¿Por qué la derecha riojana se empeña en que gobierne Concha Andreu?

Asistimos estupefactos a la pésima actuación que ofrece la derecha riojana de cara a vencer a la izquierda en los próximos comicios. Cabe preguntarse si se pueden hacer peor las cosas o si simplemente es una cuestión de egos, donde lo importante no es derrotar a socialistas y comunistas sino aferrarse a un sueldo al que ciertos personajes solo pueden acceder a través de la política.

Estamos en un momento en el que por primera vez en tres años las encuestas dictaminan que la mayoría absoluta del Partido Popular está muy cercana, y que en el caso de no alcanzarla la misma sería posible con el apoyo de Vox, si lograse sacar representación.

Sin embargo, las derechas, parecen querer enfrentarse a estas buenas estimaciones de voto adoptando decisiones totalmente contrarias al sentido común. Esta imagen de desconcierto a la que nos están acostumbrando puede llevar a la abstención de muchos de sus simpatizantes a pesar de contar con capacidad suficiente para derrocar a unos de los peores gobiernos autonómicos y municipales que hemos tenido desde los inicios de la democracia.

Las cavernas de la política han tenido su principal plasmación mediática esta semana con la entrada en liza de Carlos Cuevas, y su séquito, en el devenir de las primarias a celebrar en el próximo Congreso Regional del Partido Popular.

Los dirigentes nacionales del PP, por motivos que solo ellos conocen, han ido dilatando la celebración del citado Congreso hasta límites insospechados. En lugar de elegir un líder que, con tiempo, pudiese formar un equipo de garantías, se han dedicado a posponer este importante evento dejando al afiliado incrédulo ante tanto vaivén interno.

Cuando parecía que Alfonso Domínguez iba a conseguir vertebrar a las distintas familias populares, llegando incluso a cerrar acuerdos con Alberto Bretón e incorporando caras nuevas a su equipo, resulta que surge un nuevo enredo con la aparición de protagonistas al margen de los dos contendientes iniciales, acrecentando la incertidumbre entre las filas populares.

La aparición de una tercera vía, que paradójicamente clama por la unidad, resulta que lo que ha conseguido es, precisamente, crear mayor inestabilidad en perjuicio de su propio partido

El error que está cometiendo una parte del PP riojano es mayúsculo y puede dificultar el traspaso de votos que necesitan obtener de los descontentos del PSOE, de Ciudadanos y del Partido Riojano, como no reviertan en un corto plazo dicha situación.

En cuanto a Vox, las encuestas dictaminan una clara bajada de estimación de voto en los últimos meses en La Rioja pasando del 11% al 6%, muy por debajo de la media nacional que ronda el 17%. Han perdido un tiempo decisivo para consolidar una estructura de confianza y las divisiones internas existentes pueden ir acrecentándose a medida que se aproximen las elecciones y surja el despiadado combate por ocupar la posible poltrona.

Que la valoración de los dirigentes riojanos de Vox esté muy por debajo incluso de los de las formaciones podemitas, ocupando los puestos 20 y 21 de una terna de 22 políticos y solo superando a la tránsfuga Raquel Romero, debería de hacer reflexionar sobre los motivos que provocan la falta de liderazgo y la ausencia de empatía de esta formación con la población riojana.

Mientras tanto, Concha Andreu coge oxígeno en un momento que tendría que ser de total debilidad para ella y para su gobierno. Vuelve a creer en sus opciones de triunfo y motiva a sus bases para que peleen por la victoria.

No son momentos para experimentos, ni para debilidades, ni para vagancias. Tanto el Partido Popular como Vox tienen que centrarse en asentar bien sus cimientos, aparcar los conflictos internos y determinar líderes con buenos equipos que sean cercanos al sentir mayoritario de los riojanos.

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