La Educación secundaria en España se convierte en un mero trámite: las reformas educativas reducen los repetidores a su mínimo histórico

La «promoción general» de la pandemia pasa de cuestionable medida excepcional a norma

Las medidas de flexibilización educativa que ha puesto en marcha el Gobierno para que los alumnos pasen de curso de forma generalizada han reducido los repetidores al mínimo histórico desde los años 90, cuando empezó el cómputo.

Esto mejora los datos de España de cara a Europa, pero tendrá unos efectos lamentables en los resultados del Informe Pisa; no permitirá filtrar a los malos estudiantes durante los primeros cursos de ESO, como venía ocurriendo hasta ahora; y redundará en un peor rendimiento de la mayor parte del alumnado, que además de tomarse menos en serio el tener que aprobar todas las asignaturas, compartirá clase en tercero o cuarto de ESO con alumnos que no quieren esforzarse y se toman las clases como un trámite o pasatiempo.

El porcentaje de estudiantes repetidores antes de llegar a los 15 años bajó del 28,9% al 24,8% durante 2020

En abril de 2020, la entonces ministra de Educación, Isabel Celaá, decidió relajar los requisitos para pasar de curso y graduarse e instauró la llamada «promoción general».

Celaá aseguraba que no podía hablarse de un aprobado general, porque no se cambiaba la nota a los alumnos, pero les permitió transitar a todos ellos al curso siguiente «sin tener en cuenta limitaciones que afecten al número de áreas pendientes»; es decir, sin tope de suspensos. La Ley Wert establecía que no se podía pasar de curso con más de tres suspensos en la ESO.

Esta reforma del suspenso, que entonces se contempló con medida excepcional y ya fue muy cuestionada, se ha vuelto la norma. Está presente también en la Ley Celaá, donde no hay límite de suspensos para pasar de curso y graduarse en la ESO. La nueva premisa es que la repetición sea algo excepcional.

Los últimos datos del Ministerio de Educación evidencian una bajada de cuatro puntos porcentuales de golpe en la tasa de repetidores. El descenso en esta estadística venía produciéndose de forma natural desde hace más de una década a un ritmo de un punto anual.

Las regiones con el descenso más pronunciado son Cantabria (ocho puntos menos) y Galicia y Baleares (seis puntos menos). En País Vasco y La Rioja la caída ha sido más moderada, de tres puntos menos. Cataluña es la región con menor porcentaje de repetidores (16,8%), seguida del País Vasco (22,7%) y Cantabria (24,3%). Los chicos (28,2%) repiten más que las chicas (21%) en todas las autonomías.

Ismael Sanz, profesor titular del Departamento de Economía Aplicada y vicerrector de Calidad de la Universidad Rey Juan Carlos, señala que «la flexibilización del Gobierno en la promoción pudo tener sentido en los cursos 2019/20 y 2020/21 por la situación inédita para los jóvenes que supuso la pandemia». «Pero yo no seguiría con esa política a medio y largo plazo», añade, «porque la tasa de repetición ya lleva 13 años bajando de forma natural por el buen trabajo de los alumnos y de los profesores». «No hace falta recurrir a atajos y artificios que reduzcan el nivel de exigencia. Porque, si se baja el nivel, los estudiantes ajustan sus esfuerzos», recalca quien fuera director del Instituto Nacional de Evaluación Educativa y chair del Strategic Development Group de PISA de la OCDE.

Sanz augura que establecer esta relajación como norma general provocará que «los alumnos que vayan con un déficit de recursos previos tengan problemas para aprender las competencias siguientes. Se va a crear una bola que se notará en la universidad».

El profesor cita también un estudio de Jenifer Ruiz-Valenzuela, investigadora de la London School of Economics, donde compara cómo le va a un alumno que ha aprobado con un 5 con otro que ha suspendido con un 4,9. «A pesar de que ambos tienen un nivel prácticamente igual, el que suspende por poco tiene una inserción laboral mucho más negativa que el que aprueba por poco. En un momento dado, un empujón ayuda a no abandonar los estudios al alumno que ha suspendido por poco. Pero tiene que hacerse sin previo anuncio, para que el alumno no lo pueda anticipar», añade. Si no, los alumnos dan por hecho que se les va a dejar pasar y se esfuerzan menos.

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