¿Tenemos inteligencia en Seguridad Nacional?

A día de hoy aceptamos de buena gana que la profesión más antigua del mundo es la de «meretriz», aunque para los más avezados cronistas históricos, la más antigua es la de mentiroso, sino que se lo digan a Adán y Eva, los cuales fueron víctimas de los embustes y engaños de la serpiente.

La de mentiroso y político es la misma profesión, muestra de ello son los sátrapas que nos dirigen, puesto que no le dicen la verdad ni al médico

Otra de las profesiones más antiguas es la de espía, aunque tampoco sería la segunda profesión más antigua, de hecho, saber qué piensan hacer el resto en relación a los poderosos y saber si cuentan con los mecanismos para llevar a cabo sus planes, es a veces lo que determina la supervivencia del glotón dirigente de turno. Alcanzar ese conocimiento se llama “inteligencia” y buena parte de esta, depende de obtener, robar o sustraer la información adecuada a través del espionaje. 

Salvo en Israel y Rusia, la inteligencia fue creada con una dicotomía esencial, creada para dar soporte institucional a la seguridad nacional

Los servicios de inteligencia hoy se dan cuenta de que sus líderes prestan poca atención a los asuntos de la gran estrategia nacional y de largo recorrido, y que se afanan más en la prontitud de las encuestas de opinión, sus índices de popularidad y las portadas de los medios.

Esta desconfianza viene dada por los sonados fracasos en prevenir situaciones adversas, como el 11-S o el 11-M, por poner ejemplos. Además para las agencias de inteligencia propias y extrañas lo que piensa Putin o lo que genera la neurona descarriada de Sánchez, es una tarea de adivinación absurda, habida cuenta de su volatilidad mental.

Además de esto, la inteligencia está en otro quehacer por pura y dura supervivencia: la tecnología vive en una edad de oro en la que toda interceptación es posible, y lo es posible, técnicamente y es más se hace, prueba de ello es Bowden o el actual Pegasus.

Para que nos entendamos, la tecnología permite gestionar millones de Bites por hora, aunque queda claro que lo que sacaría de todo ese universo de información Irene Montero sería muy distinto de lo que encontraría el rey de Marruecos. Es obvio que la inteligencia debe tener claro a qué responde su trabajo, cuáles son sus objetivos y en qué marco temporal.

En eso Marruecos, por poner un ejemplo, lo tiene meridianamente claro

Y a la inteligencia española se le añade, ahora el mayor de los problemas que es depender de un personaje egoísta, narcisista, ególatra, mentiroso y con déficit de visión más allá de la de su propia nariz, que prefiere exponer los fallos del sistema de ciberseguridad nacional en su máximo exponente, si con ello queda como una pobre víctima y logra acaparar la atención de los focos durante un rato más.

De hecho, si de esta salimos, no hay nada ni nadie que pueda con este país

La explicación alternativa, mejor no saberla.

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