La Rioja baila al ritmo de Concha Andreu

Concha se sabe la Reina de la Discoteca. La música no es quien determina sus gráciles movimientos en la pista. Ella dirige los ritmos, los atrapa, bastando un solo guiño al pinchadiscos para hacer y deshacer a su antojo la melodía que quiere que retumbe en el ambiente.

Concha actúa en la discoteca “Parlamento”, de La Rioja, cuyo aforo es limitado. Tan solo pueden participar 33 artistas y Concha es quien lleva la batuta. Pero, como en todo espectáculo, hay intereses creados entre varias bandas de bailarines que están a la espera de acabar con el reinado de nuestra Concha.

El interior de la discoteca es retransmitido las 24 horas por la televisión, y el público, cada 4 años máximo, es quien determina el elenco de partícipes del “show”.

Concha lidera la banda “Puñito y Rosas”, la mayoritaria, con 15 integrantes. En ella, tenemos a Raúl, a Nuria o a Graciela. Concha ostenta el liderazgo del grupo, y si alguno quiere destacar, no duda en mandarlo al camerino, como al pobre Francisco, que intentó subirse al pódium e inmediatamente Concha, tirando de galones, dijo que solo había espacio para uno. El ego de Concha no deja títere con cabeza.

Pero Concha, para controlar la discoteca necesita a su vez contar con el favor de la mayoría de los artistas, es decir, conseguir el apoyo de 17 de los 33 participantes. De ahí que se haya aliado con la banda “Hoz y martillo”, que le permite obtener la citada mayoría.

Hoz y martillo”, tan solo tiene dos integrantes, Raquel y Henar, con un concepto de baile que solo unos pocos comparten. Raquel no es de fiar para Concha, pero se necesitan mutuamente. Henar es una mujer más experimentada en estas batallas y Concha la premia, de vez en cuando, con una danza cosaca o con un “agarrado”, alcanzando de esta manera “Hoz y martillo” un protagonismo mayor que el que su representatividad otorga. Proclaman contra los privilegios en el mundo del espectáculo, mientras disfrutan enormemente de la zona VIP de la “disco”.

Y así Concha, baila y baila. Tiene un público fiel, enardecido. Sus afines aplauden cada paso que da.

Pasodoble, fandango, funky, hip hop, danza del vientre, perreo… haga lo que haga, e independientemente de como lo haga, aclaman a Concha.

Es también divertido ver al resto de bandas. La más potente es la banda “Pepes”. La vieja guardia, que en otros tiempos ostentó el liderazgo de la pista. Ciertos errores y una escasa renovación hicieron que el público los llevase a la barra de la discoteca. Los “Pepes” quieren volver a ser los amos del cotarro, pero su líder José Ignacio está algo obsoleto, alejado de las nuevas tendencias y le cuesta bajar del ostracismo del taburete. Alberto, Carlos, Alfonso, Purificación… desean volver a retomar la senda del triunfo, siendo conscientes de la necesidad del nombramiento de un nuevo líder, mientras se miran de reojo a ver quien da el primer paso. No parecen darse cuenta de que, posiblemente, para volver a ganar el favor del público necesitan savia nueva en el baile, pues ver siempre a los mismos actores puede resultar algo cansino.

Concha se aprovecha de esta situación y su danza cada vez es más segura al no sentir la presión de nadie que pueda relegarle de su posición.

Además, desde su entronización, ha renovado a los camareros y sirvientes del “Parlamento”. Los cargos de confianza y asesores, que se llaman en el argot. Una guardia pretoriana que ha aumentado su número en al menos 35 nuevos integrantes frente a la época que comandaba la banda “Pepes”. Esto supone que se incremente su coste en una cantidad superior a 12 millones de euros que paga el público, a quien parece no importarle, de inicio, tales desmanes, despilfarro y colocaciones a dedo.

Quien sabe si estas decisiones pasarán factura a Concha. Aún siendo la Reina, nunca debes de creerte inmortal.

Es triste ver a la otra banda que hay en la discoteca. La banda “Naranjitos”, dirigida por Pablo. Tiene cuatro integrantes, pero Concha no quiso bailar con ellos y una posible alianza de “Naranjitos” con “Pepes” tampoco sirve para hacerse con el protagonismo. Ello les lleva a dar bandazos, tales bandazos, que sin darse cuenta se han ido aproximando a la puerta de salida de la discoteca. El público no sabe bien cual es su posición, y son conscientes de la posibilidad de sufrir un fuerte castigo en las próximas nominaciones.

Por otro lado, fuera de la discoteca, esperando la oportunidad del público, está la banda “Altavox”. Mucha gente quiere verles actuar y les daría su apoyo. Su líder, Maite, fue hábil para hacerse con el control interno de la banda, pero su escaso carisma y visibilidad hacen de “Altavox” una banda más bien desestructurada, que aporta unos toques folclóricos de flamenco, pero poco más. Además, la calidad del resto de “taconeadores” que acompañan a Maite en la banda “Altavox”, a priori, no parecen aportar demasiado caché ni consistencia respecto a sus contrarios.

Salvo cambio de rumbo, lo tienen complicado para obtener unos resultados acordes a sus posibilidades

Por todo ello, Concha se sabe la Reina. Mueve las caderas a una velocidad frenética mientras levanta los brazos y señala a las cámaras para que el público quede anonadado con sus contoneos.

Baile salvaje, que distrae al resto de bandas y al público, a la vez que medita sobre su estrategia para mantener el trono. Quizás solicite un adelanto de las nominaciones, o quizás no. Los números de la mayoría son los que los que guían su cuerpo y determinarán su jugada.

Ahora mismo nadie le hace sombra

Sus rivales están despistados y necesitan definir nuevos líderes que sean sólidos para destronar a la Reina.

El público tampoco parece darse cuenta de los costes del baile de Concha y las nefastas consecuencias que va a traer.

Mientras tanto, Concha sigue bailando al ritmo que ella misma determina.

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