Solidarność herencia de Solidaridad: derrocando al comunismo en España cuarenta años después

El Sindicato Independiente y Autogestionario “Solidaridad” (Niezależny Samorządny Związek Zawodowy), abreviado en polaco simplemente como Solidarność, fue uno de los detonantes de la caída del bloque comunista. Su fundador, Lech Wałęsa, comenzó en 1980 en los astilleros de Gdansk a reunir a obreros en lo que sería una pequeña asociación sindical clandestina que tenía como objetivo la creación de sindicatos autónomos, alejados de los mandatos unívocos que todo el pueblo polaco recibía desde el Partido y el Gobierno.

Es por esto que Wałęsa intentó mantener en el anonimato su proyecto puesto que, sus principios, se basaban en el tradicionalismo antisoviético, el catolicismo político, liberalismo económico y patriotismo polaco. Pese a haberse intentado esto mismo ya décadas atrás en Yugoslavia y Checoslovaquia con la Primavera de Praga de 1968, no sería hasta a principios de los años 80’, cuando Solidaridad se convirtió en un movimiento social anticomunista no violento que dio como resultado el primer sindicado disidente e independiente del partido comunista de todos los países que conformaban el Bloque Soviético.

El activismo de Solidaridad no pasó inadvertido en el resto mundo y es que, sin dilación, muchos de los dirigentes de los gobiernos más importantes del Bloque Occidental le mostraron abiertamente un apoyo social, publico y económico. Entre los personajes de mayor peso de su momento, se puede citar al Presidente de los Estados Unidos de América, Ronald Reagan, al primer ministro de Reino Unido, Margaret Thatcher, e incluso, al joven sacerdote y activista, Karol Wojtyła, quien después llegaría a ser el Papa Juan Pablo II, pero que desde su juventud colaboró con Solidaridad. En este sentido, el Vaticano, por decisión papal, apoyó económicamente y visibilizó a Solidaridad en todo el mundo y las atrocidades que el comunismo perpetraba en su propia Polonia natal.

Cuarenta y dos años después, España se enfrenta a un gobierno socialcomunista, anclado en el pasado, que vive de las rentas del guerracivilismo y del espíritu Kamikaze de creer que todavía existe la URSS y esta les va a auxiliar. Un gobierno peligroso en tanto que comienza a dar muestras de indivisibilidad entre Partido y Gobierno,  moldeando las instituciones y reformando las leyes al más puro sistema comunista de partido único. Sin embargo, el trabajador, el ganadero, el obrero…, en definitiva: esa defensa del proletariado de la que se nutren sus pomposos idearios y discursos marxistas, es la última de sus preocupaciones. España resiste frente a un gobierno que ha llevado la nación a la crisis, ha enviado al paro a millones de trabajadores, avocando a miles de familias a la ruina. Les ha prometido lo que hiciese falta para que no incendiasen las calles con intervenciones televisivas a diario, imitando el modelo hispanoamericano de dictador bananero.

Este gobierno, presidido por el socialista Pedro Sánchez, se ha parapetado tras la mentira sistemática y la verdad de estado, con ello ha ocultado que lleva a sus espaldas la cifra de más de 120.000 muertes a causa de la pandemia de COVID-19 y ha osado declarar, parapetado tras la Agenda 2050, que la pandemia ha supuesto un estímulo para la economía.

Es muy peligroso que esto se le permita a un partido político, y más, cuando está secundado por la complicidad y el silencio de los sindicatos laborales mayoritarios que, hoy por hoy, son sinónimo de socialismo y comunismo. ¿Qué defensa tiene el trabajador español cuando sus sindicatos, escogidos más por obligación que por elección, no están sustentados por las cuotas de sus afiliados, sino por los presupuestos generales del estado?

Frente a esto, en pleno siglo XXI, ha surgido la necesidad de crear un sindicato anticomunista que herede ese gran espíritu de Solidarność’ de lucha contra el marxismo de estado y los sindicatos, de partido único, que se nutren de los trabajadores en vez de protegerles. Una necesidad impensable por nuestros padres y abuelos, esos que vieron caer el Telón de Acero, que vieron a la RDA unificarse con la RFA, que presenciaron el fin de una era que ahora, un partido político de nostálgicos, pretende emular para avocarnos a una miseria como la que se vive en Cuba o Venezuela. Solidaridad es un sindicato para todos los españoles. Un ente que defiende los derechos de cada ciudadano por igual. No por azar, la grafía y el diseño del logo de Solidaridad se inspiran en el homónimo sindicato polaco.


Logo de sindicato español Solidaridad que se opone al marxismo laboral, inspirado en Solidarność

Solidaridad tiene como objetivo proteger y defender los intereses de todos los trabajadores españoles. Conseguir una subida del Salario Mínimo Interprofesional que, de verdad, garantice la posibilidad de formar una familia, tener hijos y poder tener un nivel de vida digno. Además, dada la situación excepcional del COVID-19, el Estado debería hacerse cargo del total de las nominas de empleados y autónomos a los que, el Gobierno, les ha impedido poder desarrollar con normalidad su trabajo. Se debe dar prioridad a los trabajadores ya residentes en España y limitar la inmigración a las necesidades reales del mercado laboral. Hasta su entrada en Europa, España había sido pionera en sectores como la siderurgia y la metalurgia con infraestructuras tan consolidadas como los altos hornos de Sagunto y otros puntos.

Solidaridad apuesta por esa reindustrialización, por la relocalización de empresas en España que fomente nuevos empleos estables y de calidad: una España fuerte y tan competitiva en la eurozona como cualquier otro país al que no se le exigió desmantelar su industria.

Solidaridad también tiene uno de sus puntos cardinales puestos en la defensa real y efectiva de tratados como la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los Derechos de la Infancia y, para ello, derogaría todo acuerdo comercial con países donde estos derechos fundamentales sean vulnerados y la mano de obra esté sometida a regímenes de semiesclavitud. Una postura que, no solo pretende frenar la competencia desleal de estos países emergentes o regímenes autoritarios, sino que, también, pretende hacer prevalecer en la geopolítica mundial el valor la dignidad humana y es que, en el comercio y la economía mundial, no todo vale.


Ejemplo de la continuidad del sistema maoísta donde se explotan a mujeres y niños por igual.

En España, el sindicalismo siempre ha ido asociado a imposiciones ideológicas con un más que marcado carácter socialista y comunista. Es por esto que, Solidaridad, pretende poner fin a todo tipo de imposición ideológica que constituya trabajadores de primera y trabajadores de segunda en función de sus ideas políticas personales.

De igual forma, acabar con toda desigualdad y discriminación de tipo lingüístico que facilite o dificulte el acceso de cualquier español a un puesto de trabajo, bien sea en el sector privado, o bien sea en el ámbito de la administración. De igual forma, desde Solidaridad, queremos acabar con las subvenciones públicas a organizaciones patronales y sindicales. Que sea el Tribunal de Cuentas quien audite las cuentas de sindicatos y patronales. Que los sindicatos no puedan cobrar de los ERE ni los ERTE.

Otro punto cardinal es, para nosotros, exigir el cumplimiento del mandato constitucional en su Artículo 28.2 para que se desarrolle una Ley de Huelga que reconozca los derechos de los trabajadores a la misma y establezca el modo en que debe ejercerse dicho derecho. Solidaridad busca que haya una fiscalización y control de los liberados sindicales así como que haya una obligatoriedad de incorporación a su puesto habitual de trabajo en casos de emergencia nacional así como una reducción del número de estos liberados. Por último, uno de los puntos más importantes que desde Solidaridad defendemos es el de poner fin a la inmigración ilegal promovida por el Gobierno junto a ONG’s por el uso de esta como mano de obra esclava, por la economía sumergida que genera, las condiciones de precariedad del empleo y el agravio comparativo que esto supone para el trabajador español.

Es por esto que, desde Solidaridad, hemos venido para desenmascarar lo que son en realidad los actuales sindicatos: redes clientelares y agencias de colocación, financiadas y codependientes de partidos políticos de la izquierda con el fin de crear una economía circular entre la ideología, los derechos laborales, los estómagos agradecidos y, por último, la compra de votos.

Nosotros nacemos de la necesidad en esta España de la fuerza de Solidarność para derrocar en pleno siglo XXI al comunismo en el seno de la propia Europa. Nosotros nos alzamos para ayudar a todo español que nos necesite. Solidaridad llega con algo que muchos han olvidado porque todo se acaba con cambalaches entre sindicato y patronal. Nosotros llegamos con el Estatuto de los Trabajadores en la mano. Ir con la legalidad vigente por delante va a hacer temblar muchos tronos, los de esos que son a la vez obreros y políticos; que hablan como proletarios y viven como neoburgueses.

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