Los riojanos no merecemos estos políticos

“NO SOPORTO A ESTOS POLÍTICOS” es una de las principales frases del lenguaje riojano. Y no es casualidad, pues son años y años aguantando estoicamente la degeneración permanente de una clase política, cada vez más, escasamente cualificada.

Somos una región permanentemente atacada por las prebendas que se dan a Navarra y País Vasco, mientras observamos con resignación como nuestros principales líderes (¿líderes?) políticos se pliegan a las estrategias de nivel nacional diseñadas por sus superiores de partido, sin pensar en ningún momento en nuestros derechos y libertades como riojanos.

Sinceramente, uno empieza a estar asqueado de tanta insensatez y de tanto plebeyismo rancio por parte de unos personajes negligentes que están poniendo a La Rioja, de forma denigrante y consciente, al servicio del poder centralista que tan olvidados nos tiene.

Si hablamos del PSOE, nos referimos a la Presidenta, Concha Andreu, con aspiraciones a rango ministerial y que para ello es capaz de vender nuestra denominación de origen y nuestra dignidad a cambio de la máxima complacencia al Presidente Pedro Sánchez. Sin duda, es la más lista de los políticos actuales de esta Comunidad, pero a su vez es la más peligrosa. Ejecuta y elimina a sus rivales, externos e internos, sin compasión, pero siempre pensando. Pensando en ella, no en La Rioja.

El Partido Popular de los entrañables José Ignacio, Alberto, Conrado, Carlos, Cuca, Javier… son nombres tan usados y repetitivos año tras año que empiezan a estar pasados de moda. Aún piensan que son la generación ye-ye, pero han perdido la perspectiva del tiempo. Aburren, cansan, adormecen… generan tantos bostezos que ya no producen ilusión ni siquiera en ese mundo rural que tan controlado tenían con Pedro Sanz. Y nadie duda de que, si en el futuro tienen que pactar con el PNV aún en contra de los intereses riojanos, pues… seguro que lo harán en cuanto Pablo Casado lo ordene. Ejemplos pasados, ya los conocemos.

De Ciudadanos y Podemos, la verdad es que hay poco que decir. Los primeros, en las últimas. Los segundos entre Maduros y Garzones. Respecto a Vox, una incógnita actualmente, el tiempo lo pondrá en su sitio según las decisiones, acertadas o desacertadas, que vayan tomando. Los tres partidos alejados, a día de hoy, de la realidad riojana en su lucha por una cuota de poder.

Por último, tenemos al Partido Riojano. Han perdido su gran oportunidad de liderar la transformación riojana. Aprovechando el tirón de partidos como “Teruel Existe” deberían de haber dado un puñetazo en el tablero político riojano y reivindicar la identidad y fortaleza de La Rioja como región frente a los partidos sometidos a sus sedes centrales, aspirando a ser partido bisagra en el Congreso y en el Senado en lugar de ser una comparsa del que manda.

No es deseable para España la existencia de múltiples partidos defensores únicamente de su terruño particular, pero es a lo que nos lleva esta ineficiente y desafortunada ley electoral que nadie parece querer reformar.

Quizá, ante toda esta inacción, ante todo este postureo, ante toda esta pantomima que los partidos nacionales representan en La Rioja, solo queda olvidar las ideas fraternales y empezar a pensar en los riojanos, en nuestros agricultores y ganaderos, en nuestras empresas y comercios, en nuestra educación, en nuestra innovación, en nuestro futuro.

La sociedad civil, obrera, funcionarial, agrícola y empresarial riojana debe abandonar su ensimismamiento y su confort. También debe empezar a organizarse al margen de las centrales partidistas o sindicales ya que, debido a nuestro escaso peso en el conjunto de España, enseguida nos venden y utilizan como moneda de cambio.

La Rioja, aunque pequeña en extensión, es grande por su gente. Somos una Comunidad con historia y con pasado, pero también debemos tener futuro. Basta ya de expolios, basta ya de servidumbres, basta ya de agachar la cabeza. Los gobernantes riojanos tienen que defender los intereses riojanos. Dejemos de ser los títeres de los políticos más hipócritas. Busquemos a quien realmente nos represente.

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