Columna de La Reconquista | ¿Indiferencia o traición? Amaños políticos…

No, no, no. Para nada me refiero a usted, amable lector. Más bien, me refiero a los representantes políticos que los españoles elegimos en las urnas (sin entrar en la legitimidad de conformación del arco parlamentario, que es tema aparte). Unos representantes que es difícil encuadrar en una clasificación coherente, sencilla y transparente porque muchas veces son tan previsibles como los movimientos de un gato o las previsiones meteorológicas que emite RTVE, y se cumple el adagio de Tzun Tsu: “El enemigo de ayer puede ser amigo mañana, y viceversa”.

La indiferencia (quizá más conocida por “pasotismo”, “valemadrismo”, “perroflautismo”, entre otros coloquialismos simpáticos) no tiene nada de bueno. El indiferente practica una abstención del juicio en sus elecciones y decisiones que solo son egoístas para sí mismos, valiéndoles dos kilos de chorizo ibérico el progreso social, la preservación de los valores, principios, historia, cultura… No. Para el indiferente, como expresó el emperador romano Tiberio, “después de mí, que se acabe el mundo”. Y, desgraciadamente, el pueblo español, sus dirigentes políticos, sociales, religiosos y educativos, está ya en el tope de la indiferencia. A ver si va a ser cierto que sólo reacciona cuando se le “rasca” el bolsillo (porque pese a la subida de la luz por franjas, a la subida del impuesto de cotización de autónomos, a las tasas sobre actividades digitales, etcétera, no reacciona ni la Lola).

Ahora bien, si ya es mala la indiferencia, la traición es peor. El noveno círculo del infierno de Dante Aligheri está en reserva exclusiva para los traidores (y desde que escribió “La Divina Comedia” pregúntome yo si quedará todavía espacio, porque en más de cinco siglos ya ha habido vendepatrias a trillones). El traidor logra sumar un cúmulo de “virtudes”: mentira, engaño, deslealtad, falsedad, dolo, bajeza, vileza, embuste, saña, rencor, envidia, ambición e idiocia, por solo mencionar algunas.

Dígame usted: ¿considera que pertenece a alguna de esas dos categorías? Si la respuesta es NO, demuéstremelo con su protesta no callada ante la injusticia, con su mano alzada frente al desprecio de los traidores e indiferentes, con su frente en alto por el orgullo de ser congruente con sus principios y valores. Si su respuesta es un SÍ, si pertenece usted a una de las clasificaciones mencionadas, solo le recuerdo la máxima del Refranero español: “Si los idiotas volasen, nunca veríamos el sol”, además de rogarle un examen de conciencia (si su indiferencia lo permite en la indolencia, y si encuentra esa conciencia escondida en algún recoveco interno de su ser). No hay medias tintas en algunas cosas: o se cumple la palabra dada o no, o se es fiel o no, o se es sincero o no. El resto es retórica barata, elocuencia bananera y parodia de honestidad.

Aterricemos en lo práctico: ¿aprueba usted una concesión de indultos sin arrepentimiento? ¿Es partidario de las medidas restrictivas hasta para la respiración (y no es por el “bozal” y doña Susana Distancia)? ¿Siente amor por su tierra, ciudad, provincia, nación? Entonces, estimado lector, de usted depende poder enderezar el rumbo fuera de amaños políticos o mantenerlos para poder después quejarse amargamente (eso sí, culpando a otros por la indiferencia propia). DIXIT.

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