¿Prefiere una clavija o un Clavijo?

Como bien ha de recordar, amable lector, una «clavija», según el Diccionario de nuestra hermosa lengua española, es entre otras acepciones, una “pieza de madera con oreja que se usa en los instrumentos musicales con astil, para asegurar y arrollar las cuerdas”. Estaba su servidor reflexionando sobre ello porque, mientras escuchaba unas piezas de una obra de J. S. Bach, titulada “El clave bien temperado”, pensaba en lo correcto y necesario que es tener bien afinados los instrumentos para obtener una ejecución perfecta de la armonía…

¿A qué viene esto? Bueno, ya ve usted que la mente se dispersa por muchos caminos, y que, según el dicho, todos llevan a Roma, porque esa armonía y ejecución “temperada” nos vendrían excelentemente bien en la “orquesta” que ha de ser la sociedad y cada núcleo que la integra –desde la familia hasta la escuela, desde las más altas instituciones del Estado hasta las más pequeñas asociaciones de vecinos–.

Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y que de «clavija» –“llavecita”, en buen latín, de clavicula– a «Clavijo» solo va una letra de diferencia, continuó mi pobre mente pensando en esa bella localidad riojana, en lo desconocida que es para la inmensa población, y en la Batalla que allí se desarrolló en el monte Laturce durante el proceso de la Reconquista –siendo otro hecho histórico tan desconocido o más que la población cuyo nombre ostenta–, un 23 de mayo del año 844, y que es continuación del inicio de la misma gesta histórica empezada en la Batalla de Covadonga –librada en el año 718 o en el 722, según diversos autores–.

Por supuesto, de poco sirve indagar por información veraz, rigurosa y auténtica en los “buscadores” más conocidos –que tildan ambas batallas como algo “mitológico” o como una “leyenda”–, por lo que este columnista curioso e inquisitivo quiso ahondar en fuentes más directas, que careciesen de prejuicios de “memoria histórica”, “memoria democrática” y zarandajas de ese estilo. Así las cosas, y pese a que el CISDE y otras “reputadas” (muy “reputadas” y harto “reputadas”) instituciones afirman que nunca existió tal «Batalla de Clavijo», hablé, pregunté, indagué y removí lecturas, personas, conversaciones y viajes para quitar de mi mente todo género de dudas (porque, para mis adentros, meditaba en la acuciante necesidad que tenemos precisamos tanto de una clavija para afinar como de un Clavijo para rememorar, valorar y reconquistar), y ¡oh sorpresa!, encontréme con las obras de Don Tomás Rubio de Tejada, que con sólidos argumentos y reproducciones en facsímil de documentos casi desconocidos universalmente de la historia de la España antigua (como el Códice Albeldense de Gomesano, por ejemplo), me iluminaron y despejaron toda duda. ¡Ni “mito”, ni “leyenda”, ni ensoñación fruto de la melopea de algún nostálgico «facha», sino documentación real, histórica, pura y dura, de las de “duela a quien duela”!

Pero dispénseme, señor lector… Creo que me faltó algo… Recordarle a usted qué fue la Batalla de Clavijo. Fue una gesta en la que el decimoprimer Rey de Asturias y Galicia, D. Ramiro I, se enfrentó a las hordas de Abderramán II, derrotándolas en esta llamada «segunda batalla de Albelda», a 16 kilómetros de Logroño, e impidiendo su ascenso a Álava. Así de sencillo. El hecho de que se atribuyese la victoria a la intervención del Apóstol Santiago, llegándose a pensar que participó en tal contienda, consta tanto en la pequeña pero hermosa (aunque casi ruinosa) iglesia post-románica de la localidad, en cuya clave (¡vaya, clavija, Clavijo… ¡es la clave!) se vislumbra la Cruz de Santiago, como en los antiguos códices (aunque historiadores como Masdeu, muy poco críticos y sí muy criticones, lo niegan). Su servidor, como bien entenderá usted, no estuvo en la contienda del siglo IX allí, ni lo presenció, por lo que no puedo admitirlo ni descartarlo, pero la Batalla de Clavijo, digan lo que digan los autores posteriores al siglo XVIII, es un hecho constatado, que frenó la invasión musulmana en el norte de España.

Entonces, tras lo escrito, sigo pensando que necesitamos metafóricamente (o analógicamente, si prefiriere usted) tanto una «clavija» –esperando poder “afinar” la armoniosa convivencia social, sin ideologías, “politiquerías”, abusos legislativos, etcétera– como un «Clavijo» –no tanto en sí por los creyentes en el Islam, aunque algo sabemos de esos fanatismos basados en el Corán, sino por la imprescindible reconquista de valores, principios y fraternidad entre españoles, tan fragmentada hoy por obra y gracia de destructivos partidos políticos, perjuros legisladores, satánicos representantes de “-ismos” de toda índole y apáticos ciudadanos–. ¡Es tiempo de “apretar las clavijas”, señor lector, a todo aquél que quisiere profanar esta Patria tan noble que ha brillado y brillará, pese a los negros nubarrones que se han presentado por el horizonte histórico, al lado izquierdo!

Si coincide usted conmigo, concluyo: si se ha de elegir, prefiero un «Clavijo» a una «clavija», porque tiempo habrá de “afinar” tras tener paz. Y pese a que aborrezco expresiones análogas, y que ruego al Todopoderoso con todas las fibras de mi alma que no suceda cosa tal, el adagio latino es certero: Si vis pacem para bellum… Después, ya afinaremos, ya. Pero con orquesta depurada, instrumentos precisos y correctos, y voluntad preclara para avanzar como Nación lo que desde Viriato, Numancia, Covadonga, Clavijo, Granada, Gerona, Zaragoza, Madrid… tenemos como ejemplo no tan oscuro ni olvidado.

@CondestableDe

Un comentario en «¿Prefiere una clavija o un Clavijo?»

  • el noviembre 4, 2021 a las 9:39 pm
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    Magnifico artículo;muchas gracias por su impagable labor.

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