Kunduz cae en manos de los talibán, que avanzan sin freno por todo el país

Una de las ciudades más importantes de Afganistán es tomada por los fanáticos talibán, evidenciando el fracaso de 20 años de intervención estadounidense.

Malik, un residente de la ciudad de Kunduz, dijo que la capital es un caos y se están librando «fuertes combates». Nunca en 20 años los talibán habían supuesto un peligro tan grande.

La retirada de los últimos contingentes grandes de norteamericanos y extranjeros ha traído consigo un avance inesperado de los islamistas. Inesperado incluso teniendo ya en cuenta la fortaleza y crecimiento de los talibán en los últimos años.

En apenas dos meses, los talibanes han conseguido controlar casi el 85% del territorio del país.

Hace apenas unas horas, la agencia EFE informaba: «Los talibanes toman el control de la ciudad de Aybak, capital de la provincia de Samangan, que se ha rendido sin ofrecer resistencia».

Al tomar la capital de provincia, los muyahidines se han dedicado a pegar y violar a todas las mujeres que veían sin velo. Al mismo tiempo, se ha procedido a alistar en las filas talibán a muchos jóvenes en edad militar.

El aeropuerto de Kunduz sigue bajo control de las fuerzas de seguridad afganas, seguramente por poco tiempo. Al logro yihadista que supuso la captura de dos ciudades regionales esta semana, se suman Kunduz y Sar-e-Pol, dos de las ciudades más importantes en el norte del país asiático.

Además del poder demográfico y económico que obtener esas ciudades les ha podido reportar, su propio portavoz ha reconocido que han conseguido una gran cantidad de armas y municiones. Por si fuera poco, algunas de las nuevas ciudades talibán, como Sheberghan o Zaranj, tienen frontera con otros países como Turkmenistán o Irán.

El Ejército afgano está intensificando sus combates para recuperar el territorio cedido. Con el apoyo de la aviación estadounidense, el ejército ha mantenido choques en al menos 18 de las 34 provincias afganas. Se han confirmado 572 insurgentes muertos y 309 heridos en las últimas 24 horas, según el Ministerio de Defensa.

No obstante, en el parlamento afgano y en las calles del país cunde el desasosiego. Si en 20 años no se ha podido acabar con los talibán, no se va a poder ahora sin la ayuda del país más poderoso del mundo.

El lamentable papel de China.

La semana pasada, una delegación talibán se reunió con el ministro de exteriores chino. A China, una potencia con pocos escrúpulos humanistas e ideológicos, le interesa tener Afganistán pacificado e incluso convertido en un aliado político del que poder extraer recursos minerales.

Tras el encuentro de dos días, el ministro de exteriores, Wang Yi, afirmó que los talibanes eran una “fuerza política y militar fundamental” en Afganistán, un comentario sin precedentes en la política internacional.

Esta no era la primera vez que China se reunía con los talibanes, con quienes ya ha mantenido conversaciones en la última década, pero sí la primera que lo hace de manera pública y cordial.

El régimen talibán podría terminar convirtiéndose en un problema para China, Irán o Rusia, si estos expanden su influencia a otras repúblicas centroasiáticas.

Sin embargo, poco le importa a China que en Afganistán haya vigente un régimen islamista, mientras no se entrometa en los territorios musulmanes de China noroccidental ni financie el creciente yihadismo anti chino. Al fin y al cabo, con el Partido Comunista Chino los Derechos Humanos también brillan por su ausencia, poco le importa al partido de Mao lo que pase en Afganistán mientras no le salpique.

China no está interesada en otra intervención militar como las llevadas a cabo en el pasado por el imperio británico, la URSS y EEUU, no quiere replicar sus mismos errores ni convertirse en principal objetivo del yihadismo. Teniendo esto en cuenta, el Gobierno chino parece estar dispuesto a tender la mano a cualquier Gobierno afgano alternativo al «puesto» por EEUU.

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