Un festival taurino insustancial en Aranjuez

Terminada la feria de Vistalegre, volvimos a la normalidad en lo que a lo taurino se refiere, porque en los festejos que se han ido desarrollando después del serial Carabanchelero, hemos visto que nada ha cambiado después de la pandemia.

El ejemplo lo tuvimos el pasado viernes en Aranjuez, donde vimos anunciados a Juli, Manzanares y Ureña, con un impresentable encierro de Garcigrande.

Toros sin trapío, sin hechuras, cómodos, manipulados y fraudulentos. La gente pagó por ver una corrida de toros, y vio un festival taurino con los espadas vestidos de luces

Tarde festera, donde la tauromaquia y sus valores quedaron en los infiernos. Tarde orejera ante animales, que en vez de dar miedo, respeto, pavor, daban pena por su nobleza, por su falta de fuerzas y por ver sus astas manipuladas.

Con este material se divirtieron el Juli y Manzanares, que aún así dejó los mejores muletazos, junto a un Ureña, que aún nos preguntamos, porqué el murciano se suma a esta fiesta que tan flaco favor le hace.

Otro de los problemas que hemos encontrado en Aranjuez, es la negativa de Roca Rey a televisarse. Una decisión del peruano que ahora mismo creemos que no procede

Las preguntas son bien simples ¿Por qué no quiere el peruano televisión? ¿Con actitudes como esta, una supuesta figura del toreo apoya y defiende la tauromaquia? A lo mejor Roca Rey no quiere televisión para que no veamos lo poco que emociona su toreo ahora mismo, como le pasó en Vistalegre o tampoco quiere dejarse ver en la televisión para que no veamos siempre el mismo planteamiento de faena, que ya aburre en demasía.

Pero una última reflexión, ¿Quién tiene la culpa de tragar con las pretensiones del peruano? ¿Por qué los empresarios, que ya han contratado la televisión no prescinden de Roca Rey? ¿Y los derechos de imagen de los compañeros de cartel y sus cuadrillas, no importan? Ahí lo dejamos.

Por otro orden de ideas, reapareció Gonzalo Caballero, en Navalcarnero, después de su gravísima cornada del 2019. Y lo hizo con otra “moruchada” de Juan Pedro, sin trapío, manipulada e inválida, y nada más y nada menos, que en un mano a mano con Enrique Ponce.

Nunca fue de nuestro gusto Gonzalo Caballero, al cual respetamos, pero su falta de técnica y oficio, lo suple con un valor sin cabeza que acaba en suicidio y tragedia.

En esta corrida se volvieron a ver sus carencias técnicas

Pero este fin de semana nos dejó dos momentos interesantes, por un lado la buena actuación de Borja Jiménez en Niebla, con una cuajada corrida de Torrehandilla, que no dio facilidades, donde el de Espartinas, demostró tener oficio y torería. Merecería más oportunidades, igual que su hermano, con el que compartió cartel, otro torero con oficio, capacitado para cualquier corrida sin importarle el hierro o divisa.

Otro de los toreros interesantes es Gómez del Pilar, el cual se entretuvo en cortar cuatro orejas en su primera corrida del año, a su lote de Martín Lorca.

Un torero que ya en el atípico año 2020, demostró sus buenas cualidades en Logroño

Se trata de uno de un torero que viendo cómo está el panorama, no le va a hacer ascos a ningún hierro o divisa, aparte de que está capacitado para cualquier corrida.

En definitiva, son toreros interesantes pero a los que no se les está dando cartel, cancha ni contratos. La verdad es que ya estamos algo cansados de tanto, Ponce con Juan Pedro, Juli con Garcigrande y compañía con toros manipulados, donde la fiesta y los valores que conlleva, quedan en entredicho.

La fiesta necesita una regeneración. Hay que llevar gente a las plazas, hay que motivar al aficionado y hay que llevar toros con emoción. Por desgracia, y después de una terrible pandemia, en la tauromaquia no ha cambiado nada.

Como cierre de columna, comentar también sobre el fin de semana que nos dejó un indulto excesivo incluido, esta vez fue un novillo del Parralejo.

Como diría Julio Iglesias, la vida sigue igual.

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