La razón de ser del Servicio Militar obligatorio

En España, el servicio militar obligatorio, o la llamada mili, fue eliminado por el PP en el año 2001. La finalización del servicio militar obligatorio fue uno de los puntos incluidos en el Pacto del Majestic de 1996 entre José María Aznar y el presidente de la Generalidad Jordi Pujol, a cambio del apoyo de CiU en la investidura del líder del Partido Popular tras las elecciones de ese año. Esta es una de las consecuencias de tener que ser apoyado por partidos independentistas para poder gobernar España.

Desde esa fecha hasta nuestros días, intentaré analizar porqué fue una de las peores decisiones que se podían haber tomado para los jóvenes en España, pues a partir de entonces, esos jóvenes perdieron la realidad y el contacto con el ejercito y todo lo que eso conlleva, a parte de una referencia moral, ética y de apego a tu país. Por ello, se viene produciendo, desde entonces, la decadencia de una parte de la sociedad española, a mi modesto entender, como consecuencia de la pérdida de una serie de valores, alguno de ellos, por ejemplo, el compromiso, la disciplina y el amor a la patria que algunos adquirían al hacer el servicio militar obligatorio.

Hay varias formas de servir a España, al margen de ser un profesional de los CCFFSE, bombero, algún voluntariado, funcionario del estado, Agente forestal, o cualesquiera de las muchas profesiones, instituciones o estamentos en torno a servicios que se prestan al estado por ciudadanos que, bien a través de una oposición, contratación o bien a través de un voluntariado prestan servicio a España. Pero uno de los más característicos y emblemáticos siempre fue la mili (servicio militar obligatorio). Aunque les diré, que existía la mili obligatoria y la mili voluntaria. Es decir: la mili obligatoria era el llamamiento del ejército a un número determinado de jóvenes que cuando cumplían la mayoría de edad (los quintos) eran llamados a filas para servir durante un periodo que iba desde 12-14 y de los 18-24 meses dependiendo del ejército que te tocara; tierra, mar o aire.

La mili comprendía el periodo de instrucción, que se dedicaba al aprendizaje de las labores propias del destino. Este conllevaba estar de dos a tres meses habituándose del paso de la vida civil a la militar, haciendo ejercicios de instrucción, armamento, disciplina militar, ejercicios de tiro, armas, logística, preparación física, conocimiento del medio, etc. De ahí se pasaba al destino donde se permanecía el resto de tiempo hasta licenciarse. El destino solía ser mucho más relajado que el periodo de instrucción. Dependiendo de tus capacidades, pues podías elegir, más o menos, tu destino y qué desempeño realizar.

Luego estaba el servicio de alistamiento de voluntarios, o todos aquellos que, sin esperar a ser llamados a filas, se apuntaban como voluntarios, teniendo la oportunidad de inscribirse en cualquier especialidad o destino de cualquiera de los tres ejércitos, como, por ejemplo: la P.A. (Policía de Aviación), la legión, los regulares, las G.O.E. (Grupo Especial de Operaciones del Ejército de Tierra) o boinas verdes etc. Aunque algunas de ellas precisaban la academia o estudios de más nivel.

Mi experiencia con la mili

Yo contaré mi historia y mi servicio militar. El mío fue voluntario, pues yo ya tenía claro a que dedicarme: ingresaría mediante oposición en el C.N.P. (entonces Policía Nacional) me alisté a los 18 años en aviación, me destinaron al Cuartel General del Ejército del Aire, más concretamente a la Policía de Aviación (PA). Hicimos la instrucción en Getafe en el cuartel de la escuadrilla de aviación del C.G.E.A. Ni que decir tiene que la primera semana fue dura, pues pasas de la vida civil a la militar sin «anestesia». A recibir órdenes de cualquier del escalafón de mando, incluso por los soldados más veteranos, además de aprender a saber encajar y manejar la disciplina, la obediencia y a no rechistar absolutamente por nada, pues no se pueden discutir las órdenes de un superior. Esto es una de las cosas que primero se aprende en el ejército. Acostumbrado a la vida civil donde lo discutimos todo y con todos, esto era básico y fundamental: aprender a obedecer órdenes.

Pero una vez que pasa los primeros días de recluta, uno se integra con el resto de los compañeros, donde se aprende una serie de valores, antes desconocidos o ignorados, como a confiar en quien tienes al lado, pues éste un día te puede salvar la vida, o tu a él. O la camaradería, la entrega, el sacrificio, el respeto, incluso, la amistad.

Organización Juvenil Española (OJE)

Yo, sinceramente les confesaré que ya estaba acostumbrado a las órdenes, pues de muy niño ingresé en la Organización Juvenil Española (O.J.E.). Una organización juvenil civil, aunque con un escalafón de mando ─Para que se hagan una idea, es lo que sería muy similar a los Boy Scouts de Americanos ─, donde se aprendía a convivir entre nosotros, se aprendía a obedecer, y lo más importante, se aprendían una serie de valores, como la disciplina, la entrega, la solidaridad, el amor a la patria y la entrega a la misma, el valor, el arrojo y el compañerismo, fruto de la convivencia en campamentos en toda España donde todos los veranos acudíamos a disfrutar de la naturaleza, a convivir y a formarnos como personas.

La mili nos hacía más hombres y mejores personas

Antes se decía que la mili nos hacía más hombres, esta expresión no sólo significaba eso, es que además era verdad, pues aprendías el verdadero servicio a la patria, el servir a los demás, los valores inherentes de una formación moral, ética y humana, donde de una forma introspectiva aprendías a conocer tus capacidades, aprendías a conocerte mejor, tanto en el plano físico, psíquico y humano. Es increíble pero la mili te moldeaba el carácter, te hacia mejor persona y te abría la mente preparándote para la vida civil que vendría en nada.

He de confesarles que el periodo de instrucción, para mí, fue maravilloso. Era la primera vez que me alejaba de mi casa, de mi familia, de mi entorno, pero a pesar de ello, no supuso un hándicap, sino una lección de vida: aprendí el valor de la entrega, el esfuerzo y el sacrificio que me serviría para lo que estaba a punto de venir: afrontar la vida con mucha más confianza y sabiduría dentro del Cuerpo Nacional de Policía.

El destino

Me destinaron al C.G.E.A. en Moncloa, lo que era conocido por el antiguo ministerio del aire, pues este edificio albergó a una cartera dependiente de ese ministerio. Nada más llegar me ascendieron a cabo. En seguida supe que a aquellos que había tenido de soldados conmigo, de colegas, ahora serían subordinados, pues nada más llegar me ordenaron formar para presentarnos ante el capitán de la escuadrilla. Yo me desgañitaba –Atención, fiiirmeees, fiiirmeees–Nada, no había manera, los soldados de mi escuadrón me veían como otro más y no hacían caso al galón de Cabo. Un sargento que estaba viendo la escena, se acercó y me dijo: –si Ud. cabo no es capaz de formar a sus hombres, entonces quizás haya que enseñarle disciplina. Me arrestó tres días. Pero aprendí que, a partir de ese momento, me tenía que hacer respetar. Mi voz de mando cambió de forma sustancial. Ahora cuando daba una orden no infundía dudas y todos me obedecían sin rechistar por la cuenta que les traía, pues yo también sabía arrestar. De todas formas, los soldados, antes compañeros y colegas también lo entendieron, pues me costó aquel arresto.

Bueno, esto lo cuento como anécdota, pues por lo demás el destino fue un aprendizaje constante y una formación continua. No cambiaría aquellos momentos por nada. A mi juicio, fue un inmenso error quitar la mili, pues te aleja del verdadero sentido para con la patria. El contacto directo a una edad cuya formación humana, ética y moral está aún en proceso, es fundamental que los jóvenes adquieran esa disciplina, ese saber discernir para adquirir los valores que debes de tener como personas de bien.

El resultado de una pésima educación

No voy a decir aquello que ahora toda la juventud que no ha hecho la mili no tenga muchos de esos valores, pero la realidad es muy tozuda. El deterioro de una parte de la juventud es evidente, tan solo hay que ver muchos de sus comportamientos, sobre todo en estos tiempos. Una falta de respeto absoluta, falta de ética, de compromiso para con la sociedad y mucho menos para con la patria, que incluso, una parte de esos jóvenes la aborrecen. No se respetan a los profesores, no se respetan a los miembros de los CCFFSE. Para muchos de estos jóvenes no existe la autoridad venga de donde venga.

Y todo esto emana de una educación pésima, adoctrinadora y sesgada que desde hace bastantes años se imparte a nuestros jóvenes. Si además de ello, en sus casas, la educación consiste en que cada niño haga lo que le de la real gana, es decir, que estudie lo que quiera, como quiera y donde quiera. Que nada de sacrificios, nada de esfuerzos, nada de trabajo, ninguna a casi nulas metas, ni objetivos y por supuesto, nada de dedicación a la formación como personas. Eso sí, los padres a cambio y como “premio”, todos los años les regalan un móvil nuevo de última generación, o una Tablet, o un viaje para que lo hagan en compañía de sus amigos, sin importar con quien lo hacen, si son buenas o malas influencias, sin ningún tipo de control al niño. Claro, luego nos extrañamos que ese niño, con 13 o 14 años ya haya tenido numerosas relaciones sexuales, o algún episodio contra la policía, o contra algún profesor o alumno.

El ejemplo mas reciente de lo que estoy diciendo es ver todos los fines de semana botellón tras botellón y el posterior enfrentamiento con la Policía como si de un juego se tratara. Menos mal que nuestros CCFFSE son enormemente profesionales y saben como tratar estas situaciones, de lo contrario estaríamos hablando de muertos.

Los jóvenes inmigrantes ilegales

Ahora, este problema de una parte de nuestros jóvenes, se ve agravada por otros jóvenes inmigrantes ilegales que entraron en España de forma violenta, agrediendo en muchos casos a Policías y Guardias Civiles, donde muchos de ellos han visto la oportunidad de un efecto llamada, aprovechándose de tener a un gobierno criminal que les favorece, les da pagas, como a los menas: 625 € al mes, más los gastos que le suponen al estado por cada menor. A parte de darles viviendas y todo tipo de facilidades. Mientras en la Palma, las pobres gentes que lo han perdido todo se ven durmiendo muchos en polideportivos, otros alquilando viviendas o con familiares o vecinos.

No es el Servicio Militar Obligatorio la única razón de la perdida de valores de una parte de la juventud española, como ya he dicho, la educación es la base primordial para evitarlo, pero no esta educación adoctrinadora, sectaria y sesgada, dependiendo de que partido político gobierne. No le vamos a echar toda la culpa a los jóvenes, los políticos son los verdaderos responsables de esta situación por haberlos abandonado a su suerte con una educación paupérrima y desastrosa. Solo hay que mirar los entresijos de alguna universidad española, que más que universidad son soviets totalitarios, alguno de ellos fue dirigido por algunos de los que hoy nos gobiernan.

Que vuelva la mili

Para acabar, bajo mi modesto punto de vista, el Servicio Militar debiera ser restituido como obligatorio, aparte de ser modernizado, por ejemplo: es perfectamente compatible la obligatoriedad con ser remunerado de alguna forma, pues ya que el estado obligaría a los jóvenes a apartar sus trabajos o estudios, este se podría compensar económicamente, aunque fuera con un sueldo, por ejemplo, el que se da aun mena, 625 €. O a proseguir esos estudios dentro de las academias militares o concertadas. Se podría incluso hacer una formación profesional dirigida a los respectivos destinos del ejército y las múltiples profesiones que tienen el ejercito de tierra, del aire o de la marina y de sus muchas especialidades.

No haría falta una mili larga, creo que con seis o nueve meses bastaría para conseguir extraordinarios resultados y mejoraría sustancialmente las capacidades de los jóvenes para con su patria, creando vínculos de hace tiempo perdidos.

Estoy convencido, que, de hacerse así, a la vuelta de muy pocos años una parte de los jóvenes que hoy están perdidos, las siguientes generaciones de españoles tendrían otra mentalidad, otra forma más atractiva, más sociable y más entregada que la que hoy por desgracia tenemos. Por cierto, en la actualidad hay numerosos miembros de nuestro ejército venidos de países hermanos que llegan para dar sus vidas por nuestra patria. Mi más sincero reconocimiento y agradecimiento por su valor y valentía. ¡Gracias compatriotas!

Si se logra implantar una ley de educación decente y se complemente con un servicio militar obligatorio, profesional y remunerado donde se adquieran principios y valores, se podrá revertir en muy pocos años el desastre que supone, para una parte de nuestra juventud, la perdida de una guía moral, ética, espiritual y humanística donde sepan que en un estado democrático social y de derecho, la ley, el orden y la justicia, son pilares fundamentales en la convivencia de cualquier sociedad en libertad, pues sin ley, orden y justicia no puede existir libertad, siendo el ejercito y los CCFFSE los últimos baluartes en la defensa de nuestra patria.

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