La conjura para destruir España | Parte I

Recuerdo con añoranza la Barcelona de los años 80 y 90. Pasear por las Ramblas, por la Plaza de España, Paseo de Gracia etc. por cualquier lugar de esta hermosa ciudad, antes acogedora, maravillosa y libre, era encontrarte con gentes amables, abiertas y tremendamente hospitalarias: una ciudad libre. Ahora tierras inhóspitas donde la libertad es una quimera de otros tiempos. Ya ninguno de aquellos recuerdos en mi memoria han resistido al cambio atroz que ha experimentado toda Cataluña desde que la “dictadura blanca”, los “Puyol-one” se hicieron con el poder, después del Honorable Tarradellas.

Pues esa sensación de frustración, de vivencias de esa libertad inherente a las raíces de los seres humanos y de la patria, pues no concibo esa patria sin esa libertad, que un día fue una simbiosis maravillosa. Es la que puede sentir cualquier ciudadano si se acerca a la España del siglo XXI y a determinadas comunidades autónomas, como Vascongadas, Navarra, Baleares, la comunidad Valenciana, incluso Galicia. Es como si hubieran transmutado o alienado a aquellas maravillosas gentes por otros entes autómatas que ni sienten ni padecen, absortos y eclipsados por una plaga “comecerebros”, o, dicho de otra forma, una plaga de amebas que se han introducido en sus cerebros destrozándolos y convirtiéndolos en idiotas.

Y realmente plaga son, pues los nacionalismos son voraces, intransigentes, sectarios, destructivos, insaciables y mortales. Mortales de necesidad, pues por donde pasan no crece la hierba, en este caso, no existe libertad. Llevan en su ADN el afán del secesionismo, aunque al principio su moderación confunda, pero son los separatistas de toda la vida, ahora sin careta, pero tan destructivos como el actual virus que enfrenta al mundo a uno de los mayores desafíos de su historia, pero como digo, en este caso se denominan nacionalistas.

Decía el dramaturgo Albert Boadella, entre su prolija y maravillosa sabiduría, que los nacionalismos en España han asesinado a cerca de mil personas

Yo digo que el nacionalismo es el cáncer de las democracias modernas. D. Jose Manuel García Margallo decía algo parecido: “los excesos de los nacionalismos son el cáncer de Europa”. Yo creo que se quedaba corto al introducir la palabra excesos.

Hay ejemplos que así lo atestiguan: la antigua Yugoslavia, los Balcanes, o por ir más lejos, el estado nacional socialista de Adolf Hitler, los nacis, que llevaron a Alemania y al resto del mundo a la segunda guerra mundial y a un exterminio de millones de almas por cuestiones de raza, religión, opciones sexuales etc. Odio, vileza y muerte.

Se introducen por las rendijas de la democracia como un virus o un cáncer, lo corrompen todo, enfrentan a sus poblaciones, incluso hasta con la guerra, exterminan a miles y miles, incluso millones de ciudadanos por razones de raza, religión o simplemente por las atrocidades de asesinos despiadados que aprovecharon, incluso provocaron, para la exterminación masiva de millones de personas.

Matanzas incontables e imposible de visualizar por su crueldad. Estoy imaginando en estos momentos en cualquier punto de esas guerras incruentas y sangrientas, como narraba en alguno de sus libros D. Arturo Pérez-Reverte, cuando era reportero de guerra, como en su libro, Territorio Comanche, que narra la experiencia personal con su compañero, cámara de TVE, cuando estaban cerca del puente Bijelo Polje, Montenegro, antigua Yugoslavia, cuando se disponían a cruzar algunos insensatos viandantes cerca del puente, eran disparados por francotiradores y asesinados. Sus cuerpos yacían días, semanas, hasta que se iban descomponiendo.

Ellos estaban apostados esperando que el ejército croata detonara el puente para evitar el avance del ejército bosnio-musulmán

Contaba como silbaban las balas en sus oídos cuando estaba cerca del campo de batalla, que fue en innumerables veces, o como los francotiradores les disparaban tan cerca que parecía ver pasar las balas cerca de su frente.

Hablar de nacionalismos en España, o de las comunidades autónomas donde existe ese nacionalismo es como predicar en el desierto. Es una sensación extraña observar cómo se van destruyendo los afectos que un día estaban hermanados, unidos por tres razones fundamentales: la libertad, la familia, la patria. Esa libertad que ahora no existe en las CCAA, como no existe ya la familia, destrozadas, separadas, rotas. Como tampoco existe ya la patria allí donde se apagaron los afectos y donde se ha introducido el virus del nacionalismo, hoy convertido abiertamente en secesionismo violento, pues utilizan la violencia para acallar al oponente, para ellos enemigos. Acabar con todo vestigio de españolidad, los símbolos, la cultura, el arte, la historia y por supuesto el idioma.

Persiguen a todos los que sienten a España como su patria, al margen que cada uno sienta también su patria chica. Va carcomiendo a los más jóvenes a través del adoctrinamiento totalitario de la educación inmersiva a fuego y sangre, privándoles del lenguaje materno, el español.

Solo era cuestión de tiempo que, muchos de aquellos jóvenes sean ahora los violentos que se han creído toda la tergiversación de la historia, convirtiéndolos en las “amebas comecerebros” de la nueva y terrorífica Cataluña, pero por el mismo camino transitan las otras comunidades con nacionalistas en el poder.

El gobierno de España apoya a los violentos y al terrorismo callejero

Por supuesto con la inefable ayuda de este gobierno comunista., que alienta, defiende, anima, e incluso, presuntamente conspira y planifica las reacciones violentas de toda esa “chusma”, junto con el inexistente gobierno de la Generalidad, que está más por la labor de la destrucción de España que otra cosa.

Para después conformar ellos su “republiqueta”, que como estamos viendo estos días, donde los CDR en Cataluña salen a las calles a quemar las ciudades o intentar asesinar a algún Mozo de Escuadra. O en Madrid, las violentas hordas de la extrema izquierda “castellana” que cada vez más se va pareciendo a la kale-borroka de los terroristas etarras.

Bajo mi punto de vista, estas acciones están deliberadamente planificadas para llevar a España al abismo de su destrucción, acabar con la Monarquía Parlamentaria y crear una catarsis colectiva pre-guerra civil para establecer el cambio de régimen totalitario “camuflado” en una unión de repúblicas bolivarianas ibéricas. Esta es la verdadera agenda de Podemos y todos sus secuaces secesionistas, golpistas y demás “banda” de criminales, ahora con el colaborador necesario, el Psoe, y el presidente del gobierno a la cabeza, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, presto y dispuesto a ser más Negrín que nadie, con Pablo Iglesias siendo más stalinista que Stalin, o como le ha apodado Don Federico Jimenez Losantos, “el putinín”.

Es una angustia que cada vez oprime los corazones, conforme vamos viendo cómo se estrecha el cerco a la democracia, a la libertad, a mi patria, la cual siento como la sentía Unamuno cuando decía aquello de: “me duele España”

Debe ser que por eso que cada vez que hablo o escribo sobre ella, sobre España, cada vez me duele más, pues la herida producida por unas minorías secesionistas en varias regiones, se va cada día emponzoñando más, se va pudriendo y se convierte en algo incruento, violento y fascista, ya casi sin solución de continuidad. Aunque la esperanza aún aflora cuando veo a compatriotas dejarse romper la cara por llevar sus ideas más allá de los confines de la libertad, donde esta fue aniquilada hace tiempo.

Pero aún hay valientes que sangran cuando les apedrean, cuando les arrojan tornillos, cuando les insultan, cuando les agreden, mancillan, pisotean y les llenan de estiércol y de odio separatista, de lo que un día, no hace tanto, fue España. De hecho, es una de las ciudades más limpias (de alma y de espíritu), más acogedoras y más alucinantes que yo haya conocido, la Barcelona de finales de los 80 y principio de los 90. Pero eso fue hace algunas décadas, ahora todo ha cambiado.

Aquello es, y me duele decirlo, un estercolero tercermundista, donde impera la violencia, la inseguridad ciudadana, la imposición, la radicalidad y el odio permanente a todo y a todos los que no tienen el pensamiento único. La islamización de Cataluña es un hecho y no una opinión. Es la intolerancia de unos pocos que someten como una “Gestapo” a la vigilancia para detectar quien no habla catalán, quien no porta su “estandarte”, esa “bandera”, ese trapo copiado de la bandera portorriqueña (que por supuesto me merece todos los respetos como nación soberana), la estrellada, o estelada. Esta NO.

Esa “Gestapo” se encarga de controlar a quien se sale fuera de los dictámenes ideológicos, más parecidos a la ideología naci que a otra cosa, de unas elites que llevan robando a Cataluña y al resto de España desde que la “dictadura blanca” de los “Puyol-one” se hiciera con el poder en Cataluña. Ya lo dijo el Honorable Josep Tarradellas, cuando ya estaba Puyol de presidente le imputaron a 25 altos cargos de su gobierno por el caso Banca Catalana (por supuesto aquello se enterró). Tarradellas, viendo quien gobernaba en Cataluña dijo a un grupo de periodistas:
“la gente se olvida que en Cataluña gobierna la derecha, que es una dictadura blanca muy peligrosa”

La corrupción y el 3 %

Por supuesto se refería al clan Puyol, bien conocido en Cataluña, el que lo inició todo. El que estableció una red clientelar gigantesca en toda Cataluña para robar fondos de los presupuestos generales del estado, de las dotaciones presupuestarias para aquella comunidad autónoma, de “mordidas” que exigían a todo empresario, emprendedor que quisiera establecer cualquier negocio, el conocido “tres per cent”. Fue tejiendo una tela de araña en la empresa, en la banca. Su padre, Florenci Pujol Brugar, fue el que fundó banca catalana que luego su hijo esquilmó. Los partidos políticos, algunos colaboraban con entusiasmo por que aquello del 3% algo les tocaba, aunque fueran migajas, otros callaban, otros hacían la vista gorda, como los gobiernos de Madrid, que con tal de recibir sus apoyos electorales le dejaban hacer.

Cientos de millones de € evadidos al fisco, ingresados en cuentas en paraísos fiscales de todo el mundo, aunque lo más conocido son los episodios de Andorra, pues fue denunciado por una testigo, la novia de uno de sus hijos, donde declaraba que llevaban millones de Euros, en billetes de 500 € en bolsas de basura en el maletero del coche como el que llevaba naranjas.

3 comentarios en «La conjura para destruir España | Parte I»

  • el febrero 20, 2021 a las 5:37 pm
    Enlace permanente

    Gran artículo en el que se detalla de manera generosa muchos de los problemas que nos está matando. Creo que es una obligación moral recordarlo. Ojalá fuere una exageración o una distorsión de la realidad, ojalá, pero mucho me temo que desgraciadamente todo es muy cierto. He disfrutado leyéndolo, Fran. Gracias por escribirlo. Quiero aprovechar la ocasión para agradecer a Nuestra Rioja la apuesta que hace por la información veraz, valiente y sin complejos, en un tiempo dónde levantar esta bandera cotiza a la baja. Felicidades.

    Respuesta
  • el febrero 20, 2021 a las 6:59 pm
    Enlace permanente

    Así es Miguel Ángel. Hoy día tener medios libres donde escribir en libertad se hace cada día mas difícil. Por supuesto agradecer a este digital, Nuestra Rioja, la oportunidad de hacerlo sin absolutamente ninguna cortapisa, consigna o traba a la hora de ejercer nuestra libertad. Es mas, contaré, si me lo permite D Raúl, que cuando me invitó a escribir artículos en este maravilloso digital, recuerdo que me dijo: escribe cuando quieras, de lo que quieras y como quieras. Más claro, imposible.
    Y por supuesto a los lectores que nos siguen y que esperan nuestros artículos con interés.
    Muchas gracias a todos.

    Respuesta
  • el febrero 23, 2021 a las 2:56 pm
    Enlace permanente

    Esperamos vuestros articulos con interes porque contáis verdades en las que estamos de acuerdo.

    Respuesta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *