Giro imposible de Sánchez

Es importante que abra la puerta al comunismo para que salga del Gobierno con urgencia, además de clarificar las presuntas corruptelas de Ábalos y otros.

Los cambios en el Gobierno no han hecho que España deje de ser una olla a presión. Sánchez pensaba que había tomado la iniciativa, enderezado el carro y comenzado el segundo tiempo del partido. Pero no ha sido capaz de ver que esa segunda parte comenzaba sin ocho consagrados ‘jugadores’, aunque muy chapuceros alguno de ellos, y que eran reemplazados por aficionadas municipalistas que no habían mostrado nada en política y tampoco su eficiencia en la división de honor.

Con los primeros acontecimientos acaecidos tras los cambios, queda patente que el presidente busca una imagen muy alejada de lo que es él. Está consiguiendo lo opuesto a su pretensión; lo mismo que le sucedió con el paseo robado a Joe Biden, y pagado a precio de oro. Ha quedado como el perrito faldero de un señor muy mayor que, incluso, aceleró el paso por miedo a la repentina ‘torre’ que se situó junto a él. La ‘culpable’ de todo eso fue Kamala Harris.

A la falta de “límites y principios” de Sánchez, como ha declarado Pablo Casado, hay que añadir su negligente gestión con la pandemia y la responsabilidad compartida con Pablo Iglesias en miles de muertos durante el inicio de la pandemia, incapaz de hacerse con material sanitario por carecer de contactos en China. De no haber sido por Felipe VI y Amancio Ortega, además de algún hábil presidente autonómico como Díaz Ayuso, España lo hubiera pasado peor aún. Y ya es decir.

Si el chapucero Gobierno del ‘Doctor Fraude’ no ha sido capaz de decirnos cuántos fallecidos lleva a la espalda de su irresponsabilidad, deberá explicar esa cifra de 450.000 a los que dice que ha salvado. La idea era de Iván Redondo y apenas tuvo recorrido. Lo peor de todo es que una de las ‘chicas’ nuevas, instalada como titular del Ministerio de Política Territorial, y también como “vocera” del Gobierno, incluso habla en esa misma línea de vulgaridad y atolondramiento. Vienen todas de la misma escuela unitaria: el pensamiento único.

No veo el giro hacia la moderación al que aspiraba el presidente Sánchez con los cambios. Hablar de moderación teniendo cinco ministros comunistas a los que no controla y que siguen defendiendo a Díaz Canel y su represión cubana, es hacer el ridículo con mayúsculas intenciones. Casi tanto ridículo como el que ha hecho en Nueva York diciendo que “es de fiar y cumple cuanto promete”. A otros que ha tomado por tontos. ¿Se puede ser más ridículo, gaznápiro y papanatas cuando sabe que el desprecio emanado hacia él radica en sus mentiras y en su propia incompetencia?

Con los cambios sólo veo un PSOE que ansía su versión clásica y que cada vez tiene más miedo al acercamiento de las elecciones. Entre su deficiente y negligente gestión en general, junto con su acercamiento a bilduetarras, comunistas de ‘sombrilla y taburete’, golpistas y otras ‘raras avis’ que pululan cual provincianos solitarios por el Parlamento, se ha cubierto de ‘gloria’, pero lo que no sabe es que aquel clasicismo socialista no pactaba con terroristas. ¿Se imaginan a Felipe González pactando con Eta y con energúmenos de ‘Terra Lliure’? Personalmente no puedo imaginármelo, por muy socialistas que se consideraren ambas organizaciones terroristas.

Pedro Sánchez o ‘Doctor Cum Fraude’, como deseen, si quiere volver al clasicismo socialista debe empezar por no mentir cada vez que habla. Pero también es importante que abra la puerta al comunismo para que salga del Gobierno con urgencia, además de ayudar a clarificar la corrupción de Ábalos con los sospechosos millones de mascarillas, el pufo sanguinario de ‘Plus Ultra’, las maletas de la ‘princesa del corralito’…

Por cierto, mirar al alero en el tema del Tribunal de Cuentas respecto a la expropiación a los golpistas catalanes, no le va a facilitar el camino político.  Tampoco sus reformas fiscal y laboral, según los inversores americanos, ni los atropellados indultos a los terroristas catalanes contra la Constitución, las instituciones y el pueblo en general.

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