Los «asesinatos por honor» musulmanes acaban con una mujer asesinada cada semana en Alemania

La Oficina Federal de la Policía Criminal (BKA) publicó una investigación en 2011 con 78 casos entre 1996 y 2005. Desde 2005, el número de musulmanes y sobre todo, de personas cuyas culturas de origen castigan duramente los crímenes de honor, ha aumentado notablemente en el país germano.

Es difícil cuantificar el total de «asesinatos por honor» a causa del correcto cumplimiento de la ‘Ley Islámica’, estos no son registrados en las estadísticas oficiales (donde son clasificados junto a otros).

Uta Glaubitz fundó en 2007 la página web ‘ehrenmord.de’. Asegura que en 2020 se produjeron en Alemania al menos 53 asesinatos de este tipo. Esto, de ser cierto, supondría un promedio de un asesinato a la semana. 

Según la Oficina Federal de Estadística, hubo un total de 245 asesinatos en Alemania en 2020. Dando por ciertos los datos de Uta, los «asesinatos por honor» suponen una quinta parte de todos.

Dos asesinatos por semana

El sindicato de policías DPolG considera que estas cifras son demasiado bajas en comparación con una realidad aún más cruda. Rainer Wendt, jefe del mismo, asume un alto número de casos no denunciados: «En Alemania, se estarían produciendo más de cien de ellos cada año».

Esto nos da una media de dos asesinatos cada semana, aunque a penas un par saltan a los medios de comunicación.

Estremecedor caso particular.

Uno de los más chocantes fue el del de Mezgin Nassan, mujer de 16 años y de origen sirio. Desapareció el 4 de mayo de 2017 y su esqueleto fue hallado en diciembre de 2018 cerca de Haibach. El asesino fue su padre, Hashem Nassan, que decidió que ese era el castigo que merecía su hija por haberse echado novio y deshonrando a la familia.

El caso fue tratado como un suceso. En Alemania la prensa no habla de violencia machista como en España, pero tampoco de ‘violencia islámica’ o ‘asociada a la Sharia’.

Este tipo de crímenes suelen producirse en familias con origen en Turquía, Afganistán, Siria e Irak. Muchos casos se quedan sin resolver porque la familia implicada hace piña y ejerce su derecho a no declarar.

Otro de los casos más tristes que han saltado al candelero es el de Maryam.

Maryam llegó a Alemania en 2013 en calidad de refugiada afgana. Con ella vinieron su marido y dos hijos, de 13 y 9 años.

Un tiempo después, ingresó en Alemania su hermano Sayed. A día de hoy, sigue sin trabajo y depende de una ayuda pública de 420 euros al mes, así como de la asistencia de un centro de refugiados en Baviera. Sayed alegó estar sufriendo una depresión, por lo que no ha sido deportado a pesar de que su solicitud de asilo fue rechazada en 2016.

Tras un largo historial de maltratos, Maryam se divorció en 2017 de su marido- ejerciendo sus derechos como ciudadana que vive en Alemania-. Por desgracia para Maryam, el ex marido se negó a anular el matrimonio según la ley islámica.

Desde ese momento, su propio hermano comenzó una yihad particular contra Maryam. Los vecinos han declarado que, de vez en cuando, Sayed aparecía delante de su casa y gritaba desde la calle: «¡No te quites la Sharia de la cabeza!». En febrero de 2020, Maryam sufrió una laceración en un ojo y Sayed fue condenado a 600 euros por lesiones corporales, pero no abandonó su «misión de honor»: obligar a su hermana de 34 años a llevar el pañuelo e impedir que saliese sola de casa.

Cuando Sayed supo que Maryam estaba pensando en casarse con un iraní- de credo musulmán chiíta, es decir, no sunnita-, decidió ir más allá. El pasado 13 de julio, quedó con su hermana diciéndole que quería enseñarle un apartamento. Ese mismo día, la policía registró a Maryam como desaparecida.

Su cuerpo fue hallado a finales de mes en Holzkirchen, Baviera. Estaba en el interior de una maleta. «La autopsia mostró que la joven fue asesinada de manera muy brutal, con heridas profundas en la cabeza y el cuello» según explica el portavoz judicial Martin Steltner.

Las imágenes tomadas por las cámaras de vigilancia de la estación de ferrocarril de Südkreuz de Berlín muestran a Sayed y a otro de sus hermanos arrastrando una maleta hacia el tren.

En el primer interrogatorio policial, explicó a los agentes que «la mujer, para mí, no es lo mismo que para ti. La mujer debe estar dentro de la casa, preparar la comida y cuidar a los niños… y mi obligación es hacer que eso se cumpla».

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