La política se concibe como pura semántica donde se juega con las palabras y los significados

España es un país donde lo importante, lo mollar es “dominar el relato”. La política se concibe como pura semántica donde se juega con las palabras y los significados. Quien piense que este juego perverso es normal, quien piense que en esto encontraremos el camino al futuro, quien piense que el progreso es esto, es que no tiene ni idea, ni rumbo, ni guía.

Por cierto de esto adolecen todos y cada uno de los partidos del arco parlamentario, a la sazón todos socialdemócratas de más o menos rojerío, pero socialdemócratas al fin y al cabo

Este es un sistema donde se les ha permitido medrar socialmente, enriquecerse económicamente y disfrutar de numerosas prebendas, al final lo que los políticos hacen es mirar por sus propios intereses. Esto explica los casoplones, coches oficiales, Falcon, bonos para taxis, dietas, recibimientos, asesores y pelotas garantizados, un sueldo decente y pocos gastos… e incluso garantía de jubilación con 8 años de escaño.

Esto está causado por la ausencia de una sociedad civil organizada en asociaciones, donde el asociacionismo se entienda como el bien colectivo y grupal, y no para medrar individualmente, como es más que demostrable en todos los ámbitos, sobre todo en el sindical, henchido de marisco, estupefacientes y consumidores habituales de meretrices varias y variadas.

Para todos los que se dedican a lo público, lo importante ha sido siempre garantizar la centralidad de la representación popular y junto a los partidos, toda la plétora de organismos que les son satélites, sindicatos, fundaciones…

Alfonso Guerra, quien ahora se encuentra defenestrado, dijo que había acabado con Montesquieu gracias a la merma de la separación de poderes, ¡no sabe hasta qué punto tenía razón en aquel aciago día!, muestra indigna de esto es la politización del poder judicial, eufemismo que esconde el reparto partidista de sus órganos de gobierno.

La otrora “chica del bolso”, Soraya Saenz de Santamaría, jugó a su antojo para catapultar su imagen con los medios de comunicación, rescatando de la ruina a quienes fueran condescendientes con ella, privando así a los españoles, de la libertad que se le supone a la información. Ya se sabe que la información es poder y las mentiras más poder, aunque tengan las patitas muy cortas, en sociedades donde los realities de televisión son ley, las mentiras son leyes a cumplir sin discusión y la sociedad las acepta sin más.

Pedro Sánchez ha llevado a su máxima expresión la dependencia de los grandes medios del dinero público, ahondando en su sumisión. Y sin cuarto poder, poco queda de la democracia

Este es un sistema piramidal quebrado, nuestros estudiantes cada vez saben menos comparados con los de nuestro entorno. Las listas de espera siguen siendo interminables en los hospitales, las colas del hambre se alargan sin medida y el país alcanza ya una deuda del 116% del PIB, o sea somos un país quebrado, lo miremos por donde lo miremos, depende de nosotros alargar más o menos la agonía.

¿Cuánto de bien y provecho se podría comprar con el presupuesto del Ministerio de Irene Montero? ¿Cuánta inversión productiva podría lograrse si se eliminaran los parlamentos autonómicos, sus televisiones y demás red institucional?

Por cierto debe de saber el lector que las decisiones del consejo de ministros son colegiadas, o sea, ellos son responsables de que violadores, abusadores y agresores sexuales se beneficien de la Ley del Sí es Sí, no nos confundamos.

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