Sanciones masivas para Rusia, ayudas para Ucrania. Polonia pide el ingreso «inmediato» de Ucrania en la Unión Europea

Ursula von der Leyen ha informado esta noche de que se desconectará a Rusia del sistema SWIFT y se congelarán los activos del Banco Central ruso. Esta es solo la enésima oleada de fuertes sanciones que se han decretado durante esta semana.

Todos los bancos del mundo desarrollado han cortado sus lazos con Rusia y no la financiarán. Se dice que incluso los dos principales bancos chinos evitarán hacerlo.

Turquía ha cortado el tráfico marítimo entre el Mar Negro y el Mediterráneo a todos los barcos rusos. En el norte de Europa, varios países han interceptado cargueros rusos antes de que estos pudieran llegar a su destino.

El grupo hacker Anonymous, que a decir verdad no es nada ni nadie en concreto, ha desatado contra el gigante euroasiático la mayor campaña de ataques de su historia.

Los diputados de la Duma y muchos oligarcas, magnates y altos políticos rusos han sido sancionados a estas alturas. Algunos de ellos tienen prohibido visitar países occidentales o acceder a sus cuentas en dichos Estados.

Varias aerolíneas están cancelando ya todos sus vuelos a Rusia. Países como Eslovenia han empezado a hacer lo propio y, finalmente, la UE ha accedido a cancelar todos los vuelos de aviones rusos.

Numerosas webs han decidido dejar de dar cobertura a Rusia. Paralelamente, el Kremlin ha restringido el acceso a Twitter o Facebook, entre otras, a sus ciudadanos, con todo lo que eso supone en la era de la información.

Intel y AMD han cancelado sus entregas a Rusia. Se rumorea que EEUU instará a gigantes tecnológicas como Microsoft y Apple a dejar de actualizar el software de usuarios rusos, lo que expondrá millones de terminales en dicho país a distintos malware.

La lista de sanciones es extensa y se alarga cada día. De momento no consiguen hacer que Putin de marcha atrás en su invasión, pero si la guerra se alarga indefinidamente pueden poner en serios aprietos al gigante ruso y forzarle a ser mucho menos exigente en las negociaciones de paz. En este sentido, no parece que los ucranianos vayan a rendirse en un lapso corto de tiempo y tampoco están aceptando las condiciones que Rusia está poniendo sobre la mesa.

Aunque seguramente Rusia tiene los recursos básicos (comida, agua, combustibles, armamento y municiones…) para continuar con esta guerra durante meses, no cabe duda de que la economía rusa va a quedar dañada (o ya está quedando dañada) a un nivel nunca antes visto.

Solo el Grupo de Puebla (extrema izquierda latinoamericana) ha pedido la retirada de las sanciones a la Rusia de Putin por las buenas relaciones e intereses comunes que tienen con su máximo dirigente, con el que comulgan poco en lo ideológico pero mucho en su rechazo a occidente.

¿Hasta qué punto le conviene al Estado ruso anexionarse territorios ucranianos al sur y este y desmilitarizar a su enemigo si el precio a pagar es terminar teniendo una economía casi como la de Corea del Norte?

Por contra, multitud de Estados y multinacionales se están volcando con el pueblo ucraniano.

A las grandes aportaciones europeas y norteamericanas en materia de armas, municiones, explosivos, drones, artillería e incluso dinero, se les van sumando otras que proporcionan los mismos países o entidades financieras y empresariales.

El magnate y dueño de Starlink, Elon Musk, acaba de informar de que se proporcionará cobertura de internet a Ucrania a través de la enorme red de satélites de Starlink.

Esta misma tarde, el presidente de Polonia, Andrzej Duda, ha pedido la incorporación inmediata de Ucrania a la Unión Europea.

Polonia apoya la vía exprés para la incorporación de Ucrania a la UE. El estatus de candidato debe aplicarse ya y las conversaciones de incorporación deben comenzar inmediatamente después

Hay muchas razones por las que esto no es posible. Ucrania es un territorio muy vasto de más de 40 millones de habitantes en el que la industria, la economía, el respeto a los DDHH, las garantías legales, las infraestructuras, los marcadores macroeconómicos, la corrupción o las normativas sociosanitarias no están ni de lejos dentro de los «estándares europeos» que se le exigen a cualquier país para entrar. No obstante, esta guerra puede convertirse en el catalizador que acelere el progreso de la candidatura ucraniana a la UE.

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