Groenlandia celebra elecciones el 6 de abril. El país abraza su independencia de Dinamarca

Por Jose Camarero Sánchez

Hace ya muchos años que Groenlandia decidió salirse de la Unión Europea y caminar sola, apartándose cada vez más de Europa y de la patria y corona danesas a las que se encuentra mancomunada.

Groenlandia es la isla más grande del mundo, pero su población es de menos de 60.000 habitantes (más o menos la población de Soria capital).

Más del 90% de la población groenlandesa es de etnia inuit, un pueblo con una identidad propia muy particular y, a día de hoy, mayormente favorable a la independencia.

El deseo de separarse de Dinamarca persiste a pesar de que un tercio de la economía de Groenlandia proviene de las subvenciones y ayudas al desarrollo que envía el estado danés.

Que los partidos mayoritarios sean fuerzas ‘rojiverdes’ escépticas con la explotación de recursos minerales, no ayuda precisamente a la autosuficiencia de la isla o a la consecución de la causa separatista.

Los lazos de los groenlandeses con Dinamarca siguen siendo fuertes.

Dinamarca no solo es la potencia colonizadora, también es el estado que sacó a Groenlandia de la prehistoria, construyó viviendas dignas, creó infraestructuras, llevó la alfabetización y su literatura nacional a la isla.

Además, la mayoría de los inuit pertenecen todavía a la iglesia luterana nacional de Dinamarca.

Una sociedad pobre de solemnidad.

A día de hoy de hoy, depresiones, alcoholismo, suicidios y el abuso de menores son muy habituales en la sociedad groenlandesa, por lo menos entre la mayoría inuit.

El terrible clima, poco propicio para el desarrollo de las sociedades humanas, es el peor enemigo de sus pobladores.

La entrada de la isla en el mundo desarrollado, trajo consigo la destrucción del único estilo de vida que los pobladores de la isla habían conocido.

Ahora, la población se encuentra de algún modo desarraigada, fuera tanto de su modo de vida tradicional, como del de las sociedades occidentes de las que, en teoría, forman parte.

A pesar de los recursos naturales per cápita que un territorio tan descomunal y despoblado puede ofrecer, el clima extremo y la falta de auténticas ciudades- la capital, Naak, apenas supera los 20.000 habitantes y el resto son pueblos y aldeas de menos de 2.000- hacen que Groenlandia no sea atractiva a la inmigración ni a la inversión.

El territorio groenlandés tiene potencial, pero su estado desangelado, su falta de pueblos o ciudades, su escasa mano de obra, su falta de bosques, gente o infraestructuras y su situación geográfica, tan cercana al polo norte, hacen que el territorio no termine de resultar atractivo para la inversión extranjera. Al menos así ha venido siendo hasta ahora…

Recursos minerales, una inesperada e inconmensurable fuente de riqueza.

Aunque la población groenlandesa ha sido hasta hace no mucho extremadamente pobre y totalmente dependiente de la pesca y del estado de Dinamarca, esto, ahora, podría cambiar.

Si bien el 80% del territorio está congelado, la isla cuenta con muchos minerales y ultra demandadas tierras raras en el subsuelo.

Es cuestión de tiempo que la economía de un territorio tan vasto, poco poblado y en una zona del mundo rica en tierras raras, recursos minerales y combustibles fósiles- hasta ahora de difícil extracción debido a las capas de hielo permanente- no termine despegando.

Si el pueblo groenlandés fuese capaz de empezar a explotar sus no pocos recursos, en pocas décadas podría dar con la mayor parte de su ciudadanía nadando en la abundancia. Y si no, por lo menos, saliendo de la escasez en la que desde siempre viven inmersos.

Es cierto que el nivel educativo de los groenlandeses no es alto y que las profesiones altamente cualificadas están cubiertas mayormente por daneses, inmigrantes y por la minoría mestiza. Pero, al final, Groenlandia es propiedad de sus ciudadanos. Estos podrían convertirse en millonarios en caso de que su estado negocie favorablemente con empresas extranjeras especializadas en la extracción de recursos.

EEUU, Rusia o China ya han puesto sus ojos en Groenlandia.

Hace un tiempo, el ex presidente Donald Trump ya dejó caer la posibilidad de que su país adquiriese Groenlandia a Dinamarca a través de una compra. Aunque el ofrecimiento fue rechazado tajantemente por Dinamarca, resulta un tanto anacrónico y recuerda los grandes congresos diplomáticos del XIX, tiene mucho sentido.

Ha sido una empresa australiana con capital chino, la que recientemente ha ofrecido a las autoridades groenlandesas la posibilidad de empezar a extraer tierras raras en la región.

Dinamarca podría oponerse en caso de ver comprometidos sus intereses, pero tal movimiento condenaría al país de cara a la opinión pública inuit.

El estado danés es el dueño legítimo y reconocido internacionalmente. Además, este no reconoce el derecho a la autodeterminación de Groenlandia (así como tampoco el de las islas Feroe).

Pero, por la condición idiosincrática de Dinamarca, su respeto a los Derechos Humanos, sus limitaciones demográficas y militares, por sus diferencias étnico-culturales con Groenlandia, por la desafección que siente la mayoría inuit por el país nórdico y por el alejamiento geográfico entre ambas tierras, puede terminar perdiendo su soberanía sobre tan inmenso territorio.

El largo camino a la independencia.

Hace décadas que la mayoría de la población de la gran isla se subió al carro de los nacionalismos descolonizadores posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Dinamarca, como toda al UE, es percibida como un fuerte en lo económico pero débil debido a su inquebrantable respeto a los DDHH.

Desde los años 60, ningún ciudadano de fuera de Europa tiene miedo a plantear una posible independencia de su territorio respecto a la metrópolis. Hoy en día, atendiendo al caso particular de Dinamarca, esta es más una patria benefactora y protectora que colonizadora y extractora de recursos.

La descolonización ha traído consigo una ola sin precedentes de secesionismos e independencias nacionales por motivos históricos, étnicos, lingüísticos, religiosos o, simplemente, geográficos, a la que muchos groenlandeses han querido subirse.

Más allá de que en tiempos recientes los groenlandeses tengan poco que reprochar a Dinamarca, estos no se sienten parte de un país germánico-nórdico con el que, realmente, hasta el siglo XVIII, no tenían nada que ver.

Los partidos locales apuestan, en su mayor parte, por caminar hacia la independencia. Unos más rápido y otros más lento, pero el rumbo está claro.

Hace 10 años que el danés dejó de ser la lengua oficial y preferencial de Groenlandia en favor del groenlandés (un dialecto de las lenguas inuit). Los inuit jóvenes tienen más interés en aprender inglés que danés.

Desde 2009, Groenlandia ya es muy independiente en su política económica y se busca ir dependiendo cada vez menos del dinero danés (3,6 mil millones de coronas danesas anuales).

La hegemónica izquierda independentista, tanto en su vertiente más moderada como en la más radical, anhela la independencia.

Unas elecciones decisivas.

Los partidos independentistas son mayoritarios en Groenlandia. Los sondeos para las elecciones de mañana otorgan a estas fuerzas más del 75% de los sufragios.

De los siete partidos que se presentan, seis abogan por la independencia. Algunos desean un referéndum en 2021, cuando se cumplen 300 años de la ocupación danesa.

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Sin embargo, la mayoría de los ciudadanos se muestran contrarios a la secesión en caso de que esta venga acompañada de un previsible empeoramiento del nivel de vida. Algo casi asegurado en caso de producirse la separación este mismo año- al menos hasta que el estado Groenlandés aprendiera a diversificar la economía, desarrollar el turismo o atraer la inversión extranjera-.

Al parecer, el desarrollo económico de la isla es cuestión de tiempo y, llegado el caso, las fuerzas legales y militares danesas podrían no ser suficiente para aplacar la deriva independentista.

Dinamarca no es China y no va a internar a los posibles independentistas en campos de concentración como ha hecho el país asiático con un millón de uigures.

La única estrategia posible que le queda a Dinamarca, si quiere realmente conservar Groenlandia, pasa por «colonizar» la isla con población danesa- o europea- ideológicamente contraria a la independencia.

Incluso en ese supuesto, es innegable que la independencia podría suponer el enriquecimiento vertiginoso de todo ciudadano groenlandés… por tanto, hasta los nuevos groenlandeses podrían verse tentados a subirse al carro independentista.

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