Los Guardias Civiles contra Marlaska por los tatuajes

Si el ministro de Interior les obliga a borrarse los tatuajes, irán a los tribunales.

Los Guardias Civiles consideran que la medida de prohibir todos los tatuajes es una estupidez anacrónica y acusan a Marlaska de estar obsesionado con recortar derechos civiles a los agentes.

A día de hoy, la normativa especifica que los tatuajes están prohibidos solo en manos, cabeza o cuello. En el resto del cuerpo no se permite que superen los 70 cm. Por supuesto, no se permiten mensajes políticos, discriminatorios, anti constitucionales, denigratorios contra personas o instituciones…

Graves desencuentros.

El pasado domingo, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, era abucheado por cientos de ciudadanos que asistieron a los actos centrales de la celebración de la patrona de la Guardia Civil, en Córdoba. Pitos y gritos de “dimisión” dejaban patente el malestar que provoca, no sólo entre los agentes sino entre sus familiares y gran parte de la sociedad civil.

Grande-Marlaska se ha convertido en uno de los ministros más cuestionados del Ejecutivo de Pedro Sánchez. Son muchos sus encontronazos con policías y guardias civiles, aunque el más sonado tuvo lugar a finales de agosto con la celebración del “Ospa Eguna”. Este no era otra cosa que una serie de actos organizados por afines a la banda terrorista ETA con el objetivo de pedir la salida de la Guardia Civil del País Vasco y Navarra.

Desde la Asociación Unificada de la Guardia Civil tachan de “pesadilla” los continuos ataques de Grande-Marlaska. Critican que sea “incapaz de atender los principales problemas que les afectan como la conciliación laboral, la falta de medios materiales para desarrollar su trabajo o el reparto justo de la productividad, cumpliendo el acuerdo de equiparación salarial”.

Desde la Asociación, se considera que esta norma es “restrictiva” y perjudica, no sólo a los guardias civiles que ya forman parte del Instituto Armado, sino a todos aquellos que quieran ingresar en un futuro.

Esta norma es una involución que vuelve a llevar a los guardias civiles a siglos pasados y pone en evidencia su falta de derechos fundamentales y libertades públicas.

Lo que más llama la atención a los agentes es esa obstinación de Grande-Marlaska con los tatuajes, cuando él mismo luce en su muñeca, a la vista de todos.

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