No discuta usted con burros…

Permítame que traiga hoy a su memoria una fábula que muchos aprendimos o escuchamos desde pequeños, para que juntos reflexionemos acerca de cuánta verdad hay en ella, o cómo adaptarla a las dolorosas realidades que cada día nos tocan vivir en nuestro país y en el mundo… La fábula decía así, más o menos:

Un día, el burro le dijo al tigre: “El pasto es azul”. El tigre respondió: “No, el pasto es verde”. La discusión fue subiendo de tono, y los dos decidieron someterlo a un arbitraje, acudiendo ante el león, el Rey de la Selva.

Ya antes de llegar al claro del bosque, donde el león estaba sentado en su trono, el burro empezó a gritar: “León, ¿es cierto que el pasto es azul?”. El león respondió: “Cierto, burro, el pasto es azul”. El burro se apresuró, y continuó: “El tigre no está de acuerdo conmigo y me contradice y molesta, por favor, castígalo”. El león entonces declaró: “El tigre será castigado con 5 años de silencio”. El burro saltó alegremente y siguió su camino, contento y repitiendo: “El pasto es azul”

El tigre aceptó su castigo, pero antes le preguntó al león: “¿Por qué me ha castigado?, después de todo, el pasto es verde”. El león respondió: “De hecho, tigre, el pasto es verde”. El tigre preguntó: “Entonces, ¿por qué me castigas?”. El león respondió: “Tu castigo no tiene nada que ver con la pregunta de si el pasto es azul o verde. El castigo se debe a que no es posible que una criatura tan valiente e inteligente como tú pierda tiempo discutiendo con un burro, y encima venga a molestarme a mí con esa pregunta”.

Fin de la fábula.

Reflexionemos, pues, usted y yo, señor lector. Hay quienes dicen que la peor pérdida de tiempo es discutir con el necio y el fanático –al que no le importa la verdad o la realidad, sino sólo la victoria de sus «creencias», «ideologías» o «ensoñaciones»–, y que jamás se ha de perder el tiempo en discusiones que aparentemente –e incluso lógicamente– no tienen sentido… Cierto es que hay personas que por muchas evidencias y pruebas que les presentemos, no están en la capacidad de comprender, y que otras muchas están cegadas por el ego, el odio y el resentimiento, y lo único que desean es tener la razón –aunque no la tengan–. Por eso, el refrán afirma que “cuando la ignorancia grita, la inteligencia calla”, y no sin razón, como cuando Don Quijote le recuerda a Sancho que hay que dejar que los perros ladren.

Ahora bien, he de manifestarle que, en mi humilde opinión, la moraleja de la fábula no es aplicable hoy en día –al menos en las circunstancias en las que está nuestra Patria–, porque nos ha conducido, por el momento, a un «buenismo silente» que ha permitido al mal medrar como la cizaña en un campo, o como pulgas en un perro. Si bien es cierto en muchos casos que –al igual que también nos recuerda el Refranero– “más vale tener paz que tener razón”, hoy yo no daría la razón al león, puesto que no considero que debamos seguir callados en estos momentos. Más bien, todo lo contrario. Hemos de alzar la voz fuerte y clara ante la ingente cantidad de “burros” fanáticos, lerdos, ignorantes y ciegos –que se han reproducido como conejos, o multiplicado como virus, si lo prefiere–, porque están en juego cosas más importantes que una opinión, una idea o un parecer: ¡peligra la Patria, peligran los valores, peligran las familias, peligra la fe, peligran nuestras vidas y la herencia de los niños de hoy para un futuro que se vislumbra más negro que el carbón!

Claro, lo anterior solamente es válido si usted se considera un “tigre” –en el sentido de la valentía e inteligencia, no de la animalidad, por supuesto–, ya que no contamos con un león que pueda arbitrar (y es que no creo, y lo digo con harto dolor, que ni el Consejo General del Poder Judicial, ni Su Majestad el Rey, los únicos que constitucionalmente pueden y deben ejercer la función del juicio, arbitraje y moderación, puedan o quieran hacerlo). Doy por seguro que usted no se considera el burro de la fábula. Entonces… si no es usted el burro, y si tampoco hay león que intervenga, no queda de otra que ser «tigre valiente e inteligente».

Insisto: ¡basta ya de callar! Si bien es cierta la máxima de Gandhi de que “si seguimos aplicando el «ojo por ojo», el mundo se quedará ciego”, también lo es que “todas las cosas tienen su tiempo”, “tiempo para callar y tiempo para hablar”, como lo afirmó milenios hace el bíblico texto del Eclesiastés (Sir. 3,7).  

Por eso, amable lector, sin despreciar las virtudes cardinales, en especial la prudencia, y sin caer en los excesos de ser iracundos, fanáticos y negativos, le invito a que, con toda la educación pero también con la necesaria firmeza y contundencia, alcemos todos nuestras voces en una sola, ante los “burros”, y seamos “tigres” valientes e inteligentes, sin miedos ni falsos pudores. No esperemos que otros «nos saquen las castañas del fuego», porque cuando ya se socarraron, ni castañas quedan… ¡Nosotros debemos hacerlo! ¡Juntos, con calma, sí, pero con tesón y valentía! Creo que España merece la pena hacerlo… ¿Usted no lo cree así?

@CondestableDe

@LaReconquistaD

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