Partido Popular y Vox han de tomar La Rioja

Aunque la situación de partida de La Rioja y de Madrid es distinta, el vuelco electoral acaecido en Madrid, en favor del centro-derecha, también debe tener su reflejo en La Rioja.

La forma de afrontar la pandemia por Isabel Díaz Ayuso y por Concha Andreu difiere totalmente. Son dos estilos muy distintos a la hora de ejercer el liderazgo.

El liderazgo de Ayuso se ha basado en una actitud decidida, cercana al ciudadano y protectora con el “bolsillo” de los madrileños, tomando medidas innovadoras y creativas tanto en lo sanitario como en lo económico.

El liderazgo de Concha, si se puede llamar así, ha consistido simplemente en adoptar medidas restrictivas, encerrar todo lo posible a los riojanos en sus casas, manifiesta falta de empatía y que salga el sol por Antequera.

A pesar de las citadas diferencias en la manera de actuar de cada Presidenta, ambas Comunidades Autónomas han tenido niveles más o menos similares de afectados por la Covid, aunque sí se puede aseverar que económicamente la región madrileña se ha visto mucho menos afectada que la riojana y, sin duda, la manera de hacer frente a las dificultades por parte de Ayuso ha merecido el reconocimiento mayoritario y aplastante de la ciudadanía a través de las urnas.

En La Rioja, sin embargo, queda claro que la gestión realizada por Concha Andreu no es aplaudida por gran parte de la población, y el descontento debería de tener su plasmación en las próximas elecciones autonómicas, previstas, salvo adelanto electoral, para mayo de 2.023.

El PSOE riojano ha perdido su esencia programática y de defensa de las libertades, con unos representantes muy alejados de los postulados clásicos del socialismo pero muy cercanos al Sanchismo, principalmente en el caso de la Presidenta.

Concha Andreu ejerce un control férreo de sus militantes de puertas adentro del PSOE, pero no es una líder fuera de su partido

No tiene la capacidad de convicción ni el carisma de Ayuso, siendo muy dependiente de las órdenes marcadas por Pedro Sánchez, lo cual en nada le favorece.

Pero aún así, ahora mismo es la única cara visible en la política riojana que puede servir de referencia para muchos votantes indecisos, ante la indefinición del resto de partidos.

Sin embargo, en La Rioja el cambio de Gobierno es posible. Incluso, fácil, me atrevería a afirmar. Pero para que se produzca un cambio con carácter próximo, no se debe apostar únicamente al posible desgaste del rival por el paso del tiempo. Los partidos de la oposición deben de actuar con anticipación, realizar cambios y ganarse la confianza de la ciudadanía en base a un buen dosier programático.

El Partido Popular, aunque tarde, parece que está saliendo de su letargo. José Ignacio Ceniceros, en breve, va a poner en marcha el proceso para su sucesión. Ya era hora, pero más vale tarde que nunca.

Ceniceros ha pasado sin pena ni gloria durante estos dos años de gobierno socialista, apenas se le ha oído y no ha sabido llevarse el reconocimiento de los riojanos en una época en la que, por el bien de la región, debería de haber sido contundente en la crítica hacia muchas de las actuaciones tomadas por Concha Andreu y debería haber elaborado con más determinación una lista de medidas alternativas a adoptar, principalmente en lo que afecta a la gestión económica y social llevada desde el “Palacete”.

Para alcanzar sus pretensiones de gobierno, será necesario que este proceso iniciado por el PP no sea solo de sucesión, sino que sea también de renovación. El Partido Popular en La Rioja necesita frescura, nuevos dirigentes que aporten novedades a un partido que parece anquilosado en las estructuras y nombres de hace 20 años.

El PP tiene la obligación de intentar atraer nuevos talentos o gente experimentada que provengan del ámbito laboral privado. La tarea no es fácil, pues no parece que ahora mismo dentro del partido cuente con nadie capaz de asumir un liderazgo atractivo para la ciudadanía riojana.

El caso de Vox es mucho más complicado. Ahora mismo no aporta absolutamente nada a la política riojana. En la dirección del partido cuentan con buenos líderes, como Santiago Abascal, que ejercen de locomotora, pero no ocurre lo mismo en algunas regiones como La Rioja.

Maite Arnedo, presidenta de Vox Rioja, apenas es por nadie conocida, y la ausencia de propuestas, de discurso y de presencia en medios de comunicación hacen muy complicado que obtenga ninguna representación significativa en el Parlamento Riojano o en el Ayuntamiento de Logroño.

Si el Partido Popular parece que ha comenzado a hacer sus deberes, en el caso de Vox no está tan claro

Contarían de inicio con un apoyo social bastante relevante, proveniente de votantes del Partido Popular, de Ciudadanos e incluso del sector obrero tradicionalmente de izquierdas, pero es necesario dotar a este partido de una representación política de más talla, una mayor visibilidad mediática, así como de una mejor estructura regional, desaparecidas tras la “purga” realizada hace algo más de un año y que supuso la salida, por la puerta de atrás, de algunos miembros de Vox Rioja.

En La Rioja, el voto a Vox solo será útil si tiene visos de obtener representación, como ha ocurrido en Madrid, porque de lo contrario el único voto práctico de corte liberal y/o conservador seguirá siendo el del Partido Popular.

Los números son claros. El único objetivo es lograr la mayoría en las próximas elecciones. Si ambos partidos aciertan en los próximos pasos a dar, el centro-derecha conocerá de nuevo la victoria y el PP volverá a gobernar en La Rioja, en solitario o en compañía de Vox.

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