La ‘derecha alternativa’ alemana recibirá financiación pública. Podrá destinar hasta 70 millones de euros anuales a su ‘guerra cultural’

La derecha nacionalista alemana de AFD podrá recibir, por primera vez, su parte de los más de 500 millones de euros anuales a repartir entre las fundaciones de los distintos partidos políticos.

Hace cuatro años, Alternative für Deutschland (Alternativa para Alemania) revolucionó el panorama político germano al entrar por primera vez como tercera fuerza. El domingo, la formación se consolidó como la opción de un 10,5% de los alemanes, un dato inferior al 12,6% de 2017 que coincide con el descalabro de la CDU de Merkel y un crecimiento de las izquierdas.

«Estamos muy satisfechos con el resultado; se pronosticó que AfD sería un partido de corta duración y se ha demostrado que tenemos una base de votantes muy sólida«, dijo la líder del partido Alice Weidel.

Lo cierto es que el partido afronta los resultados con cierto optimismo, ya que su auge en el este del país ha propiciado el hundimiento de la extrema izquierda y, sobre todo, porque al entrar por segunda vez en el Bundestag, AfD comenzará, previsiblemente, a recibir fondos del presupuesto federal para su fundación cultural Desiderius Erasmus Stiftung.

Tampoco se puede echar por tierra el hecho de que AfD ha obtenido el 21% de los votos (segunda plaza) en la antigua Alemania del este, el que ahora mismo es su principal feudo electoral.

La Desiderius Erasmus Stiftung ha prometido empezar a dar la batalla cultural. Ahora competirán en mayor «igualdad de condiciones» con el SPD, la CDU/CSU o los Verdes, cuyas fundaciones, junto a las del resto de partidos que han obtenido representación en más de una ocasión, se repartieron cerca de 550 millones de euros del bolsillo de los contribuyentes alemanes en el último año.

Los fondos se utilizan para promover la ‘educación política’. Es decir, en organizar conferencias, debates, talleres y demás plataformas donde se difunden las ideas políticas de cada grupo político.

¿Cambio de paradigma?

Las fundaciones, como la Konrad Adenauer (de la CDU/CSU), la Friedrich Ebert (del SPD) o la Heinrich Böll (de los Verdes) pueden apoyar proyectos de investigación y otorgar becas al estudio y doctorados en línea con las ideas del partido. También para consolidar a los partidos, facilitarles su alcance social y formar a sus políticos.

La fundación de AFD podría tener un fuerte impacto en las universidades, colegios y escuelas, “que se están convirtiendo en un campo de batalla”, añaden los expertos en el tema. Por lo visto, en los últimos años la financiación de las universidades está disminuyendo. No son pocos los doctorandos e investigadores dispuestos a «asociarse» con fundaciones de partidos con tal de recibir financiación.

La Fundación Desiderius Erasmus podrá gastar una parte de los impuestos de los alemanes en expandir su alcance territorial, para aumentar su apoyo en el oeste de Alemania. Esto le permitiría dejar de ser un partido al que vota fundamentalmente la mitad oriental de Alemania (antigua RDA) y, en menor medida, el rico sur católico-conservador del país (Baviera, Turungia y algunas zonas de Baden-Wurtemberg).

Como otras fundaciones de partidos alemanes, muy presentes dentro de las fronteras de la UE y más allá, AFD podría lanzarse a abrir oficinas en las grandes capitales europeas.

Persecución por parte del estado y las instituciones.

La Fundación Desiderius Erasmus deberá tener cuidado. Los servicios de Inteligencia alemanes ya pusieron bajo vigilancia a la AfD en marzo de este año. La Oficina Federal para la Protección de la Constitución (el Verfassungsschutz) ya calificó la sección más radical de la AfD, Der Flügel, como un “movimiento de extrema derecha que busca socavar el orden democrático libre”. A la organización juvenil del partido, Junge Alternative, se la ha criticado por cuestionar el monopolio estatal sobre el uso de la fuerza.

Algunos politólogos de extrema izquierda, pero también del espectro socialdemócrata y socioliberal de consenso, acusan a AfD instrumentalizar el concepto de neutralidad política.

Por ejemplo, AFD pone denuncias disciplinarias contra profesores que abordan el racismo y el populismo de derechas en las aulas fuera del currículo de las asignaturas. La formación alega que ese tipo de actividades violan el principio de neutralidad política. Aunque esto es bastante cierto, también es verdad que hasta ahora, a ningún partido le había parecido mal.

El Centro Educativo Ana Frank lleva meses con una campaña de alerta sobre la posibilidad de que la fundación Desiderius Erasmus empiece a recibir el dinero de los contribuyentes. Piden una “ley por una democracia fortificada” que permita al Tribunal Constitucional Federal embargar los pagos a las fundaciones que no «cumplan con el orden democrático«. Es decir, cancelar cualquier tipo de financiación a ADF o su fundación por motivo ideológico al no estar alineados con el paradigma establecido por el Ministerio del Interior de turno.

Erika Steinbach, presidenta de la Fundación Desiderius Erasmus desde 2018 (cuando cambió la CDU por AfD), ha acusado públicamente al Centro Ana Frank de funcionar como una «máquina de guerra» contra su fundación. Asimismo, ha pedido a las administraciones que revisen su condición de organización sin ánimo de lucro.

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