La batalla final

En apenas unos días serán las elecciones en Madrid y la verdad es que jamás había visto una campaña tan extraordinariamente sucia.

Hemos despertado todos los odios cainitas por los que los españoles somos tan famosos. Ya dijo Amadeo de Saboya cuando renunció a la Corona, “los enemigos de España, son los españoles”.

Dos siglos más tarde no hemos cambiado un ápice. El tono ha subido hasta un límite bochornoso esta campaña, a los continuos ataques a la formación de Vox, ahora han entrado en escena amenazas de muerte por correo, con balas de calibre 7,62 usadas, por ejemplo, en el Cetme.

Toda esta violencia era común en la época de ETA, en el País Vasco, pero todos creíamos que había desaparecido. Parece que no.
Me gustaría recordar que Pablo Iglesias, al que le gusta frecuentar herriko tabernas, y llama “hombre de paz” a Otegi, llegó a afirmar que el terrorismo de ETA tenía explicaciones políticas.

Parece que ahora que le han apuntado a él, esta violencia ya no tiene tantas “explicaciones”, y las considera “insoportables”. Sin embargo, en vez de intentar rebajar el tono, condenar las agresiones que sufre Vox, y dar fin a su famosa “alerta antifascista”, hace todo lo contrario, exige que ellos (en este caso Rocío Monasterio) condenen las suyas, mientras sigue diciendo que los ataques a Vox es porque “van a provocar”.

En la entrevista en la SER el espectáculo fue bastante poco gratificante. Monasterio condenó “toda la violencia” y pidió que Iglesias condenase las que sufren ellos, aunque si es cierto que indicó que no se creía nada. Ahí fue donde Iglesias vio la vía de escape para poder abandonar, con un aire de víctima absolutamente insoportable, el debate de la cadena SER, donde por cierto Àngels Barceló hizo una actuación patética como mediadora imparcial del debate.

Pero a partir de este momento Pablo Iglesias ha ido dándoselas de pobre víctima, indicaba, a la salida, que le insultan personalmente, le llaman “rata” y “chepudo”, hemos de recordar que este mismo Pablo Iglesias decía hace un par de meses que se debía de naturalizar el insulto en las redes sociales, cuando fue preguntado por los motes como “Almeida carapolla” o “el pistolas” en referencia a Abascal.

Y esta es la hipocresía de Podemos, que siempre justifica unos actos, cuando los perpetran los suyos, y que se victimiza, cuando recibe esos mismos ataques. Es bochornosa la calidad democrática de la izquierda radical de este país.

A este juego se han metido gustosos Más Madrid y el PSOE, de una forma indigna, el presidente del Gobierno en un tono absolutamente guerra civilista decía en un mitin esta semana que: “El viernes Vox cruzó una línea y será la última línea que cruce”.

Ciudadanos en su absoluta equidistancia decía “ni Podemos ni Vox”, desde luego que este partido vaya a desaparecer el 4M, no me causa pesar ninguno.

El PP ha mantenido una actitud algo más constructiva. Aunque afean a Vox que no condene sin peros las amenazas a Pablo Iglesias y Marlaska, ellos si han atacado a su vez a Podemos por no condenar los ataques a Vox, por esto han sido tachados por el propio Marlaska de “organización criminal”. La respuesta no ha tardado en llegar y ha sido Almeida, muy elegantemente y con mucho sarcasmo, el que ha dicho “que mal lo ha tenido que pasar Marlaska, que fue nominado para vocal del CGPJ por una organización criminal como el PP”.

En otro acto del PSOE aparecía la directora general de la Guardia Civil, y esto ha causado mucha indignación en el Instituto Armado.

La benemérita siempre ha sido imparcial, trabaja para y por todos los ciudadanos españoles sin entrar en política, y que su directora entre en campaña por un partido es algo que nunca había pasado y que esta siendo fuertemente criticado desde dentro.

Pero parece que al PSOE no le importa usar las instituciones de todos los españoles para su uso partidista, en el BOE atacó directamente al PP esta semana.

Espero que todo esto pase el 5M, sin embargo si esto ocurre en unas elecciones autonómicas… ¿Qué pasará en las generales de dentro de 2 años?

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