Mario Conde afirma que «España carece de intelectuales»

El polémico abogado del Estado y expresidente de Banesto, Mario Conde, ha publicado en sus redes sociales un escrito donde analiza la situación de España y destaca la falta de intelectuales para combatir el discurso único.

Así reza su publicación de instagram:

Los indultos a los independentistas han abierto una secuencia de consecuencias que todavía no son del todo visibles. El haber relegado al Rey al papel —aceptado por la Corona— de mero seguidor de las decisiones del Gobierno social-comunista de Sánchez, sin siquiera la posibilidad de “arbitrar” en temas de Estado (sin duda los indultos lo son) tal vez acarree consecuencias para la Monarquía a medio plazo.

Se ha evidenciado que España carece de intelectuales, porque quiénes presumen de serlo, abrumados por el miedo e instalados en la conveniencia, han rehusado siquiera argumentar en asunto de capital importancia. El intelectual con miedo es un mercenario que arrienda su intelecto al servicio del poder, cubierto de un fatuo y falso disfraz de independencia, mientras se refugian en la cobertura que les proporcionan los medios del Sistema, instrumentos de ataque al discrepante o molesto, labor en la que es maestro de maestros El Pais, como acaba de suceder, por enésima vez conmigo, a propósito de una increíble sentencia de la Audiencia Nacional en materia tributaria…

Me duele ver a la abogacía del Estado —en este y otros asuntos— que remata lo que percibo como una trayectoria de alejamiento de los esenciales postulados ese gran Cuerpo Jurídico.

Se ha evidenciado que esta España — ¿está en nuestro ADN?— odia la inteligencia, la capacidad de resistir, la integridad de principios, la no cesión al imperativo del poder, el no venderse por los platos de lentejas que el Sistema ofrece.

Hoy los independentistas indultados siguen diciendo que trabajarán por la independencia como sea, con referéndum o sin él. Era obvio. Pero las consecuencias de lo actuado se manifestarán.

Algunos lo sabíamos y tratamos de ayudar. Pero, insisto, ese odio a la inteligencia es la esencia de un país instalado en una vanidosa y maledicente mediocridad.

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