Los orígenes de la masonería (Parte IV): La masonería, colaboradora e inspiradora del comunismo

En los tres artículos anteriores, hemos visto cómo la masonería –en sus comienzos– nació católica, y cómo poco a poco se fue introduciendo la cizaña dentro de ella. Se le atribuye a San Jerónimo la célebre frase que reza Corruptio optimi pessima” (la corrupción de lo mejor es la peor). A más de una institución le ha ocurrido esto a lo largo de la historia, no solo a la masonería, pero es ésta la que casi siempre ronda y opera estos cambios en todas las instituciones que se corrompen –o las hace nacer ya corruptas–. En el último artículo dijimos que hablaríamos de cómo ciertas élites masónicas tuvieron mucho que ver con la Revolución Comunista Rusa.

Damos un salto considerable en la trayectoria de la historia que estamos contando sobre el origen de la orden illuminati y su infiltración en la masonería. Lo hacemos para dejar clara constancia de cómo operan y cómo han influido en multitud de cambios históricos y guerras desde su fundación. En este artículo hablaremos del apoyo que ciertas elites capitalistas prestaron a los máximos dirigentes de dicha Revolución. En posteriores artículos, retomaremos de nuevo el orden cronológico de esta historia illuminati-masónica.

Cuando se escarba en los hechos históricos nos puede sorprender, a modo de rompecabezas, el encaje que tienen las distintas piezas, piezas que pueden parecer no encajar unas con otras, pero cuando se da con la clave todo cobra sentido. Atando cabos históricos, podemos llegar a la conclusión de que la Masonería apadrino el Comunismo, y no solo eso, sino que muy posiblemente lo inspirara. Mariano Tirado Rojas, militar de carrera, a fines de 1873 o principios de 1874 ingresó en la logia masónica Alianza 5ª, de Santander. Fue destinado a Cuba y perteneció también a la masonería de la isla. Alrededor del año 1882 se convertiría al catolicismo y comenzaría a escribir contra la masonería. Tirado Rojas describe lo que se enseña en el ritual de grado 33. Dice lo siguiente:

Los tres infames asesinos de nuestro Gran Maestro son: la Ley, la Propiedad y la Religión.

La Ley, porque no está en armonía perfecta con los derechos del hombre aislado y los deberes del hombre que vive en sociedad. Derechos que todos adquieren en toda su integridad, deberes que no son más que la consecuencia inmediata de la facultad natural que cada uno de nosotros debería tener de gozar de todos sus derechos sin que nadie pueda impedirlo.

La Propiedad, porque la tierra no es de nadie (recordamos aquí cuando Zapatero decía, que la tierra es del viento), y sus productos pertenecen a todos, en la medida, para cada uno, de las verdaderas necesidades de su bienestar.

La Religión, porque las religiones no son más que las filosofías de hombres de talento que los pueblos han adoptado bajo condición expresa de que vengan a constituir un aumento de bienestar para ellos.

Ni la Ley, ni la Propiedad, ni la Religión, pueden, pues, imponerse al hombre; y como le aniquilan privándole de sus más preciosos derechos, son asesinos, contra quienes hemos jurado ejercer la más ruidosa venganza, enemigos a quienes hemos jurado una guerra a todo trance y sin cuartel.

De estos tres infames enemigos, la Religión deberá ser el objeto constante de nuestros mortales ataques, porque un pueblo jamás ha sobrevivido a su religión, y matando a la Religión, tendremos a nuestra disposición la Ley y la Propiedad, y podremos regenerar la sociedad estableciendo, sobre los cadáveres de aquellos asesinos, la Religión, la Ley y la Propiedad masónica”.

Tremendo relato. Es decir: que hay que eliminar la Ley, la Propiedad y la Religión para instaurar «su» Ley, «su» Propiedad y «su» Religión. Este rito es anterior a las teorías de Marx, con lo cual podemos ver dónde se inspiró para desarrollar su pensamiento. Pero no es solo ésta la pieza principal del rompecabezas que nos ayudará a ver la implicación masónica con la instauración del comunismo en Rusia.

Desde 1798, los Warburg (masones descendientes de una familia de banqueros de Hamburgo) comenzaron a regentar una casa de cambio y préstamos llamada M.M. Warburg & Co., y fueron los que más tarde financiaron a Lenin y Trotsky (masón este último) en su regreso a Rusia desde sus respectivos exilios para que pusieran en marcha la Revolución Comunista.

Los Warburg vivían repartidos entre Alemania y Estados Unidos. Desde Alemania financiaron a Lenin y desde Estados Unidos financiaron a Troski (ya que Lenin se encontraba exiliado en Suiza y Trotsky en Estados Unidos). Lenin salió en un tren con un buen cargamento de oro y Trosky con veinte millones de dólares (en ambos casos financiados por estos banqueros). En el caso Americano, no solo ayudaron a Trosky a llegar a Rusia, sino que Trosky salió acompañado junto con 200 comunistas más. En el caso alemán se entiende el apoyo prestado a Lenin (porque si Lenin se hacía con el poder en Rusia había prometido no atacar Alemania), pero en el caso americano no tenía explicación, ya que al no tener los alemanes que emplearse en el frente oriental contra los rusos, tenían las manos libres para matar más americanos.

Trotsky embarca en Nueva York con tan pintoresca comitiva, y al llegar a Halifax (Canadá) es detenido por las autoridades. Y aquí viene lo más sorprendente: pide ayuda a los Estados Unidos, y tras la gestión del ayudante del presidente Woodrow Wilson salieron de allí todos, y además con pasaporte.

Este ayudante o asistente era un tal Mendel Haus, del cual se decía que era algo más que el asistente del presidente, le llamaban “el Presidente en la sombra”. Haus no solo era masón, sino que pertenecía a una obediencia iluminista, es decir, luciferina por definición,  llamada Máster of wisdom (Maestros de la Sabiduría). Si acudimos a Wikipedia, veremos muy blanqueada la figura de este personaje: aparece como un promotor de la paz durante la Primera Guerra Mundial.

Pero… ¿Por qué el Presidente Wilson se prestó a este juego masónico? El 4 de marzo de 1913 Mr. Woodrow Wilson fue elegido como el Presidente número 28 de los Estados Unidos de América. Este presidente fue profesor de la Universidad de Princeton, y mientras estuvo en dicha universidad tuvo una relación con la esposa de un profesor becario. Poco después de acceder a la Casa Blanca recibió la visita de Samuel Utermyer (abogado, líder civil y millonario judío-americano cuyo padre fue teniente en el Ejército Confederado y murió poco después del final de la Guerra de Secesión), que venía en nombre de un importante bufete de abogados, en relación con un chantaje por la suma de 40.000 dólares por silenciar la antes mencionada relación que mantuvo el presidente en Princeton.

El presidente Wilson no tenía esa suma para pagar el silencio de la mujer con la que tuvo la aventura, pero Utermyer se ofreció a pagarla de su bolsillo si a cambio el presidente, en la primera vacante que surgiera para la Corte Suprema, se comprometía a nombrar un candidato recomendado por él. A partir de este momento el presidente Wilson, quedó en manos de la élite, y algunas de las cosas que haría posteriormente no fueron en beneficio del pueblo estadounidense (como fueron entrar en 1917 en la Primera Guerra Mundial y el poner en manos de las élites sionistas el control de la Reserva Federal, cosa esta última que lamentó el propio Wilson de manera pública antes de su muerte).

Ante tan inaudito hecho, el congresista Charles Lindbergh (el famoso aviador), afirmó: “La ley establece el más gigantesco acto de confianza en la tierra. Cuando el Presidente firme ese proyecto de ley, el gobierno invisible del poder monetario será legalizado… El crimen más grande de todos los tiempos es perpetrado por el presente proyecto de ley de banca y moneda”.

La historia que conocemos está muy manipulada. Para comprender lo que ocurre en el mundo actualmente, se necesita conocer lo que de verdad ocurrió en el pasado. La Leyenda Negra es más negra de lo que parece y no afecta solamente al tema de las colonias españolas en América. Hay que hacer una revisión histórica en toda regla para comprender lo que nos acontece actualmente…

@LaReconquistaD

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