Se disuelve UPyD tras años de irrelevancia

Después de 13 años de altibajos y de lucha por abrirse paso en la convulsa política española, la formación magenta UPyD ha decidido poner fin a su existencia.

El partido magenta, también conocido coloquialmente durante muchos años como «el partido de Rosa Díez» debido a la vertical estructura que lo caracterizaba y cuyo control estaba en manos de Rosa Díez, era irrelevante ya desde hacía muchos años.

Más concretamente, desde que Ciudadanos irrumpió en la política española a nivel nacional, llevándose consigo a la mayor parte de votantes de UPyD después de que los líderes de este último partido se negaran a participar conjuntamente con la formación de Albert Rivera.

El primer gran partido bisagra desde la disolución de UCD.

UPyD se definía en líneas generales como un partido socioliberal, progresista, unionista, monárquico y liberaldemócrata. Su aspiración desde el comienzo fue la de romper el bipartidismo fáctico que había en España ocupando un espacio entre PSOE y PP, los dos grandes partidos constitucionalistas en la década del 2000.

De esa forma, se rompía la alternancia puramente bipartidista y la gobernabilidad de España quedaba más o menos asegurada sin necesidad de que PP y PSOE tuvieran que pactar con las formaciones nacionalistas, regionalistas e independentistas.

Desde el principio y a pesar de que su filosofía de partido y algunas de sus propuestas eran populares el ciertos aspectos, el proyecto no fue un camino de rosas.

Ya a mediados del 2000 España era un país muy polarizado y con un sistema electoral que favorecía el bipartidismo y el regionalismo/nacionalismo periférico.

La formación contaba con el apoyo de intelectuales liberales, socialdemócratas o democristianos de diversa índole, entre los que destacaban Fernando Savater o Vargas Llosa. También llegó a tener políticos de relativo prestigio o buena imagen para buena parte del electorado, como la propia Rosa Díez, el actor Tony Cantó, Juan Carlos Girauta, Sosa Wagner o Irene Lozano, entre otros.

Sin embargo, el férreo y vertical liderazgo ejercido por Rosa Díez levantaba ampollas dentro y fuera de la formación.

Además, la implantación del partido en las comunidades periféricas se tornó muy complicada debido al centralismo de UPyD (que paradójicamente se autodefinía como federalista).

Realmente no está tan claro que UPyD fuera tan centralista, pero un país como España en el mantener el español/castellano como lengua vehicular en todos los territorios ya es considerado jacobinismo, no es difícil ser tachado de centralista cuando incluso definiéndote como federalista en ciertos aspectos.

A esa difícil implantación no ayudaron precisamente las feas palabras que la presidenta del partido dedicó al pueblo gallego en cierta ocasión…

Tras la crisis mundial de 2008, el desplome del PSOE y el progresivo alejamiento de los jóvenes de las dos fuerzas hegemónicas hasta entonces, UPyD entró en una etapa de crecimiento y fortalecimiento, que lo llegaron a situar como tercera fuerza política española antes de la irrupción de Podemos en 2014.

En 2008, Rosa Díez consigue entrar en el parlamento nacional con un escaño por la circunscripción de Madrid.

Ya en 2011 logró más de un 4,5%, rozando el grupo parlamentario propio. Sin embargo, los resultados no terminaron de ser espectaculares (a pesar de que la coyuntura de crisis lo favorecía), ni rompieron con el bipartidismo. De hecho, la mayoría absoluta del PP hizo que UPyD fuera innecesario para que Mariano Rajoy pudiera formar gobierno.

Con el auge de Podemos y posteriormente de Ciudadanos, partido muy similar a UPyD que poco después de su expansión a nivel nacional ya superó por bastante las expectativas de los magenta, el partido tenía ya un caladero de votos muy reducido en el que pescar.

En 2015 UPyD desapareció del parlamento nacional.

Desde entonces, la andadura de UPyD ha sido una travesía por el desierto sin demasiados visos de llegar a vergel alguno.

La historia de un quiero y no puedo.

Como partido, UPyD no fue especialmente bueno comunicando sus ideas. Se esforzó poco en ofrecer nuevas formas de hacer política, que incluso aunque hubiesen sido totalmente cosméticas como las promesas asamblearias o de democracia directa de Podemos, podrían haber atraído el voto joven.

A nivel de transparencia UPyD fue intachable en un contexto político español corrupto. Pero, probablemente, no supo sacarle partido lo suficiente ni enarbolar el discurso de la anti corrupción eficazmente como si hicieron otras formaciones sin las credenciales de los magenta.

El hecho de ser un partido radicalmente centralista en muchos aspectos en un país con tantos regionalismos e independentismos como España, y teniendo que pactar con dos partidos descentralistas como son PP y, sobre todo, PSOE, tampoco ayudaron a que la formación terminara de hacer creíble su proyecto político.

El paso de UPyD por La Rioja.

En la Comunidad el partido de Rosa Díez no ha llegado a tener una gran presencia.

En ocasiones, y a pesar del discurso poco amigo de los regionalismos que la formación mantenía a nivel nacional, UPyD participó de la mano del Partido Riojano (PR).

Hace unas semanas saltaba la noticia de la brusca ruptura entre ambas formaciones en el municipio de Lardero.

En diciembre de 2020 ha llegado el fin definitivo.

Las deudas del partido, su presencia casi anecdótica a nivel municipal (e inexistente a nivel autonómico y nacional) hacían inviable la continuación del partido como tal.

Actualmente, y a pesar de no seguir existiendo como partido, la antigua formación magenta sigue manteniendo un eurodiputado en el parlamento europeo ganado a través de su confluencia con Ciudadanos en las pasadas europeas.

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