La manifestación del ecologismo radical frente a las puertas del Congreso de los Diputados

Para que no decaiga la fiesta, cómo no, hace unos días se manifestaron en las escalinatas de las Cortes un grupo de ecologistas que, sin que les haya elegido nadie, sin que se demanden sus actos y para justificar sus emolumentos  –  en algunos de sus dirigentes nada despreciables  –   organizaron un sarao vergonzoso y sucio, contemplado serenamente por unas FOP impávidas. Las mismas que prohíben a cualquier ciudadano, ni tan siquiera hacerse una fotografía junto a los leones que franquean la entrada.

Seguramente, y obedeciendo órdenes de ese Ministerio de Interior, tan devaluado como los que forman parte de la troupe numerosa que constituye el Consejo de Ministros más poblado e ineficiente de nuestro periodo democrático.

Actuando con la misma hipocresía de los llamados ecologistas, vemos usando el mismo patrón a los llamados pacifistas, feministas, animalistas y grupos variopintos de nacionalismos de distinto cuño y origen.

Ecologistas que siempre han constituido la avanzadilla que la antigua URSS lanzó a Europa para tratar de parar su desarrollo industrial. Sin embargo, paradojas de la vida, consiguieron efectos absolutamente contrarios a sus objetivos: por un lado la industria occidental se afinó, transformó y perfeccionó, logrando índices increíbles de efectividad y cotas mínimas de contaminación.

Choca con lo que contemplamos cuando cayó el Muro de Berlín y, como fichas de dominó, todas las republicas de ocupación soviética, que condenaron a esos países durante años a unas cotas increíbles de pobreza, falta de libertades, miseria y, aquí viene la sorpresa, a tener la industria más contaminante, sucia, tóxica y dañina del mundo.

Vimos también a pacifistas que callaron como puertas cuando la URSS sacó los tanques y reprimió la llamada Primavera de Praga. Los que ni aparecieron cuando el levantamiento de Hungría fue sofocado a sangre y a fuego. Grupos Anti-OTAN que callan y les parece magnífica la invasión de Ucrania y las masacres de lesa humanidad que vemos a diario en las televisiones.

Al mismo tiempo vemos feministas que ocultan las violaciones en manada, si éstas han sido perpetradas por magrebíes, hispanoamericanos, o por familiares emparentados a gobiernos autonómicos socialistas, como es el caso sangrante y muy actual de la Comunidad Valenciana y Baleares.

Animalistas que permanecen mudos ante la sangre del espectáculo dantesco de cientos de corderos degollados en plena calle, por magrebíes en una de sus fiestas religiosas. Animalistas también a los que no les importa nada la ruina de ganaderos y agricultores que ven sus rebaños y cabaña diezmados permanentemente por osos y lobos, carnicería que no cesa en los campos del norte de España.

Estos grupos mencionados son de una hipocresía e ideología tan descaradas bastas y estúpidas, que ya no engañan a nadie, siendo el nicho ideológico donde se dan cita una serie de personalidades psicopáticas y antisociales curiosas de estudiar, en los que abundan parásitos, vagos profesionales, buscavidas y antisociales de libro.

Una parte importantísima de este racimo de asociaciones, que mantenemos con nuestros impuestos, padecen un infantilismo asombroso; otros, son simplemente parásitos bien pagados de ese comunismo encarnado hoy en la figura de Vladimir Putin, y que para desestabilizar Occidente, no duda en perpetrar cualquier maniobra que lleve a ese fin.

Lo mismo les vemos con los llamados chalecos amarillos, que al lado de nacionalistas como ha ocurrido en España y, que, no dudan en aliarse con lo más florido del terrorismo internacional.

Por supuesto también pululan entre los componentes de estos grupúsculos personas despistadas y de buena voluntad  – los menos – que se creen todas las patrañas muy bien estudiadas y planificadas del neocomunismo que padecemos en sus distintas vertientes; donde podemitas y ONGs han visto un negocio sin contar ninguna otra consideración, apoyadas, en parte,  por esas fortunas inmensas de los que tratan de domesticar y trasformar el mundo en una aldea global de su propiedad, donde ellos reinaran a su antojo – una de las metas de la Agenta 2030 – y serán dueños de vidas y haciendas. Ya nos están diciendo qué comer, cómo y dónde. Esto no ha hecho nada más que empezar, aunque llevan muchos años de trabajo silencioso y de zapa de nuestras sociedades.

Es a estos ecologistas a quienes les debemos una parte muy importante de la crisis energética que sufrimos. Quizás es explicable por ese complejo de inferioridad moral que la izquierda ha sabido tatuar en distintos grupos sociales y políticos de Europa y de Occidente en general.

Merkel  es a día de hoy, la máxima responsable y cooperadora indispensable de la debacle energética humillante que está sufriendo Alemania y Europa, al parar la construcción de nuevas centrales nucleares y cerrar las existentes, confiando a la Rusia de Putin, una autocracia neocomunista, la mayor parte del suministro energético.

Urge encarar en toda Europa, de una vez por todas, una nueva planificación de lo que debe suponer una autonomía energética suficiente, para no depender, en un futuro,  de estados totalitarios que emplean, como estamos viendo ahora, el más descarado chantaje para justificar sus acciones.

Un comentario en «La manifestación del ecologismo radical frente a las puertas del Congreso de los Diputados»

  • el abril 9, 2022 a las 11:53 am
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    Magnífico ! Describes el panorama con total contundencia .La realidad que estamos viviendo que se contrapone a la verdad.
    La autora, Montse7285.

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