Que la mayoría de jóvenes españoles quiera ser funcionario, es un grave problema que nos está llevando a la autodestrucción

España es el único país del mundo en el que la contaminación marxista de las facultades de humanidades en las universidades es más abundante y lacerante. Un hecho que viene produciéndose desde comienzos de la “democracia” y cuya responsabilidad está compartida por todos los gobiernos, ha dado como resultado que seamos una sociedad “lastrizada”.

Y es aquí donde quería llegar, por poner un ejemplo, puede que la sociedad norteamericana esté más polarizada y radicalizada que nunca, pero no es aún, una sociedad desestructurada, carente de referencias morales, relativista en sus valores, ni rechaza sus tradiciones e instituciones.

España, desde la instauración de la “democracia”, ha realizado todos los impulsos, normas, estrategias y formación académica necesarias para ser un Estado fallido

Ejemplo claro de ello es esa progresiva desaparición del Estado, además, siendo castigado cualquiera que defendiese España por los responsables desde el primero hasta el último, para que el gobierno de turno pudiera contentar a quienes lo quieren destruir, en su beneficio propio.

El fracaso de las instituciones políticas y no sociales es un hecho irrefutable, y todos sabemos que su degeneración a manos de los últimos gobiernos que se aprovecharon de las fuerzas separatistas y desintegradoras, el PP y el PSOE de ZP y Sánchez, para beneficio espurio de ellos y perjuicio de la mayoría, ha dado como resultado lo que es hoy la sociedad española.

El primer resultado y el más grave de todo esto, es que España tiene una sociedad fallida

Primero, porque durante décadas se nos inculcó el Estado social, protector y proveedor. Y desde la transición se ha extendido esa cultura de todo es gratis y de que el Estado español debe pagarnos todo.

Nunca, ningún gobierno ha introducido el sentido de responsabilidad, de realismo, de adaptabilidad y de futuro en nuestro sistema educativo

¿Graduarse con suspensos? ¿podrá ser intervenido quirúrgicamente por un médico que no ha aprobado todas las asignaturas? y ¿construir una casa cuyo arquitecto tampoco hubiera pasado todas las asignaturas?, pero claro, ¿qué respuesta le puedes dar a un joven cuando pregunta por su futuro si Irene Montero es ministra o Adriana Lastra es diputada?, pongo estos nombres solo como ejemplo, teniendo claro el lector que es todo el arco parlamentario el que está aquejado de este mal, de izquierda a derecha. De igual modo, como ocurre en las empresas, la judicatura, el ejército, la sanidad… En definitiva, todo lo que hace que una sociedad funcione correctamente.

Mientras tanto, en la Iglesia Católica, los obispos españoles vienen posicionándose siempre con el poder establecido, sin discernir nada y sin vacilar, no vaya a ser que se les enfríen los pucheros

Anquilosada, lastrada por sus miedos y carencias morales, carente de atracción, sin referentes espirituales y con sus vaivenes cardenalicios, ha dado como resultado que sea la Iglesia Evangélica y no la Iglesia Católica, la que movilice a sus fieles. Si no fuera por ellos, habría más musulmanes orando el viernes en las mezquitas, que católicos en misa los domingos. Otro ejemplo claro de por qué España, país de tradición católica, es un estado fallido.

Escupir en las tradiciones porque respetarlas no es de modernos; abandono de los valores de la familia, la responsabilidad y el trabajo, porque esto es de pánfilos, de tontos, de carcas. Una cultura de izquierda que prefiere que sólo haya pobres en vez de cultivar la cultura del esfuerzo y del resultado meritorio, es lo que lleva a que muchos prefieran un subsidio público a ponerse a trabajar y a desarrollarse, no solo como personas, si no como sociedad con visión de futuro.

Que la mayoría de jóvenes quiera ser funcionario, es un grave problema que nos está llevando a la autodestrucción

Es más, tras las últimas declaraciones de Alberto Núñez Feijóo, si alguien piensa que el Partido Popular salvará a España, que se quite esa idea de la cabeza porque ellos sólo están en reconstruir sus instituciones estatales, pero de su Estado.

La sociedad española necesita reconstruir su propia sociedad de arriba abajo, y esto es una revolución cultural que, de momento, no se atisba ni en el horizonte lejano, ya que la historia nos ha enseñado que nunca son pacíficas, para más inri.

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