Los talibanes amenazan con una oleada de refugiados sin precedentes hacia EEUU y Europa si no cesan las sanciones

Occidente vuelve a ser víctima de su desconocimiento de la realidad del tercer mundo y del discurso hipócrita y buenista de sus dirigentes. Los talibanes aprovechan el discurso de brazos abiertos a la inmigración mantenido hasta ahora desde Bruselas para amenazar con éxodos masivos hacia el continente.

Los talibanes han advertido a Estados Unidos y Unión Europea que las sanciones económicas contra el Gobierno afgano podrían socavar la seguridad internacional, desatándose así una ola de refugiados.

El ministro interino de Relaciones Exteriores, Amir Khan Muttaqi, ha sido claro con los diplomáticos occidentales que han mantenido una reunión con los talibanes en Doha:

Debilitar al Gobierno afgano no es del interés de nadie porque sus efectos negativos afectarán directamente a la seguridad del mundo y desencadenarán una migración económica para huir del país.

Este tipo de amenazas o chantajes, más o menos directos, se han hecho habituales entre países subdesarrollados o pobres con los que Europa tiene frontera o de los que tiende a recibir flujos migratorios incontrolados.

La línea discursiva mantenida por la UE durante muchos años explica que se haya llegado a la situación actual. Ese dar a entender que en el continente estamos dispuestos a recibir a todo el mundo, la laxitud con la inmigración ilegal, las críticas de la Comisión a las expulsiones en caliente, la mala aplicación de las convenciones de la ONU para los refugiados o la crítica a políticas duras con el derecho al asilo, como las que mantiene Orban en Hungría, son en gran medida las culpables.

Los mensajes del tipo «no dejaremos a nadie atrás» o «seguiremos favoreciendo la llegada de refugiados afganos» facilitan que se produzcan flujos masivos.

En estos momentos, si no se está produciendo un éxodo de millones de personas de Afganistán en goteo incesante hacia Europa, es porque el propio Gobierno afgano no lo permite para evitar un mayor colapso de su ya de por sí comatoso estado. Asimismo, los países del entorno, tanto enemigos del actual Afganistán (Irán) como amigos (Pakistán) impiden que eso ocurra.

Si por parte de Afganistán y de varios países de su entorno se abrieran fronteras mañana, la UE no tendría forma ni respaldo político, actualmente, para frenar un previsible aluvión de inmigrantes.

El pasado agosto y tras una guerra de dos décadas, los talibanes derrocaron finalmente el Ejecutivo afgano apoyado por Estados Unidos e impusieron un nuevo emirato islámico. Esto ha provocado la inmediata imposición de sanciones económicas por parte de los países occidentales.

Las consecuencias no se han hecho esperar. Ya hay falta de liquidez en los bancos y los funcionarios no puedan cobrar las nóminas.

Los países europeos temen ahora que un colapso de la economía afgana provoque una salida masiva de migrantes que presione a los países vecinos y, por ende, a la UE.

Washington y la UE han afirmado estar de acuerdo en apoyar iniciativas humanitarias en Afganistán. Pero les preocupa dar asistencia directa a los talibanes sin garantías de que respetarán los derechos humanos, en especial los de las mujeres.

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