La cobardía de Chimy Ávila y la valentía de su camiseta

«Hoy metí la pata subiendo a mis redes una foto con una camiseta que ha ofendido a muchas personas. Lo siento. Fue un regalo que me hicieron con una frase con la que me identifico mucho (…). No era mi intención ofender y pido disculpas» (Chimy Ávila).

Ser un cobarde no es meter la pata, es mucho peor. La verdadera ofensa es pensar y actuar como tú.

Esto dijo después de fotografiarse vistiendo la camiseta con la imagen de Santi Abascal fumando un puro con la leyenda: “El miedo es una reacción; el valor, una decisión”. Qué herejía, acabarás ardiendo en las hogueras de la inquisición roja. Ah, que ya has suplicado perdón. ¡Hay que ser necio!

Esa imagen se tomó cuando Abascal se hallaba en un acto electoral y fue increpado, insultado y acosado (no lo agredieron porque no pudieron).

Lejos de asustarse cual rojo ante el dictador marroquí o como has hecho tú, Chimy, el bravo de Santi decidió fumarse un puro mientras miraba a la cara a la escoria izquierdista.

Con ese gesto de valentía mostraba su preocupación y miedo (ninguno) frente a los delincuentes borrokos; sí, los herederos y cachorros de Otegi; sí, los socios de Pedro Sánchez.

Este arrepentimiento y ruego de sincero perdón del mejorable pelotero podría parecer baladí o algo anecdótico, pero no lo es. Es la verdadera expresión de fuerza de la maldita y enfermiza izquierda, que va por la vida como una apisonadora aplastando a todo aquel que se le cruce en su camino: la falsaria superioridad moral roja. En realidad, es la inexistente moral roja, porque el socialismo no es una ideología, es una patología. Nada más.

Ten presente, querido lector, que si a la izquierda se le juzgase por lo que es y no por lo que dice ser, ya habría desaparecido. Si de verdad hubiese la justicia social que tanto cacarean, ellos no existirían.

¿Por qué ocurre esto? ¿Casualidad o estrategia política perfectamente orquestada? Pensar lo primero es no conocer a la izquierda o ser un cobarde, como tú, Chimy.

Estas manifestaciones de odio, intransigencia y fanatismo más retrógrado es el resultado de haber dado (la izquierda) la batalla ideológica, mientras que el PP se escondía y asentía como “bien mandao” todo lo que la siniestra tuviese a mal infligir. La izquierda te impone qué debes decir, hacer y pensar y, sobre todo, qué no puedes decir, hacer ni pensar. Es la dictadura de lo políticamente correcto o pensamiento único: el rojo.

Esta placentera existencia izquierdosa, que los talibanes de extremo centro nunca han osado discutir para no molestarlos, ha sido así hasta la bendita irrupción de VOX, que ha entendido qué es la izquierda y actúa contra ella y sus dogmáticos postulados cuyo pragmatismo brilla por su ausencia. De ahí el odio que destilan contra VOX: el odio es proporcional al miedo que le tienen.

¿Por qué? Porque saben que con VOX se acabarán las tonterías que nutren al rojerío y su bien aprovechado estado de progre-bienestar. VOX sabe qué hay que hacer, empezando por cerrar el grifo de las ingentes subvenciones para financiar chiringuitos (de género, lgtbihgt…, Greta-clima, etc.) cuyo único objetivo es pontificar odio contra los que no se sometan a la izquierda y a su basura ideológica: el caballo de Troya que supone el “marxismo cultural”.

¿Qué se puede hacer contra el rojerío infecto disfrazado de progresismo?

Dar la batalla ideológica. Desmontar todos y cada uno de sus dogmas. Dejar al descubierto que la izquierda es una enfermedad, cuyas recetas políticas solo crean pobreza, miseria y hambre.

Que por donde pasó todo se acabó. No olvidar un “pequeño detalle”: sus víctimas superan los 120 millones.

Hay que hacer lo que con gran maestría y exquisito talento hizo Rocío Monasterio: humillar y echar al difunto Coletas (me llaman Rata, me llaman Chepudo) de la SER y a la podemita Vanesa Lillo (autora de los audios donde llamaba rata y sinvergüenzas a sus compañeros de partido) de la Asamblea de Madrid. Porque, cuando se dan las batallas ideológicas, sean las que sean, se cosechan victorias. Cuando la libertad avanza de la mano de VOX, la izquierda liberticida retrocede: el comunismo se deshace como un azucarillo.

A ver “Chimy” Ávila, dices que no sabes nada de política, ni te interesa, ¡joder!, pues para no saber nada bien pronto te has bajado los pantalones y sometido los que tienen los santos cojones de imponerte la ropa que debes vestir. A los que defienden el maldito socialismo. A los que quieren destruir a España, la nación que te da trabajo y muy bien pagado. Lo peor de todo es que tú, lejos de defenderte, compras su perdón con billetes que llevan impreso tu temerosa existencia y febril cobardía.

Dada tu manifiesta ignorancia, te haré saber algunas cuestiones: el señor que aparece en tu camiseta es Santiago Abascal, presidente de VOX, la tercera fuerza política de España.

Desde niño ha vivido escoltado, junto a su familia, por ser víctima de la banda terrorista de la ETA, la misma que durante 43 años asesinó a más de 1.000 compatriotas. Sin olvidar a los heridos, algunos muy graves, así como el terror sufrido por todos los que no se humillaron ni doblegaron ante ella (no se quitaron la camiseta de la dignidad, a pesar de vivir bajo la espada de Damocles en forma de tiro en la nuca o explosivo debajo de sus vehículos). ¿Te vas enterando, Chimy?

Por cierto, muchos de los lunáticos que te han obligado a suplicar perdón aplauden con las orejas a los asesinos, incluso, llegan a admirarlos.

Este señor, Santiago Abascal, es un ejemplo a seguir, un espejo donde mirarse las personas de bien. Su persona y su figura política representan la honestidad, la honradez, el coraje, el arrojo, la valentía y el heroísmo de mantenerse en pie frente a los terroristas que intentaban asesinarlo. Representa la rabia y el grito de guerra contra los asesinos y las ansías de vivir en libertad. Representa toda una lección de vida, de principios y férreas convicciones que deben y tienen que ser respetados.

Este señor representa la última oportunidad para España y la esperanza de un gran futuro. Él se halla en las antípodas de lo que has demostrado tú, por eso no eres digno de portar esa camiseta y sí de quitártela. ¡Ojalá te parecieses un poquito a él!

Para acabar, solo me queda decirte que estoy de acuerdo con lo que has hecho, pues alguien que actúa por miedo y se acojona hasta el punto de implorar perdón públicamente, no merece el honor de vestir esa camiseta. Deberías pedir perdón por pedir perdón.

Patriotas, la camiseta la podéis adquirir en la tienda El Capote (física u online). A todos os invito a comprarla y lucirla como hace Santi Abascal y miles de españoles, entre los que con orgullo me encuentro.

Adelante VOX, sin miedo a nada ni a nadie.

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