San Francisco despenalizó el hurto de menos de 800 dólares. Las consecuencias ya se hacen notar

San Francisco es una de esas ciudades norteamericanas para las que un político nunca es lo suficientemente «de izquierdas».

En pocas ciudades norteamericanas, el Partido Demócrata presenta unos candidatos tan escorados a la izquierda y tan vinculados a las teorías más extravagantes de ‘nueva izquierda’.

Unas de las políticas características de los alcaldes y gobernadores californianos de los últimos años van en la línea de «descriminalizar, desestigmatizar y aceptar» la pobreza.

En 2014 ya se aprobó la Proposición 47, que despenalizaba muchos delitos. Desde entonces, las políticas institucionales han ido muy en esa línea, en contraste con el duro código penal que tiene vigencia en otros estados.

Para combatir la «aporafobia» (miedo al pobre), la ciudad de San Francisco otorga subsidios a todo tipo de desposeídos, sin importar el origen y background que tengan.

En consecuencia, la bella urbe de SF se ha llenado de homeless (sintecho), que se hacinan en ciertos puntos de la misma y viven en tiendas de campaña.

Gracias a las ayudas del municipio y el estado, y gracias también al benigno clima californiano, los marginados sociales que no quieren trabajar pueden, como mínimo, sobrevivir con las necesidades básicas cubiertas.

Cabe señalar que, en EEUU, el que está en paro es porque quiere o no está dispuesto a aceptar cierto tipo de empleos. Además, los impedidos tienen más cobertura social de la que el europeo medio tiende a considerar.

La gota que colma el vaso.

Una de las últimas ocurrencias de las autoridades ha sido despenalizar los hurtos menores con botines de menos de 800 dólares.

Las consecuencias, como no podía ser de otra forma, no se han hecho esperar.

En este vídeo un ciudadano entra en bicicleta y con la cara tapada a un supermercado, seguidamente roba productos cosméticos y se marcha ante la pasividad del guardia de seguridad.

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