La historia de tu esclavitud

Esta es la historia de tu esclavitud. De cómo empezó todo y de cómo puedes liberarte

Igual que el resto de seres vivos que les rodean, los humanos quieren explotar y utilizar los recursos que existen en su entorno. Desde el amanecer de los tiempos cazaban y pescaban, pero algo sucedió en su mente llegado el momento. No sabemos con certeza si fue evolutivo, divino o alienígena. A esto, varios místicos y científicos lo llamaron el “Trauma Ancestral”. Fue el preciso instante en el que el miedo se apoderó de nuestras mentes y empezamos a temer la muerte y el futuro. Fue tanto el inicio de una gran tragedia como de una gran oportunidad.

Tan pronto llegó el miedo a la muerte, a dañarnos y a ser encarcelados, nos convertimos en seres altamente manipulables y controlables, pero a la vez muy valiosos. De hecho, no hay otro recurso más valioso y limitado en el planeta. Las personas realmente no ansían poseer recursos naturales, sino a otros humanos.

Por otra parte, se puede asustar a un animal, pero solamente en ese momento, porque aunque sufren dolor solo piensan en el ahora. Por lo tanto, no se les puede amenazar con la pérdida de la libertad, con la tortura o con meterlos en la cárcel. Los animales viven en esa dimensión del ahora que los humanos evaden tanto. No viven en el mañana, viven en el presente. Uno no puede amenazar a un perro o a una vaca con la muerte, ni a un manzano o un roble con un hacha para que te dé frutos o cobijo, ni a una gallina para que te dé sus huevos. Pero sí puedes amenazar a un humano, para que te dé todas sus gallinas y sus huevos.

Los que sois más avispados ya habréis pillado la razón de mis analogías Orwellianas, porque, ciertamente, vivimos en un planeta granja. Esta clase de granja humana ha sido la más destructiva, aunque la más beneficiosa para algunos, de la historia. Y estamos a punto de llegar al clímax, a un destructivo final. Dejaremos atrás esta época para adentrarnos en otra llena de nuevas mitologías, leyendas e historias fascinantes y oportunidades jamás vistas antes.

El Estado te come, no te alimenta

Uno no puede tener una percepción clara de qué es la humanidad a no ser que la entienda como un conjunto de granjas, todas separadas unas de otras. En ellas, hay granjeros que poseen como propiedad ganado humano. Algunos se confunden cuando alaban a este granjero, más comúnmente llamado estado. El Estado provee comida, sanidad, vacunas, agua, electricidad, infraestructuras y parcelas. Igual que un granjero hace con sus animales proveyendo agua, electricidad, sanidad, veterinarios, corrales, irrigación, antibióticos y vacunas.

Lo más sorprendente de todo esto es que el ganado humano cree que hay una mano benevolente invisible que lidera el Estado. Pero nada más lejos de la realidad. Los humanos creen que porque poseen ciertas libertades son libres y que el Estado las protege. Siguiendo con la analogía de antes, estos granjeros quieren a su ganado sano durante al menos un tiempo, para incrementar su producción y su capital a largo plazo. A más producción, más espacio debe ser habilitado, y es exactamente igual con el Estado, que desea aumentar sus beneficios, su capital y su control sobre el ganado. Amplía sus parcelas, en este caso las ciudades, como el granjero hace y deshace en su granja. ¿Comprendes ahora cómo funciona la prisión en donde naces, vives y mueres? Así de sencillo.

Básicamente, ha habido cuatro fases productivas destacables a lo largo de la historia.

La primera fase empieza con Ur y las primeras urbes en Sumeria o Babilonia, donde la esclavitud era más directa. Los granjeros o regentes controlaban el cuerpo y la mente. Hasta cierto punto, esto también sucedía en la civilización egipcia, aunque en menor grado. Sin embargo, la productividad de los esclavos controlados directamente es baja y se necesitan muchos recursos para manejarlos.

La segunda fase fue el modelo de los romanos. A los esclavos se les permitía cierta creatividad y libertades, por tanto la productividad del Imperio era muy alta, incrementando las arcas y riquezas de Roma. A medida que el Imperio romano crecía, también lo hacían sus impuestos y se recortaban libertades. Con la expansión territorial más productores pasaban a formar parte del imperio y había más para repartir. Ese “socialismo” impulsado por la depreciación de la moneda y las infinitas guerras en el Imperio del Oeste hizo que Roma perdiera fuelle, riqueza, ética y moral.

¿A que os suena esto?

La tercera fase introdujo el modelo feudal, gestionado en gran parte por la Iglesia, que tenía poder intelectual, económico y espiritual. El feudalismo introdujo nuevos conceptos de propiedad y la subdivisión de la propiedad. La tierra pertenecía ahora al señor feudal o a la Iglesia, que se enriquecían a través de impuestos o tasas de la tierra o el cultivo. O sea, el agricultor o paisano, en vez de poseer una parcela en exclusividad o directamente, debía pagar a los señores feudales por esa propiedad. Algo así como un “leasing” actual de un coche.

El feudalismo, aquella distribución de la tierra y el sistema político y económico asociados a aquello llegaron a su fin por multitud de razones entre las que se encuentran multitud de cambios políticos, económicos, científicos y tecnológicos en los que no entraremos. La tecnificación y las revoluciones en materia industrial y química, hicieron que ya no se necesitara tanta gente para trabajar los cultivos. Además, la población crecía cada vez más gracias a la enorme disminución paulatina de la mortalidad, sobraba mano de obra en el campo. Millones de campesinos europeos abandonaron sus tierras ancestrales para buscar trabajo en las grandes ciudades industriales o adquirir tierras asequibles en otros continentes.

La cuarta y última fase fue el modelo de estado democrático contemporáneo. Aquellos que perdieron sus tierras ancestrales (y los que nunca las habían tenido) comenzaron un flujo hacia las nuevas urbes y ciudades; se convirtieron en un nuevo ganado, moviéndose en masa hacia un nuevo tipo de industrias y negocios en los que trabajan por salarios miserables.

Con el tiempo, las clases dominantes se dieron cuenta de que podían ganar más dinero y mantener mejor la paz social si otorgaban una serie de derechos y libertades económicas y políticas a las masas trabajadoras. El tiempo demostraría que esos cambios desde arriba serían más fructíferos a largo plazo y mantendrían al ganado más calmado, longevo y sano, trabajando y generando riqueza durante más tiempo.

Pero este modelo de estado democrático es un modelo mafioso. La mafia (el estado), en verdad, no es dueña de los negocios. Lo que hace es enviar a matones una vez cada cierto tiempo para recaudar dinero y controlarlos indirectamente. Y así funciona el estado, a medida que aumenta la productividad de tu negocio o tu acumulación de bienes, más debes pagarle. Tus amos, las élites, conservan tus libertades porque les reporta pingües beneficios y la productividad aumenta.

No obstante, este sistema también amenaza a los empresarios y propietarios. Al sistema le aterroriza que todos podamos ser igual de ricos que las élites. Es un club exclusivo y la mayoría no estamos en él.

El ganado humano ya no necesita a sus granjeros

Los humanos se han dado cuenta que ya no necesitan tener ningún amo. ¡Nadie dijo que la granja era fácil de gestionar!

Mantener al ganado junto a sus amos es un proyecto muy escabroso y complejo. Por lo tanto, los nuevos granjeros (los propietarios y el estado) decidieron trazar un plan de tres fases para mantener su dominio.

La primera fase, fue crear la educación pública, una factoría de adoctrinamiento en pensamiento mediocre poco competitivo y malas ideas inculcadas al nuevo ganado para que no compita con el granjero. A medida que la riqueza de Occidente creció, se incrementó también el control y el adoctrinamiento entre humanos.

La segunda fase, es que el ganado se divida y enfrente entre ellos, unos contra otros. Es muy complejo controlar a los humanos directamente por la fuerza o con violencia. Los romanos, griegos, nazis, rusos y muchos otros, lo intentaron antes, pero fue misión imposible. Y además no es nada productivo, como vemos en ejemplos actuales como Corea, Cuba, Venezuela. Este modelo de cautividad no es beneficioso para casi nadie ni a corto, ni a largo plazo.

El momento eureka es cuando piensan que son libres. Solo entonces pueden ser más productivos. Por lo tanto, lo mejor es hacer al ganado sutilmente dependiente de los granjeros: paguitas, subsidios, servicios públicos del estado. El Estado se convierte en Papá-Estado. Al ser dependientes, esa parte del ganado atacará a la parte que desea ser libre y luchar por su independencia. Dejan que se peleen contra aquellos que quieren salir de la granja y así no pierden tiempo intentando controlarlos. 

Cualquiera que cuestione al Granjero-Estado será atacado. Por el bien común, los que le desafían  son enjaulados y encarcelados y los demás siguen dependientes.

La tercera y última fase, es crear continuas amenazas externas, como antes era la guerra de Iraq, Afghanistán o como pasa ahora con el virus chino, alias COVID-19.

Pero este tipo de granja está llegando a su fin. Porque las riquezas que obtuvimos a lo largo del pasado siglo, gracias a las libertades económicas, se están marchitando por el recorte de libertades y el aumento de impuestos. Por otro lado, a la vez que crece el ganado, también crecen los granjeros. Y así como crecen la riqueza y las libertades, estas atraen a otros chorizos y parásitos cuya avaricia es igual o peor a la de los que ya están en el poder. A esto hay que sumar la pérdida de la ética y la moral.

La libertad es una metástasis para el Estado. Por eso es difícil una solución inmediata y pacífica. Bailamos alrededor de esta violencia estatal que no tiene fin. Empezamos a vivir y sentir cómo  borregos dependientes nos atacan sin cesar. Muchos reniegan de ver su propio encarcelamiento.

¡Despierta! ¡Se Libre!

¡Fíjate y date cuenta de que vives en la granja!

Ver la granja ES ABANDONARLA.

La historia de tu esclavitud – Colin Rivas Show

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