Francia contiene el aliento a 5 días de las Presidenciales

Mientras la incertidumbre de la crisis inflacionaria y la niebla de guerra en el Este sacuden una sociedad europea que abruptamente tiene que acostumbrarse al retorno de la Historia en mayúsculas, Francia, la única potencia militar seria de la Unión Europea, se dirige directa a unas elecciones presidenciales que este domingo despejarán la duda de quién se enfrentará al actual Presidente Emmanuel Macron en la segunda vuelta electoral.

Las encuestas de estas últimas semanas sólo han dejado clara una cosa: Macron lo tiene todo a favor para ganar la Primera vuelta de este domingo 10 de abril. Hasta ahora la principal incógnita era saber quién de los demás candidatos pasaría a la segunda vuelta.

Si a principios de marzo Éric Zemmour y Le Pen parecían tener las mismas posibilidades de pasar a la segunda vuelta y la candidata de los republicanos Valéry Pécresse les seguía de cerca, desde finales de marzo la candidatura de Marine Le Pen parece haber ganado definitivamente la batalla por el liderazgo de la derecha nacional a Zemmour, que los últimos días y, a pesar del espectacular mitin en el Trocadero, no para de desinflarse. Le Pen también consolida su opción como el voto útil de la derecha no centrista ante la inconsistencia de una candidata republicana, Pécresse, incapaz de presentarse como alternativa creíble a Macron y lastrada por el hecho de haber intentado durante cinco años ser una copia femenina de éste. Recordemos que una parte significativa de los republicanos (centro-derecha) optaron por unirse a la mayoría presidencial y muchos de sus altos cargos ocupan puestos de alta responsabilidad en el gobierno de Macron. Por ejemplo, el Ministro de Economía, Bruno Le Maire, así como el ex Primer Ministro Édouard Philippe y el actual Primer Ministro Jean Castex.

Paralelamente, una izquierda completamente atomizada ve como el candidato ecologista se desdibuja cada día que pasa, la socialista Ana Hidalgo a penas consigue el 2% de la intención de voto y el candidato de la izquierda radical Mélenchon se alza con el liderazgo absoluto en este segmento electoral con el 15-17% de la intención de voto.

Mientras, Macron, que supo capitalizar su cargo presidencial con la gestión diplomática de la guerra en el este de Europa a principios de marzo, durante la última semana ha acusado el desgaste de la crisis en Córcega y de escándalos de clientelismo político como el de la contratación por parte de su gobierno de la consultora americana McKinsey, algunos de cuyos empelados franceses trabajaron en su campaña presidencial en 2017, para estudiar recortes en la administración pública francesa. El hecho es que, según un informe del Senado Francés, Macron ha llegado a gastar 1.000 millones de euros sólo en 2021 para pagar informes de consultoras externas como McKinsey.

Por lo que respecta a Zemmour, su discurso económico demasiado liberal e idéntico en términos de inmigración y política cultural con el de Marine Le Pen habría ahuyentado a una parte significativa del electorado popular, que no cree en las recetas liberales y que apuesta por más intervención estatal y más protección social frente a una situación económica que en toda Europa amenaza con una explosión social.

El último sondeo publicado hasta la fecha sitúa a Macron con el 26% de los votos y a Le Pen en el 23%. De cara a la segunda vuelta, las distancias se estrechan y ambos candidatos estarían, a pesar de la ligera ventaja con la que contaría Macron, casi en situación de empate técnico: 51%-49% Macron y Le Pen respectivamente.

Pase lo que pase, todos los analistas coinciden en destacar lo inusual de la campaña, con auténticos cambios tectónicos en los sondeos en pocos días y semanas, una sensación de hastío generalizada, apatía, crispación, preocupación por la guerra y la crisis económica y, algo insólito, la ausencia en la Primera vuelta de un debate entre todos los candidatos a las elecciones presidenciales.

A pocos días de la Primera Vuelta, Francia se prepara para votar en unas elecciones trascendentales en las que se decide el futuro de Europa occidental y en las que todo está más abierto de lo que algunos analistas habían pensado y deseado.

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