Good Bye Lenin!

Decía mi abuela: “Cuando un tonto se agarra a una reja, hasta que no la rompe no la deja”… Pues se ha roto y se ha llevado por delante a uno de los tontos más odiados y políticamente siniestros que ha conocido España.

Querido lector, me llena de orgullo y satisfacción (como diría el Rey emérito don Juan Carlos. ¡Lo que estará disfrutando al ver lo ocurrido!) anunciarte el fallecimiento político de aquel que con buen acierto llamamos “el Marqués de Galapagar». Si tuviésemos que ponerle motes en proporción al daño causado, harían falta varios libros para el catálogo de alias, insultos, ofensas y agravios para su merecido y justo escarnio público.

Hoy, cuando el malogrado bolchevique se halla de cuerpo presente, solo puedo sentir una alegría inmensa, pues la idea de perderlo de vista es el mejor regalo que nos han podido hacer nuestros compatriotas madrileños. Como bien nacido que soy, les estaré siempre agradecido. Pero, vayamos por partes.

Anoche, recién acabado el escrutinio inicial y cuando todavía no había digerido el castañazo electoral rojo de proporciones colosales, tuve la mayor satisfacción que no por esperada me causó poco contento: la expulsión de la vida política, por la puerta de atrás, de la segunda mayor anomalía y peste roja que hemos sufrido el pueblo español, Pablo Iglesias. La primera es el yerno de Sabiniano Gómez (príncipe de saunas gais y cámaras ocultas “villarejas”), Pedro Sánchez. De este hablaremos más adelante, pues a cada cerdo le llega su San Martín.

Tiempo habrá de hacer un exhaustivo análisis de todo lo acaecido, pues ha sido un día histórico, el día que comenzó la reconquista de España. Pero, como he dicho, lo dejaremos aquí por ahora. Hoy pretendo dedicarle unas letras a modo de despedida al óbito de moño-loco, cuyo pasaje en el Plus Ultra, por la módica cantidad 53 millones, es la mejor inversión que hemos hecho los españoles.

Pablo, anoche, mientras anunciabas tu dimisión, pensé que no echaré de menos tu rictus enfermo de odio, tus continuos desprecios y ataques inmisericordes contra la oposición. No echaré de menos tu mirada gélida, desconcertante, maquiavélica y de maldad insondable. El odio que desprenden tus ojos por todos los que no te queremos y con orgullo te despreciamos. Esos ojos que decían lo que tu obscena boca callaba: “algún día pagaréis esto. A mí no se me puede tratar así”.

A Dios gracias, el suelo se ha cuarteado bajo tus pies de barro y ha estallado en mil pedazos, dejando al descubierto la basura política que eres. Lo que ayer era tu lujosa vicepresidencia del Gobierno, hoy son arenas movedizas que te engullen para nuestro inmenso deleite. Hoy solo eres un juguete roto. Un proyecto acabado. Un ser calamitoso. Un suplicio. Un naufragio. Una condena perpetua. Coletas, tu estrella se ha apagado. La falsa luz que ayer irradiabas, hoy es la que alumbra la noche más oscura.

Anoche volví a ver esa carga de aversión que portas y que te está deformando y destruyendo. Esa ingente protervia te impide vivir en sociedad rodeado de congéneres, los mismos que ya te conocen, que ya no compran tus monsergas de enfrentamiento entre iguales, y lo más importante, que ya no te quieren. Pablo, nadie te echará de menos. ¿Sabes por qué? Porque tienes el sabor de la venganza en tu boca, al ver que los que ayer te adoraban cual mesías castro-chavista, hoy te detestan. Tu liderazgo tenía de basamento el rédito de infundir miedo, pero ya nadie te teme. Has vivido a lomos de billetes manchados con la sangre de nuestros hermanos cubanos y venezolanos. Esa es tu condena, ser el tonto inútil de dictadorzuelos caribeños, rusos e iranís.

Ojalá nunca te hubiésemos conocido, ni mucho menos padecido. Nadie se merece estar cerca de ti, salvo los malnacidos que todavía hoy te mantienen en el lugar donde nunca debiste estar. Eres un ser indigno, que solo recibes lo que proyectas: rechazo.

Querido lector, cuando alguien te pregunte quién fue el “coletas”, dile que fue un epitafio, un comunista redomado

Pablo, no odio a nadie, ni siquiera a ti. No deseo nada malo a nadie, ni siquiera a ti. Lo único que te deseo es que nunca te rodees de gente como tú, aunque estoy convencido que solo tú te mereces a ti mismo. A Dios le pido que te vaya tan bien como nos ha ido a los españoles contigo. Vete de una vez y cierra la puerta al salir. Hasta nunca. Españoles, Pablo Iglesias ya no existe.

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