Hungría consigue mejorar considerablemente su natalidad

El país ha conseguido subir la tasa de fecundidad (hijos por mujer) de un paupérrimo 1,25 en 2010, a un 1,55 en 2020.

Esto se consiguió a pesar de la pandemia y de que Hungría no es un país particularmente rico, pues hace solo 3 décadas salía de un infierno de 40 años de comunismo.

El vicepresidente del Instituto María Kopp de Demografía y Familia, Dalázs Molnár, explicó el pasado 18 de junio en la edición de los Diálogos Trasantlánticos organizado por la Political Network Values (PNfV) por qué la política familiar implementada en Hungría es una de las más exitosas de Europa.

El secreto está en su propósito: garantizar que casarse, formar una familia y tener hijos no signifique ninguna desventaja, ni financiera ni social.

Hubo un crecimiento del número de matrimonios, caída de los divorcios, más nacimientos, menos abortos, más familias con sus hogares propios, valorización de la maternidad y del papel de los abuelos y más jóvenes con ganas de formar una familia.

Dalázs Molnár

Molnár ha dejado claro que la década de políticas pro familia en Hungría ha dado sus frutos generando «un ambiente favorable y familiar en Hungría».

La actual tasa de fecundidad sigue por debajo del 2,1 de nivel de reemplazo poblacional. Sin embargo, supone la cifra más alta desde 1996 y en el partido de Gobierno espera que esta siga aumentando en unos años.

Balázs Molnár ha dejado claro que el modelo de Hungría, a diferencia del de otros países, no consiste en dar dinero por tener hijos. Se trata de un amplio sistema de apoyos y beneficios fiscales para que las familias no vivan “de sus hijos”, sino “para sus hijos”.

El país magiar se ha propuesto volcarse con la reconstrucción de su pirámide demográfica.

Para ello se han credo una amplia red de guarderías para quien se reincorpora al mercado laboral, una modalidad dónde los abuelos pueden realizar la labor de cuidado de los nietos con remuneración y una reducción fiscal a empresas que contratan madres.

También hay subsidios para matrimonios jóvenes, unos préstamos para viviendas respaldados por el Estado, una disminución de créditos hipotecarios con la llegada de los hijos, y la reducción progresiva del Impuesto sobre la Renta progresivo por el número de hijos.

Hungría se ha propuesto destinar hasta un 5% del PIB a la «familia». Esto supone la cifra más elevada de toda la UE.

Otros muy buenos datos de los que presumir.

Mientras que entre 2002 y 2010- coincidiendo con gobiernos de izquierdas- el número de matrimonios disminuyó en un 23%, desde 2010 ha aumentado en un 89,5%. Paralelamente, el número de divorcios disminuyó en un 57% en la última década.

Según la Oficina Central de Estadística de Hungría, la mayoría de los jóvenes, hasta un 90%, quiere tener hijos. El 43% al menos dos, y al 18% les gustaría tener tres o incluso más. Los buenos datos demográficos y la apuesta por la familia, no han tenido un impacto negativo en el empleo femenino, que subió de 54,6% en 2010 a 67% en 2020.

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