Ucrania. Del mito a la realidad – Parte II

En los siglos XIV y XV la mayor parte del actual territorio ucraniano queda bajo control del Gran Ducado de Lituania, el Principado de Galitzia-Volyn es anexionado por el reino de Polonia y en el norte de Rusia empieza a emerger el Principado de Moscú.

Ya a finales del siglo XV, el Principado de Moscú, gracias al talento de Iván III el Grande, empieza a sentar las bases del futuro Imperio Ruso mediante la anexión de Tver, Novgorod, el rechazo a la dominación ejercida por la Horda de Oro y la proclamación del Príncipe de Moscú como Soberano de toda Rusia.

A lo largo del siglo XVI el Principado de Moscú logra la conquista de la mayor parte del territorio de la Rusia central y septentrional, acaba con el peligro tártaro tras la toma de Kazán en 1552 y se expande hacia Siberia y el Cáucaso.

Mientras, en el territorio de la Ucrania actual se consolida el poder polaco, después de la Unión entre el Reino de Polonia y el Gran Ducado de Lituania en 1569. Finalmente, en la Ucrania meridional emerge con fuerza el Kanato de Crimea infeudado al Imperio Otomano y que, desde Crimea, controlaba la costa y la mayor parte del sur i del este de la futura Ucrania.

Esta división política entre la Rusia moscovita y la Rusia bajo control polaco se refleja en la denominación del territorio de la actual Ucrania, que pasa a llamarse Pequeña Rusia, y en la aparición del término “Ukraína” que hacía referencia al territorio de frontera entre el estado polaco, Rusia y las estepas. Simultáneamente hace acto de presencia el dialecto pequeño ruso, que se irá desarrollando desde finales del siglo XIV y hasta el XVII fruto del contacto con la lengua polaca, hegemónica en los estratos nobles de la población, sobre todo desde finales del siglo XV y principios del XVI. Paralelamente se producirá un proceso de catolización de la alta nobleza y de la pequeña nobleza. La lengua rusa culta sobrevivirá en monasterios como el de Lavra en Kiev, donde los monjes publicarán múltiples obras históricas y panfletos abogando por la reunificación de toda Rusia bajo el soberano de Moscú y en contra de los intentos de fusionar la iglesia ortodoxa y católica.

En el siglo XVII, las múltiples tensiones acumuladas entre católicos y ortodoxos y entre siervos pequeño rusos y terratenientes polacos estallarán en un gran levantamiento liderado por el cosaco Bogdan Khmelnitsky, que en poco tiempo logró el control de la mayor parte de la Ucrania central y occidental. En 1654 y a iniciativa de éste se firmó el acuerdo de unificación entre el territorio dominado por el Hetmanato cosaco y el Zarato de Rusia.

Khmelnitsky desde 1651 y hasta 1654 estuvo suplicando a Moscú la “reunificación de toda la tierra rusa

A partir de este momento estalla una cruenta guerra ruso-polaca que acaba en 1667 con la cesión de toda la orilla este del río Dniéper, incluyendo Kiev, a Rusia. La Ucrania occidental quedará a merced de Polonia, que seguirá con su política de polonización. Esto hasta finales del siglo XVIII, cuando, bajo el liderazgo de la Emperatriz Catalina la Grande, Rusia logró arrebatar a los polacos la Ucrania occidental, excepto Galitzia, que quedó bajo control del Imperio Austríaco.

Durante el siglo XVIII y primera mitad del siglo XIX la identidad nacional rusa moderna se desarrolla de forma muy notable en el territorio de la actual Ucrania. En Rusia se consideraba a los pequeños rusos o ucranianos como la tercera rama del pueblo ruso, junto a los grandes rusos y a los rusos blancos. Tanto es así que la lengua rusa culta estándar no se puede concebir sin la contribución que la élite eclesiástica pequeño rusa realizó en la corte rusa desde el siglo XVII. Sin ir más lejos, a principios del siglo XIX destaca el célebre escritor Nikolai Gógol, nacido en el centro de Ucrania, y que reivindicará siempre el carácter ruso de Ucrania en novelas como “Taras Bulba”.

Sólo a partir de mediados del siglo XIX empiezan a aparecer una serie de etnólogos y folcloristas que mostrarán interés por las peculiaridades del dialecto pequeño ruso, tal es el caso de Maksimovich o Kulish, que estudiarán a fondo las canciones cosacas y el vocabulario regional. Por otro lado, en la Ucrania austríaca aparecerán una serie de autores que reivindicarán la reunificación del territorio de Galitzia con el resto de Rusia, así como el empleo de la lengua rusa literaria. Destacan autores como Iván Naumovich o Denis Zubrytsky.

No obstante, no se puede hablar en ningún caso de separatismo cultural ni político. Ni siquiera el poeta regionalista Taras Shevchenko, considerado el mayor poeta en ucraniano, se mostrará favorable a la separación de Rusia. Por otro lado, es interesante subrayar que la lengua usada por éste será tanto el ruso literario como el dialecto pequeño ruso, caracterizado por abundantes prestamos léxicos polacos, pero perfectamente comprensible para cualquier ruso.

No será hasta finales del siglo XIX cuando las ideas separatistas aparecen en ciertos círculos intelectuales minoritarios de la pequeña burguesía y se apuesta por la creación de una lengua ucraniana estandarizada, que se alejará intencionadamente del dialecto pequeño ruso y del ruso literario mediante la incorporación de un gran número de palabras polacas y alemanas y el abandono de vocabulario proveniente del eslavo eclesiástico. Entre estos autores destacan Dragomanov, Grushevsky o Iván Franko, todos ellos de ideología socialista.

Hay que destacar, además, que el ucraniano/pequeño ruso fue considerado en general por la filología rusa y europea del siglo XIX y principios del XX como un simple dialecto del ruso. Sólo algunos nacionalistas argumentaron que se trataba de una lengua distinta, a pesar del origen común que nadie se atrevió a negar.

Las ideas separatistas, no obstante, encontraron una fuerte resistencia en la alta cultura, en Kiev y en los entornos urbanos. En el campo el mensaje separatista sólo penetró con ayuda de proclamas socialistas. La ciudad de Kiev, antes de la Revolución Rusa, era considerada uno de los bastiones del nacionalismo ruso de derechas, tal como ejemplifica la creación del Círculo de Nacionalistas Rusos de Kiev, que agrupaba a médicos, científicos, filólogos, abogados e historiadores contrarios al nacionalismo ucraniano bajo el impulso de Anatoly Savenko y el apoyo del Primer Ministro Ruso reformista Stolypin. Este círculo intelectual fue duramente reprimido por los bolcheviques, siendo muchos de sus miembros fusilados por ser nacionalistas rusos y derechistas.

El acontecimiento histórico que marcará claramente el cambio de rumbo en la historia de Ucrania fue la Primera Guerra Mundial y el golpe de febrero. En 1917, después de la revolución que llevó a la Proclamación de la República Rusa, en Kiev se conformó un Parlamento informal y no reconocido por Moscú liderado por fuerzas socialistas y nacionalistas ucranianas que proclamó hasta tres veces la autonomía de Ucrania en el seno de una República Federal Rusa. Todo quedó en simple retórica vacía hasta que la revolución bolchevique triunfó. Entonces en Ucrania las fuerzas nacionalistas, los socialistas moderados y una parte de la élite apoyaron la constitución de una Ucrania independiente opuesta al poder bolchevique. Esta Ucrania independiente quedó bajo el control de los ejércitos alemanes desde 1918 y tuvo como fuerzas enemigas a los ejércitos blancos y a los bolcheviques.

Cuando finalmente triunfan los bolcheviques, y a diferencia de lo que defendían los blancos, se opta por la creación de una República autónoma ucraniana en el seno de la Unión Soviética. Ello a pesar de la oposición del este y del sur de Ucrania. Uno de los principales motivos que llevaron a la creación de esta república era el debilitamiento del nacionalismo ruso, considerado en un principio peligroso para la supervivencia de la URSS.

Buena prueba de ello es que las autoridades soviéticas incorporaron al partido a buena parte de los separatistas ucranianos de izquierdas, entre ellos al intelectual Mijaíl Grushevsky. En cambio, los intelectuales nacionalistas rusos fueron en su mayor parte asesinados en las purgas bolcheviques.

Por otro lado, durante los años 20 se llevó a cabo una política de ucrainización de la escuela y la prensa y se fomentó el sentimiento nacional ucraniano, incluso en territorios refractarios como la capital, el sur y el este del país.

Intelectuales como el anticomunista Soljenitsyn, él mismo de madre ucraniana, denunció dicha política por su carácter artificial y atacó al estándar ucraniano por alejarse del dialecto popular y del ruso culto de forma artificial.

La política de fomento de la identidad ucraniana se empieza a frenar, sin ser nunca revocada del todo, por parte de Stalin, que permitirá el uso del ruso en las escuelas junto al ucraniano estándar. A partir de este momento se fomentará la idea de que los rusos, los ucranianos y los bielorrusos, a pesar de no ser el mismo pueblo, eran naciones hermanas.

Por otro lado, el separatismo ucraniano va derivando cada vez más hacia postulados fascistas y filo nazis. De tal modo que cuando los ejércitos de la Alemania Nazi invadieron la URSS pudieron contar rápidamente con el apoyo de los grupos nacionalistas como la UPA de Stephan Bandera. A estos se sumaron múltiples campesinos afectados por las políticas de colectivización forzosa que tanto sufrimiento ocasionaron al campesinado soviético, especialmente en Ucrania, la región del Volga y la Rusia meridional a lo largo de los años 30.

Finalizada la II Guerra Mundial y la etapa estalinista, Ucrania vive en el seno de la URSS un período de activo desarrollo industrial y de consolidación del uso del ucraniano estándar en las escuelas e instituciones culturales junto al ruso.

Toda esta etapa de autonomía sienta las bases para la conformación de una identidad nacional separada de Rusia

Esto se verá claramente a partir de 1991, cuando Ucrania se convierte por primera vez en un estado independiente como resultado del colapso del estado soviético.

A pesar de todo, la dicotomía entre el este y el sur, con una identidad rusa, y el centro y el oeste, de tendencia nacionalista ucraniana, persistirá hasta la actualidad y será aprovechado por todos los actores mundiales interesados en el debilitamiento de Rusia.

No obstante, desde un punto de vista histórico y cultural es muy difícil justificar la separación de Ucrania del resto de Rusia y completamente absurdo tratar de justificar la expulsión de la lengua rusa de las escuelas e instituciones ucranianas, tal como han venido haciendo las autoridades desde los años 90. Hay que señalar, además, que el ruso sigue siendo la lengua materna de la mitad de la población, seguida a escasa distancia por el dialecto pequeño ruso, denominado por los nacionalistas ucranianos Surzhik, y a mucha distancia por el ucraniano estándar.

Hecho este breve repaso histórico sólo me queda recomendar al lector que lea las reflexiones realizadas por autores como el gran Aleksander Soljenitsyn, Mikhail Bulgakov o el príncipe Aleksander Volkonski, que fue testigo en los años de su exilio en Italia de la manipulación histórica descarada y desvergonzada llevada a cabo por los nacionalistas ucranianos con el fin de justificar el desmembramiento de la Rusia histórica.

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