Macarena, ¡vuelve!, España te necesita

Aún no había comenzado las vacaciones, el tan esperado periodo estival del mes de agosto, cuando nos convulsionó la noticia de la dimisión de Macarena Olona. La gran Macarena acababa de dimitir después de tener una larga conversación con Santiago Abascal, como vimos plasmada en aquella instantánea donde se veía departir a Santiago Abascal y a ella sobre su partida. Para mí fue un shock, y aunque se alimentó la idea que, fundamentalmente, había sido por problemas de salud; entendible por el enorme derroche de fuerzas que hizo gala la gran Macarena, los que conocíamos un poco la situación, no tanto de Macarena, que también, al margen de posibles problemas de salud, sino la del propio Vox con algunos miembros de su cúpula, sabíamos que había mucho más detrás de aquella decisión, mucho más de lo que se podía percibir. Pero como no tengo ninguna adscripción a ningún partido, aunque de estarlo, lo estaría en Vox, expongo, lo que a mi parecer es el fondo de la cuestión. Me siento libre para poder escribir sobre estas cuestiones sin ataduras, sin obligaciones y con total libertad. Por esta razón, tengo la obligación moral de opinar al respecto de lo que puede ser la primera, y esperemos la última, crisis del partido que un día puede gobernar España.

Sabemos que en Vox recaló gente, que al principio no se le dio importancia pues había que sumar y no dividir, por ello, personas con ciertas ideologías de otros tiempos, decidieron que Vox les podría representar en base a que en este partido también recalaron personajes que representaban a la perfección lo que aquellos ciudadanos buscaban: la representación de viejos estereotipos ideológicos que ya no encajaban en nuestra sociedad. Pero poco a poco, esos ciudadanos, como también ciertos componentes de la cúpula del partido, eran cada vez más incompatibles con la idea primigenia del famoso movimiento social, de derechos y de libertades que representaba e ilusionaba enormemente Vox.

Andalucía: el detonante de la discordia

Pero el resultado de Vox en Andalucía, con Macarena a la cabeza, sin ser malo, puesto que creció en votos y representantes, pero donde no tuvo el resultado que todos esperábamos, si además de eso, a Dª Macarena no se le ha permitido liderar un equipo para resaltar, rescatar y engrandecer a Vox en aquella comunidad autónoma, imponiéndose los postulados de personas que representan idearios poco edificantes que, además, contribuyen a mantener la «leyenda negra» sobre que Vox es un partido de extrema derecha, fascista, franquista o nazi. Acusación, por otro lado, poco o nada combatida, a pesar que es un insulto que afecta a más del 90 % de los simpatizantes del partido, pero que rara vez se sale a los medios a combatir ese mantra. Pero al final, si esto no se combate, la inmensa mayoría de esos medios y la inmensa mayoría de los ciudadanos que ven esas televisiones, se quedan con lo que machaconamente les cuentan esas TVs: que Vox es un partido radical de extrema derecha. Esta es, posiblemente, una de las razones por las que Vox no ganara las elecciones en Andalucía, pues las TVs y el resto de medios se encargaron de manipular el mensaje dejando a Vox al mismo nivel que el partido de Mussolini.

Pero en cuanto no van las cosas todo lo bien que uno quiere, las incompatibilidades personales y algunos dogmas que existe en este partido, impuestos por personas, posiblemente, un tanto sectarias y radicales en sus conceptos ideológicos, salen a la luz en forma de presiones por parte de algunos que quieren imponer sus criterios al resto.

Seamos claros, Vox, al igual que en la mayoría de partidos, existen varias formas de ver un mismo pensamiento; uno, desde la racionalidad, desde el concepto mismo del liberalismo más audaz, desde un prisma ideológico abierto a lo que necesita España, a lo que demanda la ciudadanía, sobre los pilares fundamentales de la unidad de España, la defensa de la nación española, de sus símbolos, de la libertad de empresa, de la propiedad privada, de la igualdad real entre hombres y mujeres, en la diversidad y las diferentes opciones sexuales, religiosas,  sobre la defensa de nuestras costumbres, de nuestra cultura, nuestra historia y nuestro legado en todos los órdenes. Y el otro, donde aprovechando que hay una extrema izquierda revitalizada por un gobierno sátrapa y totalitario, a la vez que marxista, salen las viejas costumbres anquilosadas en el tiempo de idearios poco edificantes, de extremismos que creíamos ya perdidos y pasados, de conceptos que ya nada tienen que ver con un partido que defiende ante todo la libertad, como para querer imponer en ese partido ideas extremistas que nada tienen que ver con el movimiento social y patriótico que significó el nacimiento de Vox. Por ello, y recuperando aquella frase que pronunciara el estafermo de Mariano Rajoy, cuando dijo aquello de:

«Si alguien quiere irse al partido liberal o conservador, que se vaya«. En este caso habría que decir, si alguien quiere irse al partido de la Falange, que se vaya, si alguien quiere irse al partido de Cristo Rey, que se vaya, o que se vayan al partido que crean conveniente, pero que dejen en paz a Vox, pues flaco favor harán a España si se aferran en mantener a determinados personajes que, sin negar sus méritos en la creación de Vox, ahora, y en este preciso momento, Vox necesita más que nunca a personas de tanta valía que sería imposible pensar que nuestra patria pueda salir adelante sin su inestimable participación, sin su inteligencia política y sin su valerosa entrega a los intereses de los ciudadanos que, en definitiva, Vox se debe a ellos y los ciudadanos de bien se deben a España.

Macarena Olona Choclan tiene que volver a Vox, pues España necesita a Macarena y Macarena necesita a Vox para salvar a España. El ideario primigenio, el germen que alimentó a Vox, fue ser un movimiento social y patriótico para salvar a España en los peores momentos de su historia reciente. Ese es su enorme y gran cometido, un reto de magnitudes colosales a tenor de cómo están dejándola estos criminales.

Aquellos que anteponen sus intereses a los intereses de la inmensa mayoría que un día creímos en ese movimiento patriótico, deben de irse en silencio, sin hacer ruido y por supuesto sin perjudicar a Vox. Lo diré claro y sin tapujos, pero de forma diplomática para no dar «munición» a los enemigos del partido, que muchos o en su inmensa mayoría son enemigos de España; aquellos que crean que Vox es la plataforma perfecta para reivindicar políticas que ensalcen ideologías de otras épocas, aquí ya no tenéis cabida, por muchos méritos contraídos por aquellos personajes históricos y que la propia historia, la que se escribe con la pluma de la verdad, sabrá reconocer y de hecho reconoce. Yo mismo lo he reivindicado, publicado y ensalzado —El agradecimiento infinito a todos aquellos por haber salvado a España de caer en las garras del marxismo más criminal de la historia—, pero ahora, lo que hay que hacer es posibilitar que nuestra gran esperanza, nuestros anhelos y nuestra fe, la debemos de concentrar en Vox como el partido cohesionado, unido y patriótico que desterrará a los enemigos de España para siempre, y para eso necesitamos a Macarena de España a toda costa y como sea. Vox debe de rescatar a la figura emergente más importante de los últimos tiempos.

España está viviendo tiempos convulsos, porque está gobernada por un sátrapa, un psicópata que está dispuesto a llevarnos al abismo de nuestra historia, con el conjuro de todos los enemigos de nuestra patria y la indolencia del mayor partido de la oposición, el PP, que tiende la mano, una y otra vez, a quien se la cortaría sin pestañear llegado el caso, o como ha hecho su líder, Feijóo, confesando públicamente que él votaba a Felipe González en lugar de a su partido, entonces Alianza Popular.

Por esta razón de vida o muerte para nuestra supervivencia como nación española, no podemos permitirnos la perdida de mujeres tan valiosas y determinantes como Dª Macarena Olona Choclan, como lo fueron en otros momentos de la historia, salvando el tiempo y las distancias, mujeres tan importantes y significadas como por ejemplo Agustina Raimunda María Saragossa Doménech, más conocida por Agustina de Aragón, Catalina de Erauso y Pérez de Galarraga (la Monja Alférez) o la propia Santa Teresa de Jesús. Pero no fueron las únicas, innumerables mujeres sirvieron a España de forma heroica y algunas, incluso, en el más absoluto silencio, o la gran Reina Isabel I de Castilla, la Católica. No, España no puede prescindir de esta valerosa mujer que en tan solo 3 ó 4 años ha demostrado sus capacidades intelectuales, preparación y valentía a la hora de acometer retos de la máxima entidad y no solo en los tribunales de justicia sino en el ámbito parlamentario, que es, posiblemente una de las mejores parlamentarias de las últimas décadas.

Y ya no es solo por las simpatías que pueda despertar Macarena Olona, o por su valía como política, sino por algo mucho más importante que eso, Macarena tiene que volver por un acto de patriotismo, no es tiempo de restar, sino de sumar; España nunca ha estado en los últimos 80 años tan necesitada de gente de valía, honor y compromiso, como lo está en estos momentos de nuestra historia, creo firmemente que resurgirá como el Ave Fénix para volver a retomar la lucha en la defensa de la libertad y ante todo, de España.

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