¿Para qué sirven las leyes si nadie las hace cumplir allí donde sólo interesa la impunidad?

En todas partes, el Estado ha sido el principal beneficiario de la pandemia, de oriente a occidente. En los regímenes que ya eran antes totalitarios, con una vuelta más al lazo del cuello de sus súbditos en la subyugación de sus derechos, y en las democracias saboreando las mieles de las dictaduras poniendo en jaque el discurso liberal y aumentando la injerencia en todos los sectores sociales, saltándose todas las reglas democráticas e imponiendo por la fuerza medidas restrictivas, en el caso de España, para más abundancia ilegales.

Gobernar a golpe de decretos y órdenes ejecutivas, de espaldas al legislativo y a la ley, esa ha sido la tónica dominante

En el caso de España, agravado por las sentencias del Tribunal Constitucional que ha condenado al actual gobierno por violar reiteradamente el marco constitucional, con el aplauso de miles de iletrados que a las 20:00 horas de cada tarde, salían a aplaudir como focas mientras todos sus derechos, que estos si costaron sangre sudor y lágrimas, estaban siendo pisoteados reiteradamente en pos de una burda escusa.

Mientras que parece que no hay euros para mejorar nuestro sistema de salud, claramente deficiente en momentos de tensión aguda y de distensión, no hay más que ver la opinión de la ciudadanía, Sánchez se gasta el dinero de Europa en cosas como “la perspectiva de género de la producción del café”, para cuyo estudio se asume, que se han ido un millón de euros según el propio BOE.

La utilización partidista también ha quedado claramente evidente. No sólo el gobierno ha jugado con las vacunas, primando a sus socios y castigando a las regiones que, como Madrid, le resultan incómodas o insumisas, sino también con las normas relativas a los confinamientos.

Ahora el Partido Popular de Pablo Casado, decide cancelar las cenas de Navidad escudándose en la variante Omicron, aunque todos sabemos que sus decisiones tienen poco que ver con la protección y la salud de los suyos, sino con el deseo de cargarse a Isabel Díaz Ayuso, que es la verdadera líder de la oposición.

Aquí todos juegan con nuestra salud y quieren sacar partido de ello, siempre a través del miedo y del desconocimiento, bien esparcido por los medios de comunicación absolutamente irresponsables y al servicio mediático del poder, comprados siempre por las subvenciones.

Y, sin embargo, la población española en general ha seguido a rajatabla las recomendaciones y normas sanitarias, incluso siendo ilegales

Desgraciadamente, ya sea por miedo, obediencia a los poderes públicos o simple apatía, el resultado es que cuando una sociedad se suma a la obediencia total y se hace acrítica e indolente, lo mejor que puede pasarles es la extinción. Una verdadera pena.

Preguntas que hacerse, ¿Para qué sirve un Tribunal Constitucional que condena a un gobierno pero cuya sentencia no tiene consecuencia alguna? ¿Para qué sirve un Rey que está preso del chantaje permanente por las acciones, cuanto menos reprobables, del Rey Emérito? ¿Para qué sirve una justicia que es desoída, como en el caso de Juana Rivas, porque lo único que busca el gobierno es un rápido y ejemplar indulto, incluso sacrificando la seguridad de un niño?

¿Para qué sirven las leyes si nadie las hace cumplir allí donde sólo interesa la impunidad, como en Cataluña?

Dicho todo lo cual, pónganse la tercera dosis y hagan vida todo lo normal que pueda. Y que tengan unas muy felices Navidades. Que a lo mejor, el año que viene a estas altura estamos con que El Niño Jesús nunca nació, los belenes son una tradición patriarcal y los turrones unas bombas calóricas a suprimir.

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