La guerra de los mundos (Oriente contra Occidente)

El 12 de septiembre de 2006, el Papa Benedicto XVI impartía en la Universidad de Ratisbona una lección magistral titulada Fe, razón y la universidad: memorias y reflexiones.

Durante su discurso, el pontífice hizo referencia a una conversación entre el emperador bizantino Manuel II Paleólogo y un erudito persa sobre el cristianismo y el islam, sobre la verdad de ambos y la relación entre religión y violencia.

Benedicto XVI recordaba en su discurso que el emperador bizantino explicaba a su interlocutor que no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. Para el emperador -como bizantino educado en la filosofía griega- esta afirmación es evidente, mientras que para la doctrina musulmana, Dios es absolutamente trascendente y su voluntad no está vinculada a ninguna de nuestras categorías, ni siquiera a la de la racionabilidad.

«El emperador del que se habla en ese momento ya era un vasallo de los musulmanes, y sin embargo, tenía la libertad de decir cosas que hoy en día ya no podemos decir»

Respondió Benedicto XVI a una de las criticas vertidas por tal discurso, no creo que se pueda ser más claro de como entonces una mente clara y lucida veía el devenir de los aconteciomientos .

La cita del emperador bizantino: «Muéstrame también lo que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como su disposición de difundir por medio de la espada la fe que predicaba», el Papa se vio obligado a declarar que la cita utilizada no expresaba su pensamiento personal, y a aclarar que el verdadero sentido de su discurso había sido una invitación al diálogo y al análisis de la relación entre fe y razón, aclaración normal debido a que el pontífice estaba morando en una sociedad ya podrida de relativización y por ello estancada en el analfabetismo moral imperante.

No todas las reacciones fueron negativas a ese discurso, destacando la carta abierta de los ulemas y muftis de la fundación Âl al-Bayt de Amman el 15 de octubre del mismo año, el comentario de Aref Alas Nayef, intelectual musulmán libio, la reflexión personal del director de la revista Ijtihât o la carta abierta del copresidente del grupo de investigaciones islámico-cristianas GRIC, Hmida Ennaifer.

Esta mención al discurso del Papa está hoy más de actualidad que nunca en vista de lo sucedido en Afganistán

Es evidente que el lector debería analizar el discurso completo para extraer de él lecciones de futuro, que ya en el tiempo del nombrado emperador se veían claramente.

Es una tarea obligada que los dirigentes occidentales la analicen debido a la falta de juicio moral que les acompaña. Esto sin contar con el nulo respeto por la cultura universal que representa el entendiminto racional entre las diferentes civilizaciones, no con alianzas espurias, si no con respeto de una hacia la otra.

En términos geopolíticos, Occidente solo ha conseguido una victoria parcial en Irak y otra en Siria contra el Califato, y una derrota en Afganistán, guerra que se sigue librando en el Sahel y en Occidente por el constante temor del regreso del contagio del terrorismo.

El fracaso de Afganistán puede no ser decisivo a corto plazo en ese sentido, pero no se puede descontar su simbolismo, especialmente para un mundo islámico acomplejado  y resentimiento

Más en concreto, la victoria de los Mujaidines contra la Unión Soviética en 1979 y de los shabab o “muchachos” en Somalia en 1996 aparecían en las obras completas de Bin Laden como un llamamiento a la esperanza para la destrucción de los Cruzados occidentales.

Esa batalla que se iniciaba por tanto con esa denominación de Libertad Duradera no era sino una parte de una estrategia global equiparable a la que los Estados Unidos habían emprendido durante la Segunda Guerra Mundial tras el ataque a Pearl Harbor y en la Guerra Fría, tras el telegrama largo de Kennan y la decisión de Truman de no dejar caer a los estados europeos que estuvieran sufriendo intentos de desestabilización hostigados por la Unión Soviética.

Para las potencias europeas es si no el seguidismo al paraguas que sustenta su libertad y su sociedad, paraguas por otra parte en el cual EEUU afronta, como siempre la parte más dura y cómo no la más criticada de manera furibunda e irracional, ya que desde el Sur hasta el Norte de Europa se ve a los estadounidenses como meros trapicheadores amorales.

Obama entretanto había aumentado el lío diciendo primero que iba a contener el Estado Islámico más violento de AlQaeda en Irak y Siria – y derrocar a Bashar Al Asad en Siria, lo que hubiera significado un hito más en esa democratización-liberalización que propugnaba Bush en origen (política universalista frente a tradicional realista) y quedándose completamente quieto luego. 

Trump prometió que acabaría con las guerras costosas en vida y moneda. Fue una de sus proposiciones más populares

Sin embargo,especialmente habilidoso en la utilización de herramientas diplomáticas y comerciales para desactivar situaciones de crisis y debilitar a sus enemigos, mantuvo la presencia necesaria para no perder ni Irak ni Afganistán. Es más, mediante una extraordinaria combinación de operaciones especiales y colaboración con aliados y adversarios, acabó con el Estado Islámico en Siria, pero la prensa amarilla del la progresía europa lo pintaban como «ocre» analfabeto, misógeno y fascistoide al que hay que ridiculizar.

Los resultados están ahí y habrá que ponderar muy bien sus consecuencias y posiblemente su vuelta.

Lo que representa Joe Biden es a unos Estados Unidos avergonzados de serlo, el triunfo de la contra-cultura de los sesenta

Formalmente, su política exterior, de un modo ciertamente confuso y particularmente ineficaz, es ese regreso a un realismo moderado. De ahí a perder por completo un país entero en el espacio de unos meses, hay un trecho que sólo un cúmulo de actitudes precisamente de la contracultura puede explicar.

Semanas antes de que los talibanes iniciaran su última ofensiva, el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, se reunió con una delegación liderada por el mulá Abdul Ghani Baradar en busca de un pacto de no agresión.

Wang dijo entonces que la «apresurada» retirada de Afganistán de las tropas estadounidenses y de la OTAN – iniciada el 1 de mayo – es un «fracaso», pero también «brinda una importante oportunidad para que el pueblo afgano pueda estabilizar y desarrollar su país».

Pekín afirma que quiere jugar un «papel activo» en la crisis

Los talibanes toman el poder, iniciando una represión que provoca oleadas masivas de refugiados, afectando a los países vecinos, pero que a China le es indiferente, como no puede ser de otra manera, ya que los derechos humanos para ellos son de nula importancia.

Entretanto, la comunidad internacional trata de presionar a los talibanes para que se sienten a negociar, se han mantenido conversaciones en la capital qatarí de Doha a las que también acudió el representante chino en Afganistán, Yue Xiaoyong.

El diplomático declaró a la cadena CCTV que:

«Todas las partes están de acuerdo en que solo puede haber una solución política y en que se debe respetar la soberanía de Afganistán»

Por otra parte, las maniobras militares entre Pekín y Moscú, cada vez más complejas y sofisticadas, incluyendo Inteligencia buscan también demostrar su capacidad de «trabajar juntos» y de «equilibrar el poder global no solo en la zona, si no en el nuevo orden mundial establecido primordialmente por los orientales por acción y por los europeos por omisión».

China quiere mostrar que su modelo tiene éxito allá donde Occidente fracasa y está claro que en Afganistán ha fracasado por muchas declaraciones que hagan los unos y los otros.

La narrativa china de estos días va en este sentido: La OTAN y los aliados occidentales con sus politicas de absorción son los responsables de este desastre humanitario.

«La cuestión afgana no se puede resolver por la fuerza», y que «dependerá de las diferentes facciones políticas y de los esfuerzos internacionales que Afganistán se convierta finalmente en un país estable , toda una declaracion de intenciones».

«China hará todo lo posible por transformar a los talibanes en una fuerza política moderada»

China busca maximizar su influencia en diferentes puntos del mundo, entre ellos Asia Central a sabiendas de la debilidad del viejo continente.

La historia se escribe con renglones rojos y se repite una y otra vez, el fracaso en Afganistán es el fracaso de la propia sociedad occidental.

Ya lo dijo Benedicto XVI, mientras el relativismo occidental sea la seña fundacional de Europa y dejemos los complejos anquilosados en nuestra mente, el mundo occidental se disolverá como un azucarillo.

Esta crisis tiene que valer para más cosas que ver aviones llegar a Torrejón, de lo contrario, así como Cómodo terminó de acabar con el Imperio Romano, el Cómodo del siglo XXI, enterrará lo que queda del Imperio Occidental, con todo lo que esto conlleva.

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