Liberalismo, Prostitución y Twit de Carla Toscano. Parte 2ª

La noche del 15 de noviembre una respuesta en Twitter a Libertad y lo que Surja de la diputada de Vox Carla Toscano desataba una guerra de ideas en internet que implicaba a libertarios, liberales y conservadores.

En mi anterior artículo, di mi opinión sobre la pertinencia o no del twit al tiempo que comentaba un vídeo que un famoso youtuber libertario de Logroño dedicaba a Carla Toscano y a la lucha ideológica dentro de las derechas políticas.

https://nuestrarioja.com/liberalismo-prostitucion-y-twit-de-carla-toscano-parte-1a/

Después de haber llamado un poco a la calma entre libertarios, liberales y conservadores, así como de haber justificado (en parte) y contextualizado la polémica respuesta de Carla Toscano; en esta segunda parte me gustaría entrar a comentar el tema que desencadenó la polémica.

No me estoy refiriendo al ataque a los libertarios por parte de una diputada liberal-conservadora como Toscano, sino del espinoso tema que motivó aquella respuesta de Carla: la prostitución y el eterno debate sobre si debe legalizarse o no.

Esta vez voy a abandonar un poco el conservadurismo. A decir verdad, no necesariamente de lo que yo entiendo que debe ser el conservadurismo, pero sí de una parte de este la cual considero excesivamente anclada en el pasado para los tiempos en los que estamos.

Considero que a estas alturas hay tabúes, prejuicios y mantras que, creo, ya deberían haber sido superados.

Mi intención es salir en defensa de lo que considero que es la postura liberal y racional, que no necesariamente libertaria, en todo lo relacionado con la prostitución.

Siempre he considerado que ser liberal, o serlo en grado elevado y con verdadera convicción, es incompatible con querer prohibirle a los demás cualquier tipo de actividad legítima que no haga daño a terceros.

Todo individuo es libre de hacer lo que quiera con su vida, su tiempo y su cuerpo dentro de ciertos límites.

Las leyes y el estado deben ser lo menos intrusivas y paternalistas posibles. Su función a la hora de poner limites a las libertades se debe reducir, prácticamente, a impedir que las libertades de unos transgredan las libertades de otros.

Siendo objetivos, la venta de sexo o la compra/ alquiler de servicios sexuales, porque al final y dejando demonizaciones e interpretaciones fatalistas de lado la prostitución es solamente eso, no hace daño a nadie.

Además de la libertad, uno de los principios básicos del liberalismo y del propio conservadurismo liberal, es el principio de tolerancia.

En mi anterior artículo comentaba que un ciudadano está en su derecho de considerar que la prostitución es algo sucio, impuro, negativo, sórdido… pero eso no les da derecho a prohibir taxativamente la prostitución cuando hay personas dispuestas a ofrecer servicios sexuales y personas dispuestas a consumir dichos servicios.

Afortunadamente, personas como Carla Toscano o la propia Alicia Rubio, católicas y conservadoras pero con la mente en el año 2020, entienden que esto es así. Ser liberal (entendido en un sentido amplio que integra también al conservadurismo), implica estar a favor de la libertad de los demás incluso cuando estos o las actividades que realizan no son de tu agrado.

Yo mismamente nunca he recurrido a la prostitución, quizá porque por la forma que tengo de ser no siento que sea lo mío (también es verdad que solo tengo 27 años y no es que me sobre el dinero). Pero eso no me impide sentir empatía tanto con prostitutas como con clientes.

De partidos realmente liberales o conservadores como Vox, y en este aspecto Ciudadanos, uno puede esperarse tolerancia incluso cuando, como en el caso de Carla, la opinión acerca de la prostitución es negativa.

De formaciones como Unidas Podemos o incluso PSOE, este último cada vez más alejado de la moderación y el liberalismo, uno solo puede esperarse eso, una visión infantil, neopuritana y abolicionista cuando no directamente prohibicionista.

Sin embargo, veo oportuno ir más allá de la simple «tolerancia», que no deja de recordar un poco a esa tolerancia condescendiente que hasta no tanto tiempo había con homosexuales y bisexuales, y reclamar cierta resignificación de la prostitución dentro de la derecha política y sociológica.

Sin pretender elaborar un sesudo análisis y una deconstrucción del por qué nuestra sociedad y especialmente la parte más conservadora de la misma tiene una opinión tan negativa de la prostitución, creo que es interesante señalar algunas de las claves que lo explican.

Siempre me ha parecido muy curioso como, todavía a estas alturas, en pleno 2020 y con una población occidental que consume masivamente porno, tiene relaciones sexuales prematrimoniales, se separa y divorcia en masa, adquiere artículos de sexo en masa y está bastante «liberada» sexualmente, la prostitución sigue estando tan estigmatizada entre gente de izquierdas y derechas.

En primer lugar y como ya adelantaba antes, la lucha contra la prostitución tiene más de religioso e ideológico que de racional.

Hace siglos, milenios incluso, las religiones abrahámicas, el judaísmo en primer lugar, decretaron arbitrariamente (seguramente influenciados por una serie de lógicas coyunturales, económicas y antropológicas de ese momento en las que no vamos a entrar), que la prostitución era mala y debía ser prohibida, perseguida y severamente castigada.

Me considero culturalmente cristiano, aunque es cierto que no católico ni tampoco creyente como tal. Todos los europeos somos culturalmente “cristianos” al fin y al cabo, empezando por los marxistas (aunque algunos se crean que no).

Los europeos de derechas, los españoles sin ir más lejos, tenemos una moral y una visión de las relaciones profundamente influenciada por el cristianismo (aunque cada vez con más matices).

Esto no es algo negativo y mucho menos ahora que ya vivimos en un mundo secular que ha dejado atrás la mayoría de cosas «negativas» que a mi juicio podía tener el viejo cristianismo y nos hemos quedado solo con las buenas (que son muchas). Pero la prostitución sigue siendo la asignatura pendiente.

Nuestras raíces cristianas no deben ser un impedimento para adquirir una visión del sexo y la sexualidad libre de prejuicios.

Si hay algo que nunca he entendido del cristianismo, ni siquiera cuando era creyente, es la criminalización del sexo y otras «bajas pasiones», inocentes si se controlan, como «la gula». Bajas pasiones que, a menudo, han sido muy practicadas por esos religiosos, filósofos, políticos y moralistas varios que las criticaban en público, todo sea dicho.

Desde mi punto de vista la prostitución libre solo es moralmente reprochable cuando implica una infidelidad del cliente con su pareja. E incluso en esos casos, no debería ser algo punible mientras no haya contagio de enfermedades venéreas. No al menos mientras no lo sean el resto de infidelidades.

Aunque como digo, no vamos a entrar en analizar pormenorizadamente las condiciones que favorecieron que el pueblo hebreo (o sus élites clericales) convinieran prohibir el intercambio de sexo por dinero, hay una circunstancia histórica que, en parte, ayuda a explicar tanto ese hecho como la demonización del sexo en general tan presente históricamente en las religiones abrahámicas y especialmente en el judaísmo y el cristianismo.

Ese hecho no es otro que los 60 años que el pueblo de Israel pasó de cautiverio en el esplendoroso (aunque decadente) reino de Babilonia antes de ser liberado por el imperio persa.

Durante ese tiempo que los judíos fueron esclavizados y confinados en la que entonces era algo así como el Nueva York, Los Ángeles y Las Vegas de la época, la cultura hebrea pasó a absorber buena parte de los conocimientos, cultura y cosmovisión del pueblo babilonio y de otras civilizaciones mesopotámicas anteriores.

Parte de la cosmovisión y mitología babilónicas pasaron al mundo hebreo. La tradición mitológica y literaria mesopotámica está muy presente en el Antiguo Testamento.

A tenor de esto, creo que a estas alturas ningún cristiano con dos dedos de frente debería tomar La Biblia como un libro de verdad relavada directamente por Dios, pues es fácilmente comprobable que buena parte de los libros del Antiguo Testamento son nuevas versiones de viejos mitos mesopotámicos, egipcios o persas con orígenes inciertos, multitud de invenciones y no pocas contradicciones.

Pero al mismo tiempo que absorbían su cultura, los israelitas desarrollaron una animadversión consciente hacia Babilonia y todo lo que esta representaba.

Aquel cautiverio, sumado a la pérdida de su antiguo reino en la tierra prometida que el Dios Yahvé le había entregado al pueblo de Israel después de siglos de sufrimientos, hizo que los judíos reforzaran sus creencias, intensificaran sus diferencias con los babilonios y enfrentaran las tradiciones y el modo de vida de ambos pueblos.

La clase dominante de Babilonia proponía un estilo de vida opulento, lleno de riquezas materiales, esplendoroso y en el que el individuo de la élite hacía bien al abrazar, cual Dios caprichoso, todo lo terrenal, disfrutando de los placeres que el mundo urbano y civilizado le ofrecía.

Los hebreos y, sobre todo, la élite intelectual y clerical de estos, decidió enfrentar esa visión apostando por todo lo contrario. El pueblo de Israel era esclavo, pero todavía tenía una identidad definida y podía jugar la carta de la superioridad moral y la conciencia de pueblo-clase oprimida.

Frente al politeísmo «inmoral» de los babilonios y otros pueblos «paganos», los judíos, monoteístas ya desde más desde siglos antes, reforzaron su creencia en un Dios moral y juez supremo que juzga a los hombres por sus acciones y modo de vida virtuoso.

Una de las deidades más importantes del extenso panteón babilonia era la diosa Isthar, deidad vinculada a la sexualidad entre otras cosas. Existían en la capital prostíbulos consagrados a Isthar con prostitutas sagradas. Cuenta Heródoto que toda mujer babilonia, sin importar la clase social, debía prostituirse una vez en la vida en honor a Isthar.

Otros pueblos semitas como los fenicios, rivales de los hebreos, así como pueblos indoeuropeos enemigos históricos del pueblo de Israel como griegos y romanos, también tuvieron deidades similares a Isthar tales como Atarté y Venus-Afrodita, con cultos sexuales inaceptables en la cosmovisión judía.

Por una serie de razones arbitrarias y de reacción anti babilónica o anti pagana que ya he fundamentado, el sexo fue considerado algo sucio e impuro y disfrutar de él cual babilonio degenerado era un pecado a ojos de Yahvé, el único Dios verdadero.

Como para Platón en Grecia y, en parte también, para hinduistas y budistas, para los judíos la vida era concebida como un regalo, pero también un castigo o prueba divina. Una oportunidad de redención del pecado original para las almas humanas «castigadas» a ser encarnadas. La vida era una prisión de carne y hueso por la que había que pasar con trabajo, sumisión y sufrimiento, para ganarse la vida eterna y la ascensión a los cielos.

Del mismo modo, el culto a la belleza física se convirtió en un tabú en el mundo hebreo. La homosexualidad pasó a ser vista como una aberración en contra de la ley divina y la menstruación de las mujeres era visto como algo repugnante.

Además, los persas que liberaron al pueblo judío del yugo babilonio, también estaban desarrollando ya su monoteísmo mazdeísta-zoroastrista, fuertemente maniqueo y moralista que ya establecía una dualidad muy clara cuerpo-alma y contraponía el bien (lo puro, virtuoso y divino) al mal (lo corrupto, egoísta y animal).

En las religiones monoteístas o en las filosofías fuertemente idealistas, el control o supresión de las bajas pasiones a menudo es un signo de virtud y sacrificio.

Aunque no soy un experto en historia de las religiones, doy por sentado que estos zoroastristas persas pudieron influir considerablemente en la construcción de la religión y moral judías.

En resumidas cuentas, la condena bíblica de la prostitución es consecuencia del pensamiento y la coyuntura histórica de la época en que se escribieron dichos libros. Tiene la misma base racional que la prohibición de comer cerdo o beber alcohol para judíos y musulmanes: ninguna.

Personalmente diría que incluso menos, porque mientras que el alcohol es malo per se y la prohibición de comer cerdo se explica antropológicamente como forma de evitar el contagio de triquinosis, la no prostitución parece más una norma moral y arbitraria que atiende al factor humano y cultural.

Sin embargo, para los abolicionistas y prohibicionistas de hoy en día, por lo general ultraizquierdistas, feministas de izquierda y casi siempre ateos, La Biblia ya no es un comodín que pueda ser usado como fuente legítima de argumentos o verdad revelada.

Ahora la «verdad revelada» sale del puño y letra de infinidad de mediocres «humanistas» de izquierdas que pueblan las facultades de letras. Algo así como una nueva casta escriba-sacerdotal que dicta lo que está bien y lo que está mal.

A día de hoy, cualquier liberticida anti prostitución justifica su prohibición usando un supuesto sufrimiento de las mujeres falazmente asociado a la venta de sexo como «argumento».

Como si no hubiera prostitutos hombres; como si no hubiera clientes mujeres (y si no hay más es por razones biológicas, no por machismo cultural); como si no hubiera mujeres que ejercen libremente, unas veces por necesidad económica (como cualquier otro trabajador de los miles de millones que pueblan el mundo) y otras veces abiertamente encantadas y embolsándose en un mes de trabajo cinco salarios mínimos libres de impuestos.

Al igual que en algunas corrientes sexófobas del judaísmo y cristianismo, en el marxismo y el feminismo de extrema izquierda (el hegemónico a día de hoy aunque con algunos matices), se juntan ese puritanismo ideológico, esa criminalización de las bajas pasiones que nos recuerdan que somos animales, ese rechazo a las pulsiones biológicas más allá de lo reproductivo… con el rechazo al comercio y al libre mercado.

Del mismo modo que los zelotes del antiguo Israel criticaban la moral sexual relajada y el comercio por ser impuros, marxistas y feministas condenan lo que ellos consideran la cosificación o «mercantilización» del cuerpo de la mujer.

Si durante el franquismo el régimen tenía un órgano encargado de censurar los contenidos culturales, en la España de hoy día existen entidades público-privadas como FACUA con potestad para decidir qué anuncios vulneran la dignidad dela mujer y cuáles no. Siempre con una perspectiva feminista con criterios totalmente asimétricos para ambos sexos.

Fobia al sexo y fobia al libre mercado.

Para las viejas religiones, el sexo fuera del matrimonio era inconcebible. El sexo solo tenía sentido con fines reproductivos, lo demás era pecado, y la única sexualidad admisible era la heterosexual.

Asimismo, el matrimonio romántico y con base afectivo-sexual no se impuso en occidente hasta bien entrado el siglo XIX y no lo hizo en sentido prácticamente total y definitivo hasta el último tercio del siglo XX. Antes de eso, el sexo para disfrutar era algo que podía existir o no y de lo que no se debía hablar en público. Además, el placer de la mujer estaba siempre supeditado al de su hombre y dueño.

Para marxistas y feministas, ateos y a menudo con visiones poco sacralizadas del matrimonio, no existe una fobia al sexo y a la sexualidad semejante a la de siglos pasados (la época en que vivimos lo hace imposible). Sin embargo, sí que tiende a existir una visión muy ortodoxa de lo que tienen que ser las relaciones sexuales.

En el viejo bloque socialista euroasiático, la visión del matrimonio y la familia terminó siendo, paradójicamente, muy similar a la del cristianismo anterior. Con la gran diferencia de que ahora existía el divorcio y había igualdad legal hombre-mujer.

En occidente, el marxismo tomó unos derroteros mucho menos conservadores y más rupturistas con la civilización europea anterior. La Nueva Izquierda de los años 60 y posteriores ya no creía demasiado en el matrimonio, que es la hegemónica culturalmente a día de hoy, concebía todo tipo de relaciones más allá de las heterosexuales y en algunos casos era partidaria del «amor libre».

Sin embargo, la prostitución continuó siendo algo negativo para buena parte de los pensadores de Nueva Izquierda, especialmente para las feministas, que son quienes con el paso de las décadas han ganado mas peso en el mundo de los medios de comunicación y la política.

Las feministas marxistas de los años 70 y posteriores condenaron el matrimonio, el amor romántico y desarrollaron todo tipo de «neopuritanismos» feministas que iba desde la criminalización del sexo tal y como se había concebido hasta entonces, hasta el «lesbianismo separatista», pasando por la abolición del porno o la censura en cine y videojuegos.

Aunque hasta la década del 2000 estos grupos radicales han sido minoritarios fuera del ámbito humanístico de las facultades de letras y su influencia ha sido limitada, en los últimos 15 o 20 años sus ideas se han apoderado del Partido Demócrata de EEUU y de todas las izquierdas occidentales, partidos liberaldemócratas » de centro» y buena parte de los partidos populares de la Europa occidental (con la honrosa excepción de Italia, Suiza y Austria).

Tanto para la mayoría de viejos y nuevos marxistas, ya sean de Europa del este y Asia como de norteamérica-Europa occidental, como para las feministas, por lo general, la prostitución es vista como una forma de explotación capitalista.

Para las feministas, la lucha de clases marxistas tiene una réplica en las relaciones hombre-mujer. El enemigo para estas mujeres ya no solo es el capitalismo sino también el heteropatriarcado que lo sostiene y, en gran medida, el sexo masculino.

Algunas feministas consideran que el sexo en realidad no determina el género (hombre, mujer o una infinidad de conceptos no binarios), y que por tanto este se puede elegir. Otras (las llamadas TERF), consideran que sí y dan a entender que nacer hombre es poco menos que un pecado original por el que hay que pedir perdón.

En general, y aunque hay feministas pro legalización (muchas de ellas prostitutas de facto, que se han dado cuenta de lo bien que pueden vivir por poco trabajo), la mayoría de grupos feministas consideran la existencia de la prostitución como un ataque directo del género al femenino.

En este sentido, la manida y torticera manipulación de tratar de vincular trata de blancas con prostitución no deja de ser eso, una manipulación, un reduccionismo, una forma absurda justificar un liberticidio apelando a los sentimientos y a la protección de la siempre oprimida mujer.

La prostitución no es trata de blancas.

La prostitución entendida como la entendemos los pro legalización, que en Europa occidental parece que somos mayoría a pesar del lavado de cerebro feminista, nada tiene que ver con la trata de blancas.

Equiparar prostitución con trata de blancas/esclavitud sexual, es como equiparar ser jornalero en Jaén en el siglo XXI, con ser esclavo en una plantación de algodón en la Virginia de 1850 (con la pequeña diferencia de que ahora una prostituta libre en Europa gana lo que cinco jornaleros andaluces).

Del argumento marxista de considerar a la prostituta una esclava por norma poco hay que decir. Para un marxista cualquier trabajo que no sea en calidad de autónomo o funcionario ya es considerado esclavitud. Cualquier debate racional con esta gente, tan irracional como un muyahidín o un zelote, es imposible.

Una vez echados por tierra la moral anti sexual de las religiones abrahámicas y las radicales posturas de la extrema izquierda, no está de más entrar un poco en el terreno de la biología.

Para los teóricos de humanidades de la nueva izquierda, la biología es algo así como un detalle sin mucha importancia.

Cuando se dice vulgarmente que la prostitución es el oficio más antiguo del mundo no se está exagerando demasiado. La prostitución, igual que el sexo «extramarital» se ha observado en bonobos y chimpancés.

A diferencia de la mayoría de mamíferos y animales que pueblan la tierra, los machos de primate tienden a ser sexualmente muy activos durante todo el año. Las hembras también, pero no tanto ni de la misma forma. Para aprovechar esta diferencia de libido y necesidad de sexo, las hembras de algunos primates, para los que no existe el matrimonio monógamo ni ninguna otra institución social más allá de la dominancia aceptada del macho alfa, intercambian sexo a cambio de plátanos.

Para las especies de primates y especialmente para los seres humanos, la especie más compleja, gregaria y social de todas, el sexo tiene una serie de funciones importantes psicológicas, emocionales y sociales más allá de las meramente reproductivas.

Vemos, por tanto, como las diferencias sexuales hombre-mujer son reales y tienen una causa biológica, no solo cultural y o de estructura social y relación de poder, como sugieren las feministas.

Más allá de religiones, anti capitalismos, marxismos y feminismos varios, hay algunas explicaciones que ayudan a entender la fobia anti prostitución de muchas personas, especialmente entre las mujeres.

Se puede observar claramente como en una sociedad liberal posindustrial, separada ya del pasado puritano, la falta de información y profilácticos, y la visión sexual única y autorrepresora; la mujer puede permitirse tener sexo relativamente cuando quiere, mientras que la mayoría de los hombres solo cuando puede.

En consecuencia, en el sexo entre humanos heterosexuales, aunque es necesario el consentimiento de ambas partes, la llave la tiene la mujer.

Esta es una de las razones que explica que los hombres acudan mucho más a prostitutas y que las mujeres tengan una visión mucho más negativa de este recurso.

La biología nos hace diferentes. La existencia de dos sexos diferenciados termina dando, en la mayoría de especies, comportamientos, tendencias y niveles de hormonas diferentes. Hombre y mujer somos complementarios en este sentido.

Mientras el hombre tiende a tener una libido más desbordada y a ser menos cuidadoso a la hora de elegir pareja sexual o receptora de su casi inagotable esperma, las mujeres tienden a cuidar mucho a quién dejan fecundar sus escasos y valiosos óvulos. Ya no solo es que ellas sean más selectivas, sino que a menudo exigen un romance previo o incluso un compromiso o relación más allá del acto sexual.

Aunque los nuevos tiempos y el avance del individualismo están forzando ciertos cambios en dichos patrones, la biología sigue ahí y las diferencias hombre-mujer son extremadamente notorias.

No es ningún secreto que muchos «puteros» son hombres casados o con pareja. Obviamente, a nadie le gusta que su pareja le ponga los cuernos (parafilias respetables aparte). Parte de la fobia histórica de muchas mujeres hacia la prostitución se debe a la enorme inseguridad que esta les ocasiona.

Saber que todo el poder sexual que pueden tener sobre su pareja queda mitigado por el fácil acceso de su hombre a una fuente interminable de sexo (previo pago), pone de los nervios a cualquier mujer un poco insegura.

La prostitución empodera a la mujer que la ejerce libremente y de buen grado, eso es innegable. Pero desempodera, en líneas generales, a las mujeres corrientes respecto a los hombres, pues anula el poder que estas tienen sobre cómo, cuándo y en qué condiciones sus maridos, novios o pretendientes pueden tener sexo.

La prostitución sigue siendo un tabú y en la mayoría de países no es legal (por influencia religiosa, moralista, marxista y feminista, fundamentalmente). Esto hace que un gran porcentaje de hombres y mujeres la vean como algo oscuro, sucio y sórdido, indistinguible del proxenetismo y la trata que todos condenamos.

Vemos así como en la biología, la historia y la antropología, el comercio del sexo es una constante que ha acompañado a la humanidad desde el origen de los tiempos.

Ni siquiera las sociedades más teocráticas o totalitarias han sido capaces erradicar la prostitución.

Durante la Edad Media, en Europa la iglesia tuvo algunas reacciones antiprostitución que pronto tuvo que abandonar debido a la imposibilidad de erradicarla. Pero también debido a que la santa madre iglesia, protectora de la sagrada institución del matrimonio, terminó siendo consciente de que los burdeles eran un mal necesario. Al fin y al cabo, ayudaban a salvar muchos matrimonios, ya que, de esta forma, muchos hombres casados renunciaban a tener amantes.

Las veces que los lupanares han sido clausurados por regímenes represivos de uno u otro color, las principales víctimas han sido las prostitutas que sobrevivían de ello y los clientes más pobres y con menos acceso al sexo por vías no de pago.

En definitiva, que la prohibición no acaba con nada, solo hace la vida más complicada y triste a las clases bajas y pone en riesgo a las prostitutas, condenadas a reducir las tarifas y ejercer en situaciones de marginalidad y desprotección.

Creo que los liberales y conservadores europeos tienen que terminar de desprenderse de los viejos prejuicios infundados y abrazar la legalización.

Muchos países centro europeos ya lo han hecho y Salvini lo propone para Italia. Es justo decir que en Alemania fueron socialdemócratas y verdes quienes legalizaron el sector.

En la pirámide de las necesidad de Maslow el sexo aparece en varios niveles… Si bien no es una necesidad como el comer o el dormir, sí es bastante importante para cualquier ser humano no asexual, no anorgásmico y no psicopatológico.

Es cierto que la prostitución no cubre todo lo que las relaciones de pareja o incluso los encuentros o romances puntuales sí (aunque tiene otras muchas ventajas también, no nos engañemos), pero es la única opción que tienen millones de hombres y cada vez más mujeres para paliar ciertas carencias que ni papá estado ni el espíritu santo van a cubrir por arte de magia.

Decir que todo el mundo tiene una media naranja esperándole es faltar a la verdad.

Pensar que todos estamos hechos para compartir nuestra vida con otra persona es engañarse, hay mucha gente que no quiere relaciones o es incapaz de tenerlas, ya sea por incapacidad para ligar o por incapacidad para convivir o comprometerse.

Las redes sociales de ligue han facilitado el acceso a sexo rápido y fácil a las mujeres y a un pequeño porcentaje de hombres (que por lo general ya ligaba anteriormente sin problemas en bares y discotecas). Pero el 80% de los hombres solteros y no pocas mujeres introvertidas, poco agraciadas o con fetiches que pocos saben saciar, siguen teniendo el sexo como algo escaso y que supone un reto conseguir.

En estos casos, y ojo, también en los de muchos hombres y mujeres atractivos sin tiempo o ganas para ligar, la prostitución es una opción rápida, fácil y legítima. Al fin y al cabo, el sexo siempre tiene un precio (tiempo, dinero, esfuerzo…), incluso aunque no se pague directamente por él.

Antes de terminar me gustaría recordarles a los políticos, que además de ser ellos los principales perjudicados de la falta de sexo entre la población civil, la legalización del sector de chulos y meretrices podría contribuir a llenar sus arcas y aliviar sus abultadas deudas vía impuestos y consumo.

Que en occidente uno pueda ver pornografía, hecha por gente que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero, pero no pueda contratar un servicio sexual, es absurdo. Una enorme incoherencia que demuestra que seguimos sin ser una sociedad libre, racional y liberal.

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