Pan, circo y combustible

El otro día, como quien dice, comentaba con un amigo a altas horas de la tarde del sábado una serie de cuestiones, entre las cuales, como no podía ser de otra forma, se hallaba el tema de moda, el precio de los combustibles.

La misma mañana del sábado, al repostar mi vehículo, fui testigo de otra subida más. A la fecha en la que escribo estas líneas, ya hemos superado los dos euros el litro, y aquí no ha pasado nada. Sí, está muy caro. Sí, estamos llegando a un punto en el que tener coche será cosa de ricos, esos ricos que tan mal lo iban a pasar, según este Gobierno progresista, vía impuestos. En definitiva, todos, y cuando digo todos me refiero a los españoles de a pie, nos quejamos ante la dificultad cada vez mayor para llenar el depósito; no obstante, nadie hace nada.

No quisiera pensar mal al respecto, sin embargo, no veo más alternativa dada la situación que nos ofrece este momento de la Historia. Desconozco si este comportamiento (quejarse y no hacer nada) es una parte más del ADN del ciudadano español promedio, o si esto se debe a una lobotomía de la sociedad fruto de la estrategia de las élites de la sociedad para mantenernos controlados. Llamadme paranoico, si queréis.

No es imposible pensar que toda esta forma de actuar; mejor dicho, de no actuar, se deba al hastío, la desgana, la desmotivación, el desánimo, como lo quieran llamar. Según el principio de la navaja de Ockham, “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”. Ello no excusa que nosotros como colectivo, continuemos con este comportamiento servil y sumiso impropio de los herederos de los bravos españoles que en su día lograron conquistar medio mundo. No, señor.

Algo que, a nivel personal me indigna, es lo ocurrido hace pocas semanas en la ciudad de Madrid, por poner un ejemplo. Y es que, a nadie se le escapa que el Real Madrid ha añadido otro título más a su larga lista. Espero decirlo correctamente, servidor no es precisamente forofo de ningún equipo, ni del deporte rey, en general. No es el fútbol santo de mi devoción. Decía, volviendo al asunto, que uno va paseando por las calles de Madrid rumbo a Príncipe Pío, y se da cuenta de que tanto Sol como Cibeles están abarrotadas de gente. No cabe ni un alfiler. Como sardinas en lata, todos queriendo ver a los jugadores del Madrid alzar el copón y celebrar con ellos la victoria, o lo que sea. Me parece bien, pero… ¿nadie va a hacer lo mismo por el precio de los combustibles?

Me inclinaba a pensar, algún párrafo atrás, que la no actuación del ciudadano en según qué historias se debía a esa especie de lavado de cerebro que se nos ha hecho a la mayoría de la población. Son los acontecimientos como este los que me incitan a asumir que el pueblo prefiere ver a los gladiadores bañados en la sangre de sus enemigos antes que preocuparse por llegar a fin de mes, llenar el depósito a un precio más razonable… en fin, las cosas del día a día.

Para cuando nos falte el sustento, más pronto que tarde, el servil españolito de a pie se arrodillará frente a papá Estado a suplicar por un poco de pan, y dar de paso las gracias por la aplicación de no sé qué descuentos sobre según qué cosas. Nos toman por tontos.

Parece que nos da vergüenza en general levantarnos y señalar los problemas que realmente importan. No, por Dios, que me tachan de facha. ¿A quién le importa ahora? Algunos ya nos hemos cansado de la normalización de la subida de los precios, del recorte de libertades, del encarecimiento del nivel de vida, de esta España de rojos, que decía, algunos “de hambre y piojos”. Ya está bien.

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