Ser mujer en el mundo moderno empieza a ser una gran ventaja. Una mujer se hace rica vendiendo sus flatulencias en internet mientras otra vende el agua usada de su bañera

Que el 80% de los vagabundos o sintecho en España sean hombres no es mera casualidad, sino que obedece a varias razones socioeconómicas siendo el factor ‘sexo’ muy determinante.

Si bien la prostitución, tanto en su variante más cruda y callejera o vinculada al proxenetismo, como en su variante más de lujo, en ocasiones también muy velada o indirecta, fue siempre una salida económica para las mujeres de distinta clase social.

El factor sexual condiciona, para bien y para mal, la forma en que la mujer es percibida en la sociedad en la que vive. Una mujer medianamente joven y de buen ver tiene muchos recursos, si sabe manejarlos bien, para esquivar la indigencia o la pobreza. Esta condición se ha visto agrandada desde que existen internet, las redes sociales o las webs de mecenazgo tipo onlyfans (más enfocada al tema social y sexual) o patreon (más enfocado al tema divulgativo, cultural y de ocio electrónico).

Una mujer genera 50.000 dólares semanales vendiendo sus pedos embotellados

Stephanie Matto es una influencer muy conocida en el ámbito angloparlante. Nació en República Checa y saltó a la fama tras participar en el programa ’90 Day Fiancé’ de Australia.

A la chica hay que reconocerle un par de ovarios bien puestos o, al menos, poca vergüenza (en el buen sentido de la expresión).

Stephanie no tiene reparos en salir en un spot publicitario enseñando su rostro real mientras presume de dieta alta en grasas, azúcares o legumbres de digestión pesada. Tampoco le tiembla la voz cuando presume de vender por cientos o miles de euros parte de sus flatulencias en tarros de cristal junto a una notita manuscrita.

Más allá de que nos pueda parecer una locura que alguien (decenas o cientos de personas al parecer) gasten tales dinerales en algo tan insignificante y repugnante al mismo tiempo, este no deja de ser un negocio como otro cualquiera; uno de los muchos negocios extravagantes que han nacido al calor de internet y las RRSS.

La punta del iceberg

El caso de Matto es reseñable por su fama y la cantidad de dinero que genera a cambio de prácticamente nada, pero no es, ni mucho menos, un caso aislado.

Cientos de miles de mujeres en todo el mundo viven o hacen mucho dinero en base a cuentas en redes sociales de mecenazgo y patrocinio o de vender basura. Desde restos orgánicos de su cuerpo a prendas viejas y en ocasiones sucias.

Hace un par de años, también saltaba la noticia de que la influencer Belle Delphine, una especie de ‘diva’ de internet, al parecer especialmente célebre en mundillos gamer u otaku.

Delphine llegaba a cobrar fortunas a cambio de un tarro de cristal con agua de su propia bañera; es decir, agua usada por ella, con restos de suciedad y deshechos de su cuerpo, así como de sus fluidos corporales. Sí, así como suena.

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