra todos los que crean que tuvieron algo que ver en la persecución, investigación y detención de comandos durante todo el tiempo de su existencia: Guardias Civiles, Policías nacionales, jueces, fiscales, responsables políticos etc.

Los españoles ya no podemos más, ni España tampoco. Esta ley es inaceptable, es inasumible y es deleznable, pues no sólo hemos tenido que soportar las mentiras de Pedro Sánchez diciendo aquello de, «jamás pactaré con Bildu, se lo puedo decir 5 ó 20 veces, no vamos a pactar con Bildu«, para cinco minutos después abrazarse a la escoria terrorista y criminal. Pero no solo eso, sino que ahora tenemos que ver como una de las leyes estrellas de esta patulea de gobierno, que, estos sí, «chapotean en la sangre de las víctimas del terrorismo«, es aprobada a través de un pacto infame entre el fantasma de lo que un día fue algo parecido a un partido político, el PSOE, cuyas siglas siguen siendo las mismas que cometieron las peores atrocidades y crímenes, como antes he mencionado algunos capítulos: golpes de estado, robo al banco de España, el asesinato de líderes de la oposición, los GAL, la financiación ilegal; Filesa, Malesa, Time Sport; la corrupción, los ERE y un larguísimo etc. 

Aunque ya lo sabíamos a ciencia cierta, lo de ahora es uno de los actos más abominables de toda su historia: pactar una ley denominada de «memoria democrática» que, por supuesto, no será ni de memoria ni democrática. Pero lo que se pretende con esta ley, es poner en jaque al estado de derecho haciendo desaparecer la transición y abriendo centenares de procesos inquisitoriales contra los miembros de los CYFSE. Una caza de brujas, o peor aún, un proceso involutivo contra todo lo que representa la transición española, por lo tanto, contra España. Esta fue, es y será la hoja de ruta de la ETA: la destrucción de la nación española.

Cree este autócrata totalitario, que pactar con los asesinos de cerca de 1000 españoles, entre ellos los 12 compañeros de su partido, el PSOE, le reportará unos meses más en el poder, pero ¿a qué precio? Se me hace insoportable tan solo imaginarlo. Ya me pareció inaceptable verlos en las instituciones; secretos oficiales, CNI, o peor aún, sentado a la izquierda de la extrema izquierda que ocupa Pedro Sánchez en la presidencia de la nación más antigua de Europa, este traidor, mentiroso y criminal que ostenta el repugnante título de ser el peor presidente de la historia contemporánea de España.

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